Toda una vida dedicada a la restauración de películas

Carlos Minondo, integrante del cineclub Kresala, entrega el premio a Luciano Berriatúa. / SARA SANTOS
Carlos Minondo, integrante del cineclub Kresala, entrega el premio a Luciano Berriatúa. / SARA SANTOS

Luciano Berriatúa recibió el premio Kresala Zinekluba en el Principal por su recuperación de la obra de Murnau entre otros cineastas

RICARDO ALDARONDO SAN SEBASTIÁN.

Actores, directores, guionistas, sonidistas, maquilladores o músicos: todos los gremios del cine tienen sus premios, y últimamente proliferan. Pero el galardón que el cineclub Kresala entregó ayer a Luciano Berriatúa (Madrid, 1949) tuvo la virtud de fijarse en una labor mucho más callada, pero no menos importante. «El mundo de la restauración de películas y la investigación del cine es muy desconocido, así que me hace mucha ilusión que se fijen en él y lo destaquen», manifestaba ayer este polifacético amante del cine, que ha dedicado muchos años a estudiar y recomponer la obra de F. W. Murnau, el director de 'Nosferatu' (1922), 'Fausto' (1926) o 'Amanecer' (1927).

La proyección de una de las obras maestras del cineasta alemán, 'El último' (1928), acompañó ayer en el Principal a la entrega del premio Kresala Zinekluba que otorga la asociación donostiarra.

Desde hace tres décadas Berritúa ha destacado en esa labor de restauración que va mucho más allá de la 'limpieza' de las imágenes del pasado para darles nuevo lustre, o de la digitalización de filmes que tanto ha crecido, lógicamente, en los últimos años. Berriatúa investiga en el cine de las primeras décadas del siglo XX, del que se considera perdido en un 80%. «Te puedes pasar cinco años buscando en archivos de todo el mundo qué materiales hay de una determinada película. Y las comparas y te das cuenta que no se parecen en nada, que unas copias tienen cosas que les faltan a otras».

«Si no investigas, te puedes dedicar a quitar rayitas y manchas, pero nada más»

Berriatúa es, además, cineasta: comenzó adaptando a Quevedo en 'El buscón' (1979), antes de volcarse en los documentales. Y regresó al largo de ficción con 'El lado oscuro' (2002), en la que contó con su hijo, el actor Zoe Berriatúa y presentó en su día en la Semana de Terror de San Sebastián.

«Yo quería dedicarme al cine y Murnau era uno de los cineastas que más me gustaban», explica Luciano. Y quería ver cómo hacía él las películas. Porque me daba cuenta de que eran películas que me creaban emociones muy fuertes, pero no sabía por qué. Luego me di cuenta de que era por la iluminación, los encuadres, la forma de trabajar la imagen. Al querer estudiar esas películas en una época en que no había DVD ni internet, empecé a meterme en los archivos. Al comprobar que eran copias incompletas, llenas de rayas y mal montadas, me puse a a restaurarlas para poder verlas tal como eran en su origen».

Así fue descubriendo cosas que «no había leído en ningún libro, como que en el cine mudo se rodaba con varias cámaras, y se hacían versiones distintas para algunos países. Y vi que de algunas películas solo se conserva una copia de tercera o cuarta categoría, que no tiene las mejores tomas ni las más adecuadas, o escenas distintas. Y al final es un trabajo muy divertido».

Libros con descubrimientos

Además de restaurar esas películas, Berriatúa ha escrito amplios tomos con todos esos descubrimientos, cargados de documentación, sobre todo 'Los proverbios chinos de F. W. Murnau (Filmoteca Española, 1992), o 'Nosferatu, un film erótico-ocultista-espiritista-metafísico' (Divisa, 2010). «He tenido la suerte de especializarme en un director del cine mudo alemán y estar viviendo básicamente de eso durante veintitantos años. Es de locos pero es así».

Entre las películas que ha restaurado se encuentran 'Campanadas a medianoche' (1965) de Orson Welles, otro complicado caso de producción azarosa y montajes alternativos, además de muchos títulos del cine mudo español y películas de animación para la Filmoteca de Catalunya.

Con la restauración digital puede parecer que el trabajo del 'lavado de cara' de las películas es más fácil, pero según los casos «el problema sigue siendo el mismo. La cuestión es de qué materiales partes. Si no investigas, te puedes dedicar a quitar rayitas y manchas, pero nada más».

«Ahora estoy trabajando en una película española de animacón, 'Érase una vez...' (1950) de Alejandro Cirici-Pellicer, que tuvo un premio en el Festival de Venecia y era en color, pero la única copia que se conserva es en blanco y negro», revela. «Así que llevo seis años trabajando para colorearla y restaurarla».

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