Los hermanos Dalton vuelven a cabalgar y a matar

Obsérvese la discutible ausencia de onomatopeyas en la secuencia. /
Obsérvese la discutible ausencia de onomatopeyas en la secuencia.

Vissoneau y Alonso Iglesias recuperan la versión más realistade los temibles bandoleros

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. Momentos antes del enfrentamiento final, en la legendaria 'Río Bravo', John Wayne se dirige a su ayudante diciendo: «Adelante, Colorado, vamos a dar trabajo al enterrador». Era un oeste, una forma de verlo y de contarlo, radicalmente opuesta a la visión de Tarantino, por citar al más obvio. Lo mismo es aplicable a la ilustración y, desde luego, al cómic.

Obras imperecederas, como la inocente 'Red Ryder' (1938), vieron alterada su popularidad al ritmo que lo hacía el cine. Sin embargo, Europa y, sobre todo Francia, guardaba varios ases en la manga. No fueron casos únicos, desde luego, pero dos obras maestras iban a redefinir el género desde enfoques bien distintos. 'Lucky Luke' (1946), de Goscinny y Morris, y, por supuesto, 'El Teniente Blueberry' (1963), de Charlier y Giraud, serie cumbre del noveno arte. Cuatro genios que aún hoy hacen reír y emocionarse al lector mientras las caravanas y los sioux recorren los paisajes más típicos del Far West. Precisamente, en los álbumes protagonizados por el hombre que disparaba más rápido que su sombra, debutaban cuatro hermanos. Su inteligencia y mal humor iban en proporción inversa a su tamaño: Los Dalton.

Es el momento de su regreso. Pero no son los mismos.

Buena parte de ello se debe, naturalmente, a los guiones de Olivier 'Yeb' Visonneau (1970, Nantes), escritor muy poco conocido a este lado del Pecos, pero que afronta, a lo largo de dos libros recogidos en uno por la editorial Dibbuks, el desafío de acercarse a la historia real de los Dalton, los tres hermanos cuyo destino trágico empezó a fraguarse, paradójicamente, portando estrellas de sheriff en el pecho.

Y conviene dejar claro que el oeste de Visonneau, en cuanto a su dureza, nada tiene que ver con los clásicos. Puede argüirse a este argumento que, en verdad, la muerte, la tortura, la violencia... siempre se han mostrado de forma explícita en los comics del Oeste, pero (y por ello en un principio se citaba a Howard Hawks y a Tarantino), hay formas de hacerlo (colocando entre ellos a Eastwood). Visonneau, no cabe duda, desea dejar claro desde un principio que el universo que recrea ocurrió, y que fue tan crudo que no cabía enfrentarse a ocho forajidos en un callejón con un revólver y salir indemne, sin ni siquiera recargar el tambor del arma y con apenas rastros de barro en las botas. Diálogos cortos, contundentes y, sobre todo, con el convencimiento de que los hombres, en aquellos tiempos del siglo XIX americano, se movían por motivaciones más elementales y primitivas y que, eso sí, al igual que hoy, nada es blanco o negro.

Jesús Alonso Iglesias

No es la primera vez, ni será la última, que en estas páginas irrumpe Jesús Alonso Iglesias (1972), dibujante cuya obra siempre provoca grandes expectativas desde, sobre todo, el gran éxito que cosechó con 'El fantasma de Gaudí', con textos de El Torres.

No es arriesgarse demasiado intentar comprender hacia dónde va el artista. Que uno de sus autores favoritos e influencia decisiva es Denis Bodart ('Green Manor'), resulta obvio, pero que no se ha detenido allí, también lo es.

Es categórico que Alonso Iglesias entiende este asunto de las viñetas como un oficio cuya razón de ser está en contar, y en hacerlo de la mejor forma posible. Complicado encontrar un halago mayor. Esto es: resulta harto difícil encontrar una escena, un momento dentro de cualquiera de ellas en que un cambio de plano, una composición diferente, hubiera mejorado el ritmo narrativo; harto improbable plantar un 'debe' en el lenguaje corporal de los actores, en sus expresiones, en la caracterización de los mismos. Y eso ocurre cuando detrás de cada página se esconde un trabajo enorme, más allá de ese trazo aparentemente poco preciso que se despliega en un alarde de meticulosidad. Cierto, una paradoja en sí misma. Un debate fascinante, siempre candente, renunciar a lo prolijo en favor de la simplicidad como vehículo para llegar mejor al lector. Cuidado, una simplificación buscada, no fruto de haber alcanzado los propios límites. La cuestión es que, una vez cada lector se siente más cómodo en una posición, Alonso Iglesias se alza sobre el guion de forma incuestionable, que no deseable.

'Los Dalton' es un muy buen cómic. Si el género del salvaje oeste se halla entre los favoritos del lector, disfrutará sin duda de una historia basada en los hechos históricos conocidos, sazonados con la necesaria dramatización. Alonso Iglesias ha puesto otra pica muy sólida en su camino, y lo mejor es que ya se puede afirmar sin posibilidad de error que está llamado a ser uno de los grandes, uno de esos que aún no han llegado a La obra. Todas las concluidas hasta el momento merecen aplauso, pero ésa escrita en mayúsculas será digna de verse, la obra maestra que le aguarda en algún lugar hacia el que ya cabalga.

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