Gotzon Huegun crea una nueva 'argizaiola' para sustituir a la robada en Lasarte-Oria

El escultor Gotzon Huegun muestra su nueva pieza.
El escultor Gotzon Huegun muestra su nueva pieza. / JOSÉ MARI LÓPEZ

El escultor, que ha trabajado durante dos meses en la pieza, afirma que «es más pesada, elegante y costará más que se la lleven»

MARÍA BASA SAN SEBASTIÁN.

El parque de Atsobakar de Lasarte- Oria volverá a tener a partir de septiembre una nueva escultura del artista Gotzon Huegun tras el robo hace dos años, de su anterior pieza, 'Argizaiola'. Una obra que le encargó el Ayuntamiento de Lasarte- Oria como homenaje a Juan José Mendiluce, antiguo presidente de la asociación 'Danok kide', por su labor de cooperante realizada durante años junto a muchos voluntarios.

El artista ha decidido para esta ocasión, cambiar la antigua 'argizaiola' robada, y realizar una nueva con materiales que nada tienen que ver con los anteriores. «No quería hacer la misma pieza pero sí que tuviera el mismo sentido. He utilizado piedra y mármol negro, y he seguido la estética de la nueva escultura vasca, con lineas puras, sobriedad, y representando un vacío para expresar el paso a otra dimensión. Con la 'argizaiola', lo importante es iluminar a quien ha muerto y acompañarle en el camino a través de la luz».

Una pieza que el artista define como «sencilla y elegante» porque según él, «Mendiluce era así». A diferencia de la anterior, que pesaba 60 kilos y estaba elaborada a base de resina química con encofrado de hierro, ésta «va a ser más difícil llevársela porque pesa dos toneladas y mide más de dos metros de alto, por 80 centímetros de ancho y unos 80 de grosor».

«A nivel cultural veo una situación muy pobre en Euskadi, sobre todo en Donostia»

Dos meses de mucho trabajo en los que Huegun ha querido jugar con la forma, el volumen y el movimiento. La peana inferior tiene una posición, la del medio cambia, y la 'argizaiola' situada en el extremo más alto, también es diferente. «Me parece importantísimo como escultor, que en materiales que son tan toscos y tan rígidos, las piezas tengan movimiento, que no estén muertas y transmitan vida».

El artista se encuentra ahora mismo en una etapa llena de proyectos. Ha sido seleccionado para participar en la Bienal de Escultura de Piedra en Pontevedra, y a partir del 21 de septiembre, realizará en vivo una pieza en el Simposio, que permitirá al público que asista, conocer los procesos de ejecución de una escultura.

«No puedes hacer una obra con mucha complicación porque solo tienes un mes para realizarla. Más que la estética, marca el tiempo de ejecución. Además no tienes la intimidad del taller, porque la gente te pregunta, te para y te mira, pero lo bueno es que hay una implicación espectacular de todo el mundo interesado en tu trabajo. A mí me encanta. Parece que la escultura es muy glamurosa, nos ven en las inauguraciones bien vestidos, pero es un trabajo muy duro y que el público vea el proceso, es muy atractivo».

Taller a la calle

A Huegun le gusta sacar el taller a la calle porque en el País Vasco según él, «cuesta mucho buscarse la vida». «A nivel cultural veo una situación muy pobre, sobre todo en Donostia. Hay un diseño hecho hacia la gastronomía y la hostelería y de ahí no se sale. A los que hacemos la producción cultural, nadie nos llamó en 2016, no se contó con nosotros para nada. Con el recorrido que tenemos, con grandes escultores a nivel mundial, como Chillida y Oteiza, que son guipuzcoanos, no nos tienen muy en cuenta. Necesitamos vivir y si no cuidan un poco a las nuevas generaciones de artistas vascos, luego no va a quedar nada. Esta situación me entristece muchísimo. Por eso me llama mucho la atención la respuesta que hay cuando sales fuera de aquí. En Madrid, por ejemplo, con mi obra se ha mostrado mucho interés».

Un año en el que a pesar de la situación que según el artista «se vive en el País Vasco», ha tenido muchos éxitos y en el que ha visitado Etiopía, donde ha conocido el proyecto humanitario del Padre Olaran y de donde ha traído la propuesta de dirigir un taller escuela de artes plásticas.

«Me parece una idea muy atractiva, estimulante y muy bonita. Ahora estamos viendo cómo hacerlo, si desde aquí formando a etíopes, o desde allí, porque tampoco quiero renunciar a trabajos 'de casa'. Tengo muchas ganas, llevo tiempo en el mundo de la enseñanza y estoy muy motivado».

Mientras tanto, sigue trabajando en su taller en un amplio proyecto de talla de madera porque «hay vida más allá del 'lauburu'», concluye.

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