«Hernani es un pueblo de metal»

El escultor y pintor Aitor Ruiz de Egino ‘toma’ el edificio de la antigua ikastola Urumea

«Hernani es un pueblo de metal»
Félix Ibargutxi
FÉLIX IBARGUTXIHernani

El escultor y pintor Aitor Ruiz de Egino Otegi (Hernani, 1971) ha montado en Hernani la gran exposición de su vida. Grande también en tamaño, las obras están distribuidas a lo largo de tres pisos de la antigua ikastola Urumea, un edificio que ahora está en desuso y seguramente será derribado el año que viene. Pese a ello no podrá exponer toda su obra, dado que es un artista muy prolífico. La exposición, titulada ‘Metal eremutik’, estará del 3 de noviembre al 2 de diciembre.

«Yo estaba empeñado en exponer en este edificio, y el plan inicial era incluso pintar las paredes. Pero todo se iba demorando, luego una de las plantas del edificio se destinó a locales para varias asociaciones... finalmente ha salido adelante la cosa, en un formato menor, pero estoy contento», ha declarado el artista.

Una de las palabras clave a la hora de hablar de Aitor Ruiz de Egino es aluminio. Lleva ya quince años haciendo esculturas en este material, de bastante menor presencia y tradición comparando con el hierro. Su primer contacto con este metal fue en la época en la que ayudó al escultor Koldobika Jauregi a desbastar y lijar algunas esculturas. Acudía los viernes a Alkiza, después de que el galerista Juan Kruz Unzurrunzaga le hablara de Koldobika.

«Siempre defenderé que Hernani es un pueblo de metalurgia, incluso más que de sidra»

Pero no todo es aluminio. Aitor acaba de realizar dos obras en hierro -una de ellas, una variante de su ya tradicional ‘Betitxu’- que están pintadas de rojo vivo y se instalarán en sendos parques de la localidad, con el fin de que se utilicen como sillas.

La muestra se titula ‘Metal eremutik’ (Desde el ámbito del metal) porque Ruiz de Egino reivindica el pueblo de Hernani como un sitio de metalurgia: «Siempre defenderé que Hernani es un pueblo de metalurgia, incluso más que de sidra. Hubo ferrerías en la zona de Ereñotzu. Ahora hay alguna fundición, hay corte de láser, plegadoras, soldaduras... Tenemos el instituto politécnico Karmelo Labaka, centrado en el metal, tenemos también Orona, que al fin y al cabo trabaja el metal. El padre trabajó en Orbegozo, aquello desapareció pero yo siempre recordaré cómo iban las barras al rojo vivo».

Aitor decidió comenzar a ser artista profesional hace ahora catorce años, cuando tenía 34. Antes había estudiado Ciencias Empresariales y trabajado en el sector de la energía. Primero se dedicó a la cerámica, usando técnicas de vidriado y esmaltes. Pero pronto se pasó al gres, sobre todo al gres chamotado, que es una cerámica de grano gordo, rugosa. Y de ahí dio el salto al aluminio.

Sugieren animales

El aluminio es un metal más blanco y más ligero que el hierro. Aitor, generalmente, hace piezas de superficie rugosa, con algunas zonas pulimentadas. Como se podrá ver en la exposición de Hernani, el artista comenzó haciendo piezas más pesadas, «pegadas al suelo», y luego se han ido aligerando. Están a medio camino entre el realismo y la abstracción. Las hay que sugieren pájaros, caballos y otros animales; y otras combinan la figura humana con la de algún animal. «La madre nació aquí en Hernani, en el caserío Loidi, del barrio de Osiñaga. De pequeño iba mucho por allí, y fue allí mismo donde aprendí a nadar. Veías muchos animales. Creo que, inconscientemente, me salen las figuras de la niñez», comenta.

«Hay artistas que reflexionan mucho sobre conceptos como el espacio y el tiempo. Yo no soy de esos. Para mí, la prioridad es hacer piezas que tengan misterio y poesía», prosigue.

Utiliza también planchas metálicas para pintar sobre ellas. Ha pintado muchas, «y me apetece este tipo de trabajo, entre otras cosas, porque las planchas son fáciles de guardar». Usa pinturas de colores vivos y alegres, que se fabrican en el mismo Hernani, en la factoría de Felez y Maza. Son pigmentos pensados específicamente para aplicarlos sobre metales.

Y últimamente trocea chapa en tiras de unos dos centímetros para luego ensamblarlas mediante remaches y así confeccionar piezas que recuerdan las jaulas. «Da mucho trabajo hacer este tipo de esculturas, pero a cambio no gasto mucho en material».

«Para mí, la prioridades hacer piezasque tengan misterioy poesía»

Las planchas son de las que se usan en el sistema de impresión llamado offset. Las recoge de la chatarrería Cuesta, del mismo Hernani. Eduardo Chillida también se servía de esta empresa.

Aitor nunca ha abandonado la cerámica, y de hecho quizá sea esta faceta la que más beneficios económicos le ha dado. Durante varios años ha vendido piezas pequeñas a restaurantes de prestigio, como por ejemplo el Mugaritz, que están interesados en este tipo de obras para regalarlas luego a clientes especiales. El último encargo ha sido el del restaurante Alameda, de Hondarribia. Últimamente también ha hecho una serie que combina placas de pizarra de Arriaran con cerámica blanca.

Tiene una escultura de aluminio, titulada ‘Centauro’, que se usado para premiar a los campeones de las carreras de caballos del hipódromo de Lasarte.

Aitor confía en las ventajas de las redes sociales. «Mi mejor escaparate es facebook. Tengo 5.000 amigos. Ya sabemos lo que son en realidad esos amigos, pero es cierto que he hecho amigos de verdad, y que me ha servido para hacer contactos. Por ejemplo, el pasado septiembre expuse una plancha de aluminio pintada en la ciudad china de Xi’an, gracias a las redes sociales. Mi emblema, tanto en facebook como en instagram, es una pieza de aluminio llamada ‘Begira’, que sugiere unos brazos y unas piernas entrelazados. Tiene medio metro de alto. Me gustaría algún día poder hacerla en tamaño grande».

Vende bastante obra a través de una galería de Biarritz, la de Anne Broitman. «En Iparralde no se ha notado tanto la crisis».

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