«Al Glad is the Day no le interesa crecer porque sería morir de éxito»

El público abarrotó la campa del parque este domingo.
El público abarrotó la campa del parque este domingo. / SARA SANTOS

La organización estima en unos 6.000 el número de espectadores en el momento de mayor afluencia de público al festival de Cristina Enea

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

La sensación de «éxito rotundo» era compartida ayer entre los organizadores y los asistentes al festival Glad is the Day, cuya tercera edición atrajo el pasado domingo a miles de personas al parque donostiarra Cristina Enea. Una tercera edición en la que público, el cartel y la meteorología se aliaron en una jornada perfecta, que dejó imágenes de un parque a rebosar, tanto en la zona del escenario como en la del mercadillo o la de los DJ's. El colofón fue el impecable comportamiento cívico del público, según coincidían en destacar ayer Josu Urbieta y Álex López, responsables de Le Bukowski y el Dabadaba, los dos clubes egiatarras responsables de la organización del Glad is the Day. «Desde la organización queremos agradecer el comportamiento de la gente porque cuando terminó a las nueve y recogimos todo, parecía mentira que ahí se hubiera celebrado un festival y así nos lo hicieron saber responsables de Donostia Kultura, que nos felicitaron», señalaba ayer Urbieta, que recalcaba: «Cada edición se va a sustentar también, además de en el éxito de la anterior, en el buen uso del parque».

Los responsables del festival estiman en unos 6.000 el número de espectadores que se dieron cita en Cristina Enea en el momento álgido de afluencia de público, sobre las seis de la tarde, coincidiendo con la actuación del grupo argentino Todos Tus Muertos. En cuanto al acumulado a lo largo de toda la jornada, «sinceramente, nos sentimos incapaces de aventurar una cifra porque hubo gente que estuvo desde por la mañana hasta la hora de comer, otros que se acercaron a mediodía y otros a la tarde. Lo que sí hubo seguro es mucho más público que el año pasado, especialmente ya a primera hora, cosa que es de agradecer ya que en alguna edición anterior los grupos que tocan al principio se encuentran un panorama un tanto desangelado porque los espectadores están en la zona de los mercadillos o aún no han llegado. El domingo no fue así: hubo gente frente al escenario desde el primer momento».

«No a un Glastonbury»

De cara a una más que probable cuarta edición, Urbieta y López señalan que «al Glad is the Day no le interesa crecer porque sería morir de éxito. Ayer nos decían que qué bonito resulta un festival con cierto prestigio en el cartel, gratuito y bien organizado que, además, no estaba esponsorizado de arriba abajo. Se perdería ese encanto que tiene el parque si estuviera todo con carteles fosforitos y verde botella». Josu Urbieta recalca que «no pretendemos hacer un Glastonbury porque, además, la gente nos daría la espalda. Honestamente, nos gustaría quedarnos como estamos porque a este festival no lo hace grande el presupuesto, ni el cabeza de cartel, sino la gente, que además es un público local».

«Si se llenara el parque de carteles fosforitos y verdes botella de espónsores se perdería el encanto»

«Si tuviéramos un mayor presupuesto se destinaría a pagar a los grupos el caché que corresponda»

En el caso de que Donostia Kultura aumente en el futuro la partida presupuestaria destinada al Glad is the Day -que este año ha ascendido a 10.000 euros-, sus responsables «tendremos menos miedos e incertidumbres, pero no lo invertiríamos en hacer más grande el festival. Sí nos gustaría dignificar a los músicos abonando el caché de los grupos de acuerdo con lo que les corresponda porque hay que tener en cuenta que muchas veces hacen rebaja al actuar aquí porque son bandas que comenzaron en el Dabadaba o en Le Bukowski y nos conocemos desde que empezaron». Y señalan: «Se han montado carteles potentes en estas tres ediciones, pero basados en la austeridad de los músicos».

Los organizadores del Glad is the Day reivindican también el carácter abierto del recinto festivalero, una circunstancia que permite al público entrar y salir del parque sin mayores problemas. «Somos conscientes de que los urinarios que pusimos resultaron insuficientes y también es verdad que no se servía café en las barras, pero la gente salió y consumió también en los establecimientos de los alrededores, lo cual nos encanta porque nos gusta que repercuta en todo el barrio».

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