La historia de los romanos está en Irun

Los responsables del museo irunés revisan algunas de las obras expuestas en sus instalaciones.
Los responsables del museo irunés revisan algunas de las obras expuestas en sus instalaciones. / FOTOS: FERNANDO DE LA HERA

El museo Oiasso mantiene la difusión del paso de Roma por Gipuzkoa a través de su amplio patrimonio

MARÍA BASASAN SEBASTIÁN.

El Museo Oiasso de Irun es un viaje al pasado, un paseo por el mundo romano, una pasarela que conduce al descubrimiento de la vida romana hace 2000 años en el entorno del río Bidasoa. Basándose en una colección arqueológica, el museo ha supuesto un cambio importante en la concepción de la esencia romana. No es solo un museo, es un conjunto patrimonial que muestra parte de la vida cotidiana de los romanos en el norte del País Vasco.

El museo, que lleva años empeñado en su tarea divulgativa, prepara ahora el festival Dies Oiassonis, cita popular con la cultura romana que comienza este viernes, día 14, con numerosas actividades.

«Hay museo porque hay historia», recuerda María José Noain, responsable de las actividades del centro. Oiasso fue fundamentalmente un asentamiento de exportación de hierro y plata de las minas de las montañas de Aia, un importante núcleo comercial y centro de comunicaciones con un destacado puerto construido en la actual bahía de Txingudi. Los arqueólogos descubrieron qué calles del centro de Irun habían estado ocupadas en épocas pasadas por aguas de la marisma del Bidasoa.

«Queremos fidelizar a un público que entienda que somos referencia en el mundo romano»

«Trabajamos en proyectos cada vez más diversos con vínculos relacionados con el mundo antiguo»

Los tesoros encontrados

La mayor parte de los restos romanos encontrados en Gipuzkoa a lo largo de los años corresponden a los siglos I y II después de Cristo. Durante el gobierno de Augusto, se completó la conquista del norte de la península ibérica y fue el momento en el que se apreció un desarrollo de la costa norte. Los primeros hallazgos romanos en tierras vascas se encontraron en 1969 en el Cabo de Higuer (Hondarribia) y las excavaciones en la plaza de Santa María del Juncal (Irun).

Años después, en 1971, se llevó a cabo una significativa intervención en el interior de la ermita de Santa Elena en Hondarribia, donde se descubrió la necrópolis, un cementerio de época romana. Los hallazgos confirmaron las informaciones que ya se tenían de fuentes antiguas que afirmaban la presencia de romanos en tierras vascas. Encontrar los restos precisó los datos.

En los años 80, se avanzó en el conocimiento de las minas de época romana en el entorno de Peñas de Aia, constantando las informaciones que había sobre explotaciones en la época antigua, y en 1992 se halló el puerto romano. Un descubrimiento importante, no solo porque venía a reforzar la idea de la localización de Oiasso en el actual Irun, sino porque se incorporaron adquisiciones orgánicas. El museo Oiasso alberga una colección en la que los objetos orgánicos tienen un papel fundamental. No son restos arqueológicos que se puedan ver fácilmente en otros museos.

Con el descubrimiento del puerto de Roma en Irun, comenzaron las tareas de formalización del Museo Oiasso, para el que se eligió el emplazamiento de las antiguas Escuelas del Juncal; este edificio, situado junto a la iglesia parroquial, es un lugar emblemático del centro de la ciudad de Irun y forma parte de la memoria colectiva de la población.

Presenta gran variedad de actividades y exposiciones. Una exposición permanente y otras que van variando según la época del año. A través de una rampa en la que se encuentran las 'pistas' que tuvieron los arqueólogos para conducir sus investigaciones hasta hoy día, se llega a una primera sala que muestra el impacto que tuvo en la comarca del Bidasoa la llegada de los romanos. Está dedicada a la relación que tuvieron los romanos y los vascones y se constata que mantuvieron encuentros a veces bélicos, y otras veces colaboraciones económicas que dieron paso a la integración del territorio vasco en el Imperio Romano.

Una de las claves que ratifica la presencia de población romana en tierras vascas son las termas. Antes de llegar a la segunda planta se ven en unos planos cómo fueron esas termas, cómo estaban construidas las paredes y qué materiales utilizaban para ello.

La segunda sala del museo se centra en la actividad portuaria. Además de la minería, el comercio fue un factor clave. En una gran pantalla, se representan las plataformas que se utilizaban para atracar las barcas en el puerto de Oiasso que se materializan con troncos de árboles expuestos en la sala. Se exponen utensilios para pescar, cuerdas y anzuelos, elementos encontrados gracias a esas condiciones especiales de conservación de los yacimientos arqueológicos. La tercera sala reconstruye la vida cotidiana en Oiasso a través de diferentes piezas: alimentos, vajillas, vestimenta, restos de cuero, peines, agujas de hueso, joyas o picos mineros.

Para quien esté interesado en profundizar y enriquecerse en el tema, el museo Oiasso ofrece la posibilidad de acercarse al paraje natural de Peñas de Aia, donde se encuentra parte del patrimonio industrial de finales del siglo XIX y hornos de calcinación de carbonato de hierro.

Aunque la base del museo es la colección permanente, Oiasso siempre ha querido trabajar en la difusión y divulgación de sus actividades para todo tipo de públicos, no solo como una referencia para la arqueología clásica, sino para toda la antigüedad en general. Dentro del programa cultural, realizan actividades que no son específicas de la arqueología, algunas relacionadas con el teatro, la literatura, la moda o la música.

Desde el departamento de Educación y Acción Cultural(Deac) se diseña todo el programa pedagógico. Trabajan con centros escolares, con público familiar, con grupos específicos que colaboran con personas con discapacidades intelectuales y físicas y programas relacionados con cuestiones sociales.

En el ámbito de la educación y visitas guiadas, Oiasso posee la aplicación 'Los trabajos de Hércules' en la que con tablets que se alquilan en el museo o desde el propio móvil, niños y mayores pueden visitar el museo de forma autónoma e interactiva. El usuario ha de fijarse en la colección para poder responder a las preguntas sin necesidad de recurrir a la visita guiada.

Dentro del programa educativo existen diversos pilares. Uno de ellos es el tren minero de Irugurutzeta y las visitas a la ermita de Santa Elena a través de Oiasso Tour, un espacio patrimonial separado del museo. «Nos gusta salir de las paredes del museo», recuerda Noain.

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