Cómo ser ‘Handia’ por un día

El éxito de la película lleva a Altzo más visitantes. El pueblo potencia las rutas vinculadas al Gigante, con un nuevo centro de interpretación

Nuevo centro de interpretación de Altzo. /Usoz
Nuevo centro de interpretación de Altzo. / Usoz
Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

«A mí la película ‘Handia’ me encantó, aunque me parece demasiado triste», dice uno de los chavales que juegan a pelota en el frontón de Altzo. «¿Triste? Pero si es superchula», le responde otro, enfundado en una camiseta de Brasil. Sea triste, bonita o las dos cosas a la vez, lo que sí ha deparado ‘Handia’ es una marea de visitantes al pueblo donde nació y murió el Gigante, Miguel Joaquín de Eleicegui Ateaga (1818-1861).

«El efecto que ha tenido la película es enorme», dice la concejala de Urbanismo de Altzo, Miren Balerdi. «Entre el éxito de ‘Handia’ y los 200 años del nacimiento de Joaquín, que se cumplen en este 2018, hemos creado el nuevo centro de interpretación, mejorado las rutas por la zona, un espacio dedicado a la memoria del personaje, reabierto el bar... Esta Semana Santa esperamos que sean muchos los visitantes».

Hoy mismo comienza una nueva iniciativa puesta en marcha por vecinos del pueblo. Cada mañana de los días festivos y de los fines de semana habrá visitas guiadas por la zona. La cita es a las 11 de la mañana frente a Segoretxe, el bar y punto de información abierto junto al Ayuntamiento. Es gratis, al estilo de los ‘free tour’ europeos, aunque al final se espera que el visitante pague «la voluntad». El recorrido durará más de una hora porque el paseo se hace a pie, desde la zona alta del pueblo, Altzo Muño, hasta la parte baja, Altzo Azpi, donde está el caserío natal del Gigante, Ipintza, y la iglesia de San Salvador, en cuya fachada se iba midiendo y marcando cómo crecía Miguel Joaquín. Quien quiera asegurarse plaza puede llamar previamente al 943-652262, número del Segoretxe.

La calma de 427 vecinos

Uno puede sentirse ‘Handia’ por un día, pero más allá del rastro del Gigante la visita merece la pena por el delicioso entorno de Altzo, «a solo media hora larga de Donostia», como decía ayer uno de los vecinos. «Nos gusta que venga la gente, pero a algunos les asusta que el turismo pueda quitar encanto a la tranquilidad de la zona», añade. «Hay días que vienen hasta autobuses organizados», explica, «pero se supone que es una riqueza para el pueblo».

Son 427 los vecinos de Altzo. «Como somos pocos llevamos la cuenta exacta», bromea la concejala Miren Balerdi. Buena parte de esos vecinos vivió como una fiesta el pasado día 18 la inauguración del nuevo centro de interpretación en la plaza. Una pequeña construcción reproduce una figura de Migel Joakin Eleizegi (las nuevas publicaciones y guías escriben el nombre del Gigante en euskera) con las réplicas de su silla y zapatos que fueron utilizadas en la película de Jon Garaño y Aitor Arregi. Los objetos reales pueden verse en la exposición permanente en el Museo de San Telmo.

Iñaki Moyua y Fermin Teruel son los autores de las piezas que se pueden ver en ese espacio. Cuenta con unas ‘mirillas’ que permiten que los materiales sean vistos por los espectadores incluso cuando el centro está cerrado. Se ha realizado también un corto documental que cuenta la historia del Gigante.

En la misma plaza está el Segoretxe, donde antes se encontraba el bar-restaurante. Luego cerró y hace dos meses fue reabierto con una concesión municipal. En uno de sus txokos hay un punto de información con folletos y mapas para recorrer la zona. Porque lo bonito de la ruta del Gigante es moverse por el valle para disfrutar de los diferentes escenarios de su biografía.

En Altzo Muño, al lado del frontón, se encuentra la escultura de piedra que reproduce la figura de Migel Joakin, y en varios de los puntos el visitante descubre los paneles informativos que dan cuenta de la vida del personaje. La estética de los paneles fue diseñada por el fallecido cineasta Juanba Berasategi, con textos de Koldo Izagirre. También en esta ‘cima’ del pueblo está la iglesia de Santa María, con el hueco en la fachada provocado, según la leyenda, por el peso de la cabeza del Gigante cuando se apoyaba en el muro.

El caserío donde vivió y murió

En la zona baja del municipio, cerca ya de Alegia, el visitante puede llegar hasta el caserío Ipintza, donde nació, vivió y murió Eleizegi. Hoy no está habitado, pero la visita evoca imágenes de hace dos siglos, cuando el Gigante caminaba el escaso kilómetro que separa esta construcción de la iglesia de San Salvador, donde el cura marcaba en la pared el crecimiento del personaje. En esa iglesia se encontraba antes el monasterio de San Salvador de Olazabal, que fue donado en 1025 por el señor de Gipuzkoa García Azenariz y su esposa, Gaila, en un documento que cita por primera vez el término «Gipuzkoa». Concretamente se escribió «Ipuzcoa».

Ipintza, caserío natal del Gigante, en Altzo Azpi. Hoy está sin habitar.
Ipintza, caserío natal del Gigante, en Altzo Azpi. Hoy está sin habitar. / Usoz

Pero Altzo no solo explora la ruta del Gigante. Sus guías permiten llegar también al ‘Haya de Imaz’, el árbol que fue plantado en 1836 por el bertsolari Manuel Antonio Imaz Garaialde y que ha obtenido luego reconocimientos como uno de los árboles más singulares del país.

Es la estela del Gigante. Muchos llegan con la historia aprendida, buscando los escenarios de una vida conocida. Pero otros descubren en este recorrido las peripecias del hombre que nació en 1818, llegó a medir 2,42 metros de alto por una acromegalia y firmó un contrato que le llevó a ser mostrado por diferentes países. Como dice la guía ahora editada, «recorrió la calle Regent Street de Londres vestido de general, seguido de un regimiento y a ritmo del tambor», y «la casa Susse de París realizó un molde en yeso de sus manos para esculpirlas en bronce».

Murió en Altzo en 1861 y fue enterrado en el cementerio de Altzo Abajo. «Se ha escrito y debatido mucho sobre sus huesos, pero nadie conoce su paradero», dice la guía. Y con esa incógnita arranca y juega la película ‘Handia’, multipremiada en los últimos Goya.

Es la película que han visto varios de los chavales del pueblo que ayer jugaban a la pelota disfrutando de sus vacaciones escolares. Conocen bien la historia del Gigante, el hombre que salió de Altzo, recorrió el mundo y volvió a morir a casa con solo 43 años en un largo viaje de ida y vuelta. Las camisetas de estos chavales alegres son también otra metáfora del mundo global: uno lleva la camiseta del parisino PSG «por Cavani», otro una de la selección de Brasil, un tercero la cara del actor Bud Spencer y hay también quien juega con una camiseta roja de pelotari con el nombre de Barriola detrás.

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