«Intento ser una bailarina expresiva, lo más dinámica posible y, sobre todo, honesta en escena»

Irma Hoffrén en el escenario del Victoria Eugenia, donde hoy y mañana bailará con el Malandain Ballet Biarritz./IÑIGO SÁNCHEZ
Irma Hoffrén en el escenario del Victoria Eugenia, donde hoy y mañana bailará con el Malandain Ballet Biarritz. / IÑIGO SÁNCHEZ

La donostiarra Irma Hoffrén, que recibirá a fin de mes el Premio de la Danza de Gipuzkoa 2018, participa en el estreno del Malandain Ballet Biarritz en Donostia

IRATXE DE ARANTZIBIASAN SEBASTIÁN.

La influencia de Thierry Malandain en la trayectoria profesional de Irma Hoffrén (Donostia, 1986) es constante. De padre finlandés y madre navarra, la intérprete donostiarra se inició en el ballet a los cinco años, con Mentxu Medel. Finalizó su formación en las escuelas de Carmen Roche, en Madrid, y de María de Ávila, en Zaragoza. Tuvo el primer contacto con el trabajo de Malandain en el Ballet Biarritz Junior (2005-2008) y, tras su paso por el Ballet de Lorraine (2008-2012), se unió a la compañía biarrota donde permanece hace seis temporadas. Estos días, Hoffrén está de enhorabuena: recibirá el Premio de la Danza de Gipuzkoa a final de mes y participará en la gala del día internacional de su arte. Hoy y mañana, protagoniza el estreno del Malandain Ballet de Biarritz (MBB), en el Victoria Eugenia.

Los datos

La obra
Compañía
Malandain Ballet Biarritz.
Programa
'Nocturnes', 'Rêverie romantique', 'Sirènes'.
Coreógrafos
Thierry Malandain y Martin Harriague.
Lugar y fecha
Teatro Victoria Eugenia, hoy y mañana, a las 20,00 horas.
Entradas
15&euro a 32&euro.
Su perfil
Irma Hoffrén nació en Donostia el 18 de noviembre de 1986.
Formación
Estudio de danza 'Thalia' (1991-2001), Scaena de Carmen Roche (Madrid, 2002-2004) y Escuela de danza de María de Ávila (Zaragoza, 2004-2005).
Compañías
Ballet Biarritz Junior (2005-2008), Ballet de Lorraine (2008-2012), Malandain Ballet Biarritz (2012-actualidad).
Reconocimientos
Premio de la Danza de Gipuzkoa 2018.

- ¿En qué consiste el programa mixto que presenta el Malandain Ballet Biarritz en el Victoria Eugenia?

- El público va a poder ver un programa compuesto por tres piezas completamente diferentes entre sí: el contraste entre el clásico de Thierry y el contemporáneo de Martin Harriague, que debuta coreografiando una pieza para el MBB.

«El premio me dice que los momentos duros y los dolores han merecido la pena»

«Malandain consige algo muy elegante con una simplicidad del lenguaje»

- Empezarán con 'Nocturnes', pieza que se estrenó en este teatro en 2014.

- La inspiración de Thierry para 'Nocturnes' fueron las danzas macabras, por eso, es una travesía hacia la muerte. Bailamos en una línea, sin emplear todo el espacio escénico, de forma que, de principio a fin, sea el purgatorio. Es una pieza de equilibrio y de control, en la que tienes las luces de frente, lo que dificulta su ejecución.

- ¿De qué trata 'Rêverie romantique' que estrena Thierry Malandain?

- Trata del anhelo de seguir respetando, cuidando y amando el clasicismo. Thierry ha querido preservar el espíritu clásico de 'Les Sylphides' de Michel Fokine. Bailo en los tres momentos grupales, pero también hay un dúo sobre puntas, interpretado por Patricia Velázquez. Yo tengo las puntas olvidadísimas (ríe). Tenemos una base clásica fuerte, pero no somos bailarines clásicos.

- La última pieza, 'Sirènes', es el debut de Martin Harrigue como coreógrafo para MBB.

- 'Sirènes' habla del mar y de los océanos, basándose en el personaje mitológico de las sirenas. Es una pequeña denuncia ecológica, porque abordamos temas como el plástico o la contaminación de los mares. Bailo el rol de sirena y ha sido estimulante trabajar con alguien nuevo, cuyo estilo es más contemporáneo y pegado al suelo. Martin ha insistido mucho en el trabajo del lenguaje corporal.

- En 2018 se cumplen 20 años de la fundación del Ballet Biarritz, ¿cómo definiría el estilo de su coreógrafo y director, Thierry Malandain?

- El MBB es una compañía neoclásica, con una fuerte base de clásico, compuesta por 22 bailarines que bailamos lecturas de ballets clásicos en el lenguaje de Thierry. Dentro de una simplicidad de lenguaje, Thierry consigue algo muy elegante y humano, porque emplea la personalidad de cada bailarín sin tener que forzarlo. Como coreógrafo, le encanta revisitar las piezas clásicas por el gran respeto y admiración que siente por ellas.

- ¿En qué momento profesional se encuentra?

- Estoy en un momento en el que físicamente empieza a ser un poquito más difícil, porque el cuerpo se resiente un poco, aunque he tenido la grandísima suerte de no lesionarme nunca. Ahora estoy un poco más dolorida, pero a nivel de madurez e interpretación, de presentarme en escena, estoy disfrutando como nunca.

- Sexta temporada en la compañía biarrota, ¿qué balance hace?

- Estoy feliz, porque he crecido mucho como artista. Me considero una intérprete, aparte de bailarina. Thierry me ha permitido serlo, a diferencia de otros coreógrafos que sólo buscan el movimiento. En el trabajo soy muy exigente conmigo misma, lo que marca una personalidad escénica. Después intento ser una bailarina expresiva y lo más dinámica posible y, sobre todo, honesta en escena.

- ¿Cuáles son sus metas dentro del mundo de la danza?

- La verdad es que tampoco tengo unas expectativas muy altas: soy del día a día, de agarrarme a la barra todas las mañanas y hacer mi clase de clásico, lo que me produce una felicidad enorme cuando no me duele mucho el cuerpo, y de seguir disfrutando del escenario hasta cuando pueda. Si llego hasta los cuarenta en escena, pues hasta ahí. Con tal de bailar, soy feliz.

- En varias ocasiones se ha referido al dolor, ¿cómo conviven los bailarines con él?

- El dolor es algo que los bailarines terminamos conociendo muy bien: sabemos qué es un dolor muscular porque está sobrecargado, por lo tanto, no es un dolor malo y psicológicamente puedes sobrellevarlo; y sabemos reconocer cada punto de un dolor que puede derivar en algo más grave. Es, sobre todo, conocimiento de nosotros mismos, un aviso de que puede pasar algo malo o un dolor sin importancia que puede pasar. Las agujetas son dolores que sabes que no son malos. Las contracturas pueden derivar en algo peor. Es muy importante conocernos a nosotros mismos y nuestros límites, para no lesionarnos. La clase de clásico de todas las mañanas es un entrenamiento para reforzarnos, para evitar lesiones y, aunque duela, hay que experimentarlo para ver hasta dónde puedes llegar.

- ¿Qué significado tiene para usted el Premio de la Danza de Gipuzkoa 2018?

- Este premio me dice que el trabajo, los momentos duros o los dolores corporales que se sufren por el camino han merecido la pena. Se lo voy a dedicar a mis padres, a mis amigos y a Mentxu, por inculcarme un cachito de su pasión por la danza. También a toda la gente que me ha apoyado y creído en mí, incluida la Diputación, que me concedió una beca para ir a estudiar a Madrid.

- Y bailará el 1 de mayo, en la XXII Gala del Día Internacional de la Danza, también en el Victoria Eugenia.

- Bailamos 'La muerte del cisne', de Thierry Malandain, que son tres solos femeninos. Yo bailaré el último. Thierry lo eligió, porque considera que me pone en valor como bailarina. Me impone esta obra, porque estás sola en escena y tienes una responsabilidad muy grande. La madurez ayuda para una pieza así. Es un orgullo volver a compartir escena con artistas tan grandes como Lucía Lacarra e Iker Murillo, a los que yo admiraba cuando era pequeña, y también con el resto de participantes en la gala.

- Usted debutó en el Ballet Biarritz Junior, ¿qué importancia tienen las compañías jóvenes para acceder a la profesión?

- Me parece un trampolín muy interesante para los jóvenes, porque es un proceso intermedio entre la escuela y la profesión. Es el momento en el que te pulen y puedes aprender en qué consiste el trabajo profesional de un bailarín. También sirve para darte cuenta de si realmente es lo que quieres o no, a la vez que consigues un poco de ayuda económica para poder asistir a las audiciones que se convocan. A mí me sirvió para despegar en mi carrera.

- Cambió de registro cuando se unió al Ballet de Lorraine, donde bailó desde obras de Nijinsky hasta piezas de los coreógrafos de la 'nouvelle danse française' de los 70.

- Las cuatro temporadas en la compañía, dirigida entonces por Didier Deschamps, me aportaron principalmente un amplio conocimiento de las piezas de coreógrafos franceses. Fue enriquecedor artísticamente haber tenido la posibilidad de conocer y de trabajar este repertorio.

- En 2012, entró a formar parte del Ballet Biarritz, ¿qué motivó esta decisión?

- Hubo un cambio en la dirección artística del Ballet de Lorraine que suponía que venían nuevos coreógrafos que yo sentí que no me podían aportar nada como intérprete. Por eso busqué otra compañía y accedí al MBB. No me arrepiento para nada de la decisión, porque me siento plenamente identificada con el estilo de Thierry Malandain.

- Desde Biarritz, donde trabaja hace seis años, ¿cómo ve la situación de la danza en Euskadi?

- Digamos que hay una pasión muy grande por la danza en el País Vasco. Hay gente que sabe transmitir muy bien esa pasión y el hecho de que no haya una institución donde trabajar, nos obliga a trabajar fuera, lo que es una pena teniendo los bailarines que tenemos. Vengo escuchando el mismo discurso desde que era pequeña y soy consciente de que no hay nada y la cosa sigue igual.

- Aún es muy joven, ¿ha pensado ya hacia dónde dirigirá sus pasos cuando baje del escenario?

- Cuando llegas a los treinta años, te lo empiezas a preguntar un poco más a menudo, pero yo estoy un poco perdida. Todavía me quedan muchos años sobre el escenario y luego, las primeras ideas van en la línea de dedicarme a la enseñanza o a la transmisión, porque yo no logro imaginarme sin el ballet o la danza en mi vida. El año pasado me saqué el diploma de enseñanza del estado francés. Me imagino que me dedicaré a la danza, pero aún queda mucho tiempo y no lo sé a ciencia cierta.

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