La Greta garbo donostiarra

Conchita Montenegro fue la primera actriz española que triunfó en Hollywood junto a estrellas como Buster Keaton, Charles Chaplin o Clark Gable

La Greta garbo donostiarra
ITZIAR ALTUNA

La historia de su vida podría servir de inspiración para el guión de una película de Hollywood. Conchita Montenegro fue la primera actriz española que triunfó en la meca del cine en los años treinta, embelesó a actores de la época como Charles Chaplin, Buster Keaton o Clark Gable, tuvo numerosos amantes, pero su gran amor fue el ‘gentelman’ Leslie Howard -el caballero Ashley de ‘Lo que el viento se llevó’-. Compartió amistad con Greta Garbo, fue musa de Balenciaga y a su regreso a España en los cuarenta, su vida se vio envuelta en una trama de espionaje al más alto nivel para conseguir la neutralidad de España en la II Guerra Mundial. Después, se casó con el diplomático Ricardo Giménez Arnau, y «desapareció» de la vida pública.

La periodista madrileña Carmen Ro se ha inspirado en la vida de esta actriz de origen donostiarra para escribir su primera novela, que lleva por título ‘Mientras tu no estabas’. Admite que dio con la figura de Conchita «por lo mejores laberintos del azar», mientras buscaba información sobre los personajes de los que habla en su sección radiofónica ‘la vida de los otros’ de RNE. «Encontré el obituario de la ‘Greta Garbo española’. No sabía quién era y así comencé a investigar y supe que fue una actriz que había nacido en San Sebastián y que se llamaba Conchita Montenegro. Siempre nos habían dicho que Sara Montiel fue la primera actriz española que triunfó en Hollywood, pero resulta que Conchita ya lo había hecho antes».

Su vida

Nació
en San Sebastián en 1912 con el nombre de Concepción Andrés Picado.
A los 14 años
sus padres le enviaron a París junto a su hermana Juanita para continuar con sus estudios de danza y canto.
Su primer contacto con el cine
llegó en 1929, como protagonista de la película ‘La femme et le pantin’, donde interpretaba a una joven fatal que bailaba desnuda.
El salto a Hollywood
lo dio enseguida y en 1930 fichó por la Metro Goldwyn Mayer para participar en las versiones españolas de las películas, pero pronto pasó a rodar las versiones originales. Se codeó con las estrellas de la época como Clark Gable, Joan Crawford, Charles Chaplin, Marion Daviers, Spencer Tracy, Buster Keaton, Greta Garbo o Leslie Howard, quien fue su gran amor.
Su primer marido
fue el actor brasileño Raoul Roulien, a quien conoció en 1934 y con el que se trasladó a vivir a Río. Se divorció a los dos años y regresó a Europa. Nunca más volvió a Hollywood.
Falleció
en 2007 tras mantenerse 62 años en el anonimato.

La curiosidad que le suscitó este personaje le animó a seguir investigando y se dio cuenta que «su vida era francamente de novela», pero que hasta la fecha «no había libro que la contara». Carmen Ro se volcó en la tarea de investigar la trayectoria de Conchita Montenegro a través de biografías de otros artistas de la época, como Edgar Neville -con quien coincidió en su aventura americana y con quien mantuvo una breve relación-, Charles Chaplin o Leslie Howard, actor inglés que ejerció de espía para el gobierno de Churchill y que murió en Galicia en trágicas y extrañas circunstancias tras visitar a Conchita en Madrid.

El parecido de Conchita Montenegro con Greta Garbo (segunda en el combo) es evidente.Debajo, la actriz donostiarra con Buster Keaton.

«Ella fue portada de muchas revista a principios de los años 40 y concedió algunas entrevistas en las que contó numerosas anécdotas que se recogen en el libro». Tras su boda con Ricardo Giménez Arnau, miembro de una de las familias con más poder en la Falange, decidió apartarse de la vida pública y «desaparecer».

De París a Hollywood

Conchita Montenegro nació en 1912 en San Sebastián -su verdadero nombre era Concepción Andrés Picado-. Sus padres no eran artistas de oficio, pero sí gente amante de la cultura, con sensibilidad cultivada y con contactos. «Los años 20 fueron más libres que los siguientes 40. Además San Sebastián era núcleo de artistas y donde se recogían las corrientes europeas, por lo que sus padres decidieron enviar a sus hijas a París, para que adelantaran en su formación de bailarinas y cantantes», cuenta Carmen Ro.

Las dos hermanas estudiaron Danza y Arte Dramático en la Escuela del Teatro de La Ópera y en menos de dos años triunfaron como pareja artística con el nombre de ‘Las Dresnas de Montenegro’. Sobre su nombre artístico, Carmen Ro asegura que «ella nunca quiso contar por qué utilizaba el nombre de Montenegro».

La escritora Carmen Ro.
La escritora Carmen Ro.

Pero el principio del gran éxito de Conchita Montenegro fue su participación en la película ‘La femme et le pantin’ (1929), donde bailaba desnuda para gozo de atrevidos y elogio de la crítica. «La película fue todo un escándalo y un éxito en Europa y le abrió las puertas de la Metro Goldwyn Mayer, que con la llegada del cine sonoro buscaba actrices de habla hispana para las versiones en castellano de las películas».

La actriz donostiarra llegó en 1930 a Hollywood para participar en las «versiones españolas» pero enseguida dio el salto a las «versiones originales» porque aprendió a hablar inglés con gran fluidez. Durante aquellos años se codeó con las estrellas de la época, como Clark Gable, Joan Crawford, Charles Chaplin, Marion Daviers, Spencer Tracy, Buster Keaton, Leslie Howard o Greta Garbo. De hecho, las dos actrices llegaron a ser amigas -aunque sólo por un breve período de tiempo- y siempre las comparaban, quizá por el comportamiento también esquivo de la artista española, a la que la prensa de la época llegó a llamar la Greta Garbo española.

Conchita Montenegro participó en 17 películas y llegó a ser «una más entre las divas americanas»

Carmen Ro explica que en su aventura americana, Conchita Montenegro participó en 17 películas y llegó a ser «una más entre las divas americanas». También mantuvo romances con actores como Charles Chaplin o Buster Keaton. «Estos romances eran una manera de conocer a esos hombres, una manera de acercarse a ellos, ella no quería enamorarse, su objetivo era triunfar en el cine». Pero en el rodaje de su primera película en versión original, ‘Prohibido’, donde encarnaba a una bella nativa de una isla del Pacífico, conoció a Leslie Howard y «el amor le estalló en el alma, desbarató todos sus planes y le rompió los esquemas de frialdad. Leslie fue su verdadero amor».

Pero el actor británico estaba casado y no dejó a su mujer, tal y como le había prometido. Estuvieron juntos durante cuatro años, pero cansada de que no cumpliera su promesa, Conchita decidió casarse con el actor brasileño Raoul Roulien y poner tierra de por medio con Hollywood. Se trasladó a Río junto a su marido, con el que llegó a rodar dos películas. Veinte meses después, le pidió el divorcio y decidió volver a Europa. Primero se instaló en París, donde hizo varias películas, y luego en España, donde participó en otros proyectos: ‘Rojo y negro’, ‘Boda en el infierno’, ‘Aventura’, ‘Ídolos’ y ‘Lola Montes’, donde lució espectacular con todos los trajes que Cristóbal Balenciaga hizo para ella.

Reencuentro con su amante

En 1943 volvió a coincidir con su gran amor, Leslie Howard, en Madrid. Éste le dijo que había venido a dar una conferencia sobre Hamlet al Instituto Británico, pero en realidad, «venía en calidad de espía de los servicios de inteligencia británicos, que querían que se reuniera con Franco y convencerle de que España se mantuviera neutral en la II Guerra Mundial». Por aquel entonces, Conchita Montenegro era novia de Ricardo Giménez Arnau, miembro de una de las familias más cercanas al poder y «fue el contacto elegido por los británicos» para llegar a El Pardo.

Aquel último encuentro en Madrid cambiaría el rumbo de la vida de Conchita, ya que unos días después, Leslie Howard falleció cuando el avión en el que regresaba a Londres fue derribado por los alemanes junto a la costa de Galicia. La actriz donostiarra terminó de rodar la película ‘Lola Montes’ en 1944, se casó enseguida con Ricardo Giménez Arnau y no volvió a ver a nadie.

Siguió los destinos diplomáticos de su marido y vivió en México, Washington, Londres, Viena, Rabat, Santo Domingo, Rumanía y Marruecos, entre otros destinos. «Rompió toda conexión con el mundo pasado del cine, se deshizo de las fotografías y cintas que le podían relacionar con su vida anterior, y no quiso que los demás supieran nada de su etapa como actriz. Peleó con todas sus fuerzas por ser olvidada y lo consiguió». Conchita Montenegro vivió en el anonimato los últimos 62 años de su vida, hasta su muerte en 2007 en Madrid. Al igual que su «amiga» Greta Garbo, se retiró pronto, por lo que «todos la recordarán eternamente joven».

Carmen Ro ha querido recuperar la figura de esta gran actriz, «que tenía una belleza magnética, y que fue una mujer apasionante, única, valiente y sobre todo, libre», afirma. «La suya es una historia de osadía y su vida superó al propio cine», por eso reivindica que se recuperen sus películas y se reconozca su labor «como mujer pionera en Hollywood y como la gran actriz que fue». En 1994 el Festival de Cine de San Sebastián eligió una de sus películas, ‘La mujer y el pelele’, para clausura el certamen, pero el entonces director, Diego Galán, no consiguió convencerla para que viniera al Zinemaldi y recibiera su merecido homenaje. Ella había decidido pasar al anonimato y no volver a la vida pública. Y lo consiguió.

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