Goya, la escalada hacia el éxito

Una visitante observa un cuadro en la exposición 'Goya y la corte ilustrada', en el Bellas Artes de Bilbao./EFE
Una visitante observa un cuadro en la exposición 'Goya y la corte ilustrada', en el Bellas Artes de Bilbao. / EFE

'Goya y la corte ilustrada' recrea con un centenar de obras el esforzado ascenso cortesano del genio aragonés | Muestra cómo entre envidias palaciegas y favores se abrió paso para afianzarse como pintor de cámara

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIBilbao

Goya era un genio. Pero ni se le reconoció pronto ni tuvo fácil convertirse en pintor favorito de reyes y aristócratas en la España Ilustrada. Se abrió paso a codazos en la corte, buscando el favor de valedores y esquivando las envidias y puñaladas de sus muchos enemigos. Ese espinoso camino es el que recorre la muestra 'Goya y la corte ilustrada' que, tras su paso por Zaragoza, recala hasta mayo en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Reúne 96 piezas, 72 cedidas por el Museo del Prado junto «a su sabiduría», lo que agradece Miguel Zugaza 'ex' del Prado que recibe obras y saberes en su casa bilbaína.

Poder, ascenso social, rivalidades políticas, amores, amistades, enemistades escenas de caza y populares, paisajes, retratos.... De todo hay en una muestra que reúne 32 obras maestras de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, 1828) confrontadas a las de algunos de sus coetáneos -Mariano Maella, José del Castillo, Luis Paret o Lorenzo Tiepolo- y en la que juega un papel relevante las misivas enviadas a su amigo Martín Zapater.

Ficha:

Qué:
Goya y la corte ilustrada.
Dónde:
Museo de Bellas Artes. Museo Plaza, 2. Bilbao.
Cuándo:
del 14 de febrero 28 de mayo de 2018.
Cuánto:
entrada general 9 euros.

Goya partió de Zaragoza a Madrid en 1775. El contacto con la corte determinó su desarrollo profesional. Pero jamás cortó su relación con la Zaragoza de su juventud, como demuestra la correspondencia con su amigo de la infancia Martín Zapater. Su amistad es el hilo conductor de este relato sobre el ascenso de Goya en la corte, de su asalto al éxito y la gloria. Su transformación del Paco Goya que firma las primeras cartas al admirado Don Francisco que retrata reyes.

La exposición parte de un retrato de juventud de Zapater de reciente atribución e incluye otros dos de madurez. Amigos de pupitre, compartieron el anhelo juvenil de mejorar sus vidas y ascender en el escalafón social. Zapater triunfaría en los negocios en casa. Goya logró con su tozudez y talento abrirse paso en la corte y llegar al Olimpo de la pintura.

Intercambiaron dos cartas a la semana en una intensa correspondencia que solo interrumpió la muerte de Zapater. El Prado conserva 147 misivas de Goya, de las que expone 13. Cartas «como las Theo Van Gogh», dice Zugaza. «Nada convencionales con un lenguaje innovador, e imágenes tan poderosas como las de sus cuadros», asegura Manuela Mena, conservadora jefe de pintura del XVIII del Museo del Prado y comisaria de la muestra junto a su colega Gudrun Maurer.

El museo que comanda Miguel Falomir cede obras maestras como 'La gallina ciega', 'El pelele', 'La vendimia' o el 'Retrato de Carlos III'. Se exhiben junto a otras menos conocidas pero relevantes para contar esta historia de superación. Es el caso del 'Retrato de Francisco Bayeu', cuñado de Goya -se casó en 1773 con su hermana Josefa-, presunto protector y al tiempo freno de Goya en su asalto al poder.

La muestra explica como a pesar de su innovadora rareza, el incómodo genio de Goya acabaría siendo aceptado por Carlos III Y Carlos IV. Un éxito que no fue ni fácil ni precoz», según Mena. Necesitó una década de meritoriaje y de cultivo de las relaciones sociales antes de afianzarse. «Sufrió graves humillaciones, pero era imposible que no brillara un talento y una calidad par Mena «parejos a los de Rafael, Miguel Ángel, Tiziano, Velázquez o Vermeer» y «que no deja de acrecentarse y ganar actualidad».

Necesitó que otros ilustrados avalaran su talento. Amigos como el secretario de Estado Floridablanca, aristócratas como el infante don Luis de Borbón, los duques de Alba y Osuna, e intelectuales como Jovellanos y Ceán Bermúdez. En su escalada se encarnó uno de las aspiraciones de la Ilustración: premiar el talento al margen del origen y permitir al hijo de un artesano codearse con reyes nobles y sabios.

Vascos y navarros

La muestra incorpora 11 retratos de personajes vasconavarros en los que el genio goyesco se revela en plenitud. «Goya llega al fondo de sus personajes sin juzgarlos. Solo define, y presenta lo que ve con claridad», apunta Mena ante los retratos de Cabarrús, el general Urrutia, el del también general Pantaleón Pérez de Nenín -restaurado en el Prado-, el Marqués de San Adrián o los del matrimonio Goicoechea «pintados en París y que parecen ya Manet», según Zugaza.

El ansiado reconocimiento no llegaría hasta en 1786, once años después de su llegada a Madrid, cuando Goya es nombrado pintor del rey, y ratificado con su nombramiento como primer pintor de cámara en 1789. «Del rey abajo todo el mundo me conoce», escribía Goya poco después a un Zapater, «que archivó celosamente sus cartas», agradece Mena.

En 1790 Goya volvía por sorpresa a Zaragoza y se reencontró con su amigo. Lo retrató entonces y repetiría en 1797, ya como notable comerciante y miembro destacado de la sociedad aragonesa, muy lejos ya sus años de penurias. En la llamada «década prodigiosa» Goya acrecienta su fama y pinta para los más granado de la aristocracia y la política. Como pintor oficial de Carlos IV y de María Luisa, culmina su carrera en 1800 con 'La familia de Carlos IV'.

La investigación para la exposición ha permitido localizar en una colección italiana un nuevo retrato temprano de Martín Zapater realizado por Goya. También identificar una miniatura del comerciante maño, obra de Francisca Isidra Meléndez, y adscribir a Agustín Esteve de una temprana copia de exquisita calidad del retrato perdido de Goya de Ramón Pignatelli.

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