Homenaje a Jerardo Elortza, «un sabio humilde y generoso»

Jerardo Elortza rodeado de familiares, amigos y representantes de distintas instituciones al final del homenaje. /MARIAN
Jerardo Elortza rodeado de familiares, amigos y representantes de distintas instituciones al final del homenaje. / MARIAN

Oñati reconoció la gran aportación al euskera, la dialectología, la etnografía y la historia del lingüista e historiador

MARIAN GONZALEZOñati

Mostrar agradecimiento es mucho más que pronunciar la palabra mágica «gracias»: es demostrarle a otra persona que realmente valoras y aprecias lo que te ha dado o aportado. Y eso es lo que hizo ayer Oñati con Jerardo Elortza, reconocerle su aportación al euskera, la dialectología, la etnografía y la historia oñatiarra y vasca. Le homenajeó a él, y con su figura, a toda una generación de euskaltzales que en los años 60 y 70 tejieron el renacimiento de la cultura vasca.

Jerardo Elortza recibiendo la txapela y la makila de honor de manos del alcalde Mikel Biain.
Jerardo Elortza recibiendo la txapela y la makila de honor de manos del alcalde Mikel Biain. / MARIAN

«Tú eres nuestro Homero y Oñati nuestra Itaca», le espetó el escritor y director de la Biblioteca de Euskaltzaindia, Pruden Gartzia, que como el poeta Gerardo Markuleta, su colega Iñaki Aldekoa, el también historiador José Antonio Azpiazu, o el alcalde de Oñati, Mikel Biain, se deshicieron en palabras de elogio «a un sabio humilde, generoso y cercano» que a lo largo de dos horas de homenaje fue agasajado con canciones, bertsos, poesías, y mucho cariño, tanto en directo como en diferido, ya que hubo un buen número de mensajes audiovisuales.

Colegas, amigos y familiares llenaron Santa Ana para rendir tributo a un gran tipo, un 'archivo andante' que ha ayudado a tejer no solo la historia, también la intrahistoria oñatiarra. Alegría y emoción se respiraba en el ambiente donde los cariñosos aplausos e intervenciones, reconocían una y otra vez su pasión por investigar y divulgar numerosos aspectos de la realidad histórica y social no solo oñatiarra, también euskaldun. Fueron muy aplaudidas las intervenciones de los bertsolaris, o el punto cómico con el que el payaso Potx, rompió la seriedad de una velada que cerraba una intensa semana cultural. La txapela y la makila de honor pusieron la guinda a un homenaje que Jerardo aceptó «como tributo a toda una generación. Ha sido muy bonito, pero no me merezco tanto», dijo haciendo gala una vez más de su conocida humildad y generosidad.

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