A la Guerra Civil con diez Goyas

Los directores Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en Higuera de la Sierra, con otros miembros del equipo. / D. HERRANZ
Los directores Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en Higuera de la Sierra, con otros miembros del equipo. / D. HERRANZ

Los directores de 'Handia' ruedan en castellano en Huelva el drama de un topo oculto durante 30 años

OSKAR BELATEGUI HUELVA.

Las dehesas de encinas y alcornoques del Parque Natural de Aracena, en Huelva, fueron territorio sangriento en la Guerra Civil. Higuera de la Sierra es hoy un bucólico pueblo con su plaza de toros encalada, temperatura perfecta a mediados de mayo y una calma sobrenatural. Pero en 1936, los guardias civiles atrincherados en el cuartel se resistieron a que las columnas de mineros confiscaran víveres y provisiones. La represión posterior en la provincia fue terrible. Las pintorescas calles de Higuera han viajado al pasado con paredes deslucidas, rótulos antiguos y figurantes vestidos de época. De vez en cuando se escucha algún grito en euskera.

Los directores de 'Loreak' y 'Handia' ruedan aquí su primera película en castellano: 'La trinchera infinita', el drama de un topo de la Guerra Civil que se recluyó en su casa en 1936 y no salió a la luz hasta 1969, cuando la dictadura franquista promulgó un decreto por el que prescribían todos los delitos cometidos antes del fin de la contienda. Antonio de la Torre encarna al protagonista, un concejal de izquierdas, el rojo oficial del pueblo, que se oculta pensando que será cuestión de días y acaba 33 años muerto en vida. «No hay mayor cárcel que el miedo», sostiene el actor, tan metido en su papel que sigue manteniendo el cerrado acento andaluz del personaje después de que griten corten.

Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga firman la dirección de una cinta que va más allá del mero testimonio histórico y que no se basa en ningún topo real. «Nos atraía la idea de contar la historia desde el punto de vista del protagonista, que está presente en casi todos los planos de la película», afirman Arregi y Goenaga (Garaño va montando en San Francisco la película a la vez que se rueda). «Este es un relato sobre el miedo en un sentido alegórico, metafórico. Un tema muy vigente: miedo a dar el paso, a separarte, a salir del armario, a dejar tu trabajo».

El libro de Jesús Torbado y Manu Leguineche fue una lectura fundamental de los guionistas, Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga. Otro acicate para rodarla fue el documental de animación '30 años de oscuridad', que contaba la historia de Manuel Cortés, el alcalde republicano de Mijas. Su productora andaluza, La Claqueta, también participa en 'La trinchera infinita'. El filme llega tras los diez Goyas de 'Handia', la cinta en euskera más vista de la historia. Aquí no hay tantos efectos especiales, pero sus autores no le restan complejidad a un filme que puede verse como una historia de terror. Rodar fuera de casa también les impone, aunque cuenten con un equipo bregado con el director Alberto Rodríguez. «Ni somos andaluces ni hemos vivido la Guerra Civil. No puedes evitar sentirte un poquito forastero», confiesan.

Una fotografía de Higinio y Rosa (la actriz Belén Cuesta) preside el humilde hogar al que de vez en cuando se asoma el protagonista desde el subsuelo, temeroso y en busca de comida. Vislumbra sombras por la ventana. «Se juega con el off, el fuera de campo», explican los directores. «El protagonista tiene miedo de cruzar el umbral de su hogar. Empieza ocultándose por unos días, después unos meses y finalmente unos años. Ha interiorizado ese miedo hasta hacer de él algo irracional».

De la Torre es un actor del Método, intenso y exigente. Entra al set como un boxeador, con un chubasquero con capucha. Ensaya una y otra vez las escenas y bombardea con preguntas a Garaño y Arregi. El rodaje se interrumpirá cinco semanas para darle tiempo al actor a que engorde 15 kilos (ya ganó 33 para 'Gordos'). No es ningún capricho: los topos cogían mucho peso debido a la falta de movilidad y a la retención de líquidos. «Antonio se toma muy en serio su trabajo, lo da todo, más de lo que imaginábamos», piropean los directores.

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