«Alejandro Garmendia fue un artista nómada»

Fernando Golvano, junto a la obra 'La cinta de Moebius' (2007-2009)./LUSA
Fernando Golvano, junto a la obra 'La cinta de Moebius' (2007-2009). / LUSA
Fernando Golvano, comisario de la exposición 'Paisaje, enigma y melancolía'

La Sala Kubo Kutxa del Kursaal inaugura el próximo jueves una gran muestra retrospectiva del artista donostiarra fallecido hace un año

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Es posible que el nombre de Alejandro Garmendia no sea muy conocido fuera del ámbito artístico, pero quien por ejemplo haya visto la película de Julian Schnabel 'Berlin' -en la que Lou Reed interpreta en directo su disco homónimo- habrá contemplado su obra proyectada sobre el fondo del escenario. Inclasificable, multidisciplinar, poliédrico, nómada y fronterizo, Alejandro Garmendia (Donostia, 1960) es el protagonista de la gran exposición que la Sala Kubo Kutxa del Kursaal inaugurará el próximo jueves. Bajo el subtítulo de 'Paisaje, enigma y melancolía', el comisario Fernando Golvano ha reunido alrededor de un centenar de obras que van del dibujo a la fotografía, del cómic a la música y del vídeo a la instalación escultórica, para repasar la intensa trayectoria artística de este creador fallecido en febrero del pasado año.

- ¿Cuándo surgió la idea de organizar esta exposición?

- En su funeral. Murió el 13 de febrero y al salir del funeral, comenté con varios amigos y artistas que sabiendo que Alejandro no era muy creyente, sino una persona bastante transgresora en muchos ámbitos, daba un poco de apuro que su despedida fuera ese acto religioso. La mejor manera de celebrar un homenaje de sus amigos y de la sociedad civil era presentando las distintas vertientes de su trayectoria, que era poco conocida porque era un creador apreciado sobre todo por otros artistas.

«Creo que su evolución hubiera ido a dedicar más tiempo a la música y menos a la pintura»

- ¿Por qué?

- En parte, porque siempre estuvo viviendo fuera: Nueva York, París, Bilbao, Edimburgo, México, Burdeos... De hecho, hasta los trece años vive entre Burdeos y París. Esa condición nómada en su trayectoria se corresponde de algún modo con sus elecciones artísticas, nomadeó también por muchos ámbitos creativos. Era un artista nómada, cosmopolita y fronterizo. Se mudó a Hendaya precisamente porque le gustaba su condición fronteriza. Iba y venía, aparecía y desaparecía.

- En Nueva York, se alojó en el mítico Chelsea Hotel que tanto ha dado que hablar y fue amigo de músicos como Lou Reed, David Bowie...

- Fue a Nueva York con una beca y sí, se alojó en el Hotel Chelsea, un referente para tantos artistas y que ha tenido presencia en el cine de Andy Warhol o Wim Wenders. Ahí conoce a personajes muy extravagantes, entre ellos, Joey Ramone (vocalista de los Ramones) con el que solía tomar una copa en el pub Quijote. Eso influye mucho en su cosmopolitismo y le convierte en alguien singular, distinto a otros artistas.

- ¿Qué encontró fuera que no hallara aquí, en Donostia?

- Con trece o catorce años, viene de París, cursa aquí la enseñanza media y con diecinueve años, en 1979, marcha a Bilbao a estudiar Bellas Artes. Allí hace amigos artistas y crea una especie de grupo festivalero que se llama La Comunidad Latina y a su regreso, obtiene una beca para ir a Madrid.

- Parece que hay una voluntad de marcharse...

- Sí, yo creo eso. Alejandro Garmendia no tiene un arraigo en San Sebastián, de donde sale con apenas unos meses de edad, sino en Burdeos y París. No estaba arraigado aquí y un artista quiere conocer otras cosas. Va a Madrid para hacer un curso de grabado con Don Herbert y claro, entre esto y aquello hay un abismo de mundos y posibilidades. En los años noventa, su hermana Olatz ya es una modelo muy conocida, que está en Nueva York, y en ese momento le surge la posibilidad de irse allí. Entra en relación con Julian (Schnabel), que le presenta a galeristas y comienza a exponer en Houston, en Nueva York. Comienza con los grandes formatos de foto emulsiones de collages que proyecta en su estudio.

«Aunque tenía una faceta pública muy gamberra, su timidez era muy acusada»

- «El último surrealista», escribió su entonces cuñado, Julian Schnabel...

- Mucha gente pensó que Julian había promocionado a Alejandro, lo cual es totalmente falso. Esa cita es de una exposición de artistas que recogen esa herencia surrealista, comisariada por Schnabel y que ha itinerado por varios países. Es verdad que tiene una impronta surrealista y que una de sus influencias es Dalí.

- No sólo una influencia temática, sino en sus procedimientos: llegó a meter una piedra con pintura en una caja de zapatos y tras agitarla y moverla, amplió el resultado.

- Exactamente. Esa mezcla de cálculo y azar producían obras pequeñas que luego escaneaba en gran tamaño. Le interesaba que en la construcción de la obra el azar tuviera su protagonismo, algo que está muy presente en los surrealistas. No es tanto la pintura o la escritura automática, sino la producción de un dispositivo que construya imágenes con una doble dimensión.

- ¿Cómo hay que interpretar su gusto por jugar con las escalas y las imágenes invertidas para crear paisajes ficticios?

- Por un lado, empieza como un pintor de paisajes melancólico y eso provocó su serie de paisajes helados de los años noventa. No es la típica imagen de postal, sino que hay mucha intervención de maderas, cristales, tierras y resinas.

- ¿Un reflejo de su carácter, quizás?

- Era muy introvertido e introspectivo. Aunque tenía una dimensión pública muy gamberra, en realidad su timidez era muy acusada. Son estrategias de autodefensa. No le gustaban los grandes encuentros, ni las grandes muchedumbres, aunque quién lo diría de alguien que crea Fat Esteban, un grupo que formó en los noventa junto a su amigo comiquero Mauro Entrialgo y el cantante de boleros Juanjo Pedregosa, con el que grabaron dos discos y editaron fanzines durante su época dadaísta. En Alejandro siempre está presente una consciencia de que hay algo que no puede ser retenido permanentemente.

- ¿Qué le daba la fotografía que no encontrara en la pintura? Y viceversa.

- Es que en realidad Alejandro no los veía como caminos separados, sino como vasos comunicantes. Eran dispositivos para ingeniar algo. El ingenio es un poder de la imaginación, que permite tanto crear cosas que no existen como miradas nuevas sobre las ya existentes. Ese trabajo de velar y desvelar constantemente obedece a que está pensando en el aspecto ficticio de las imágenes. Trabaja mezclando lo que puede ser percibido por los sentidos con lo que sólo se puede percibir con la imaginación. Esa tensión está en sus obras, de una forma que rompe con las tradiciones paisajísticas, realistas y figurativas. Puede coger un espacio burgués y anacrónico para convertirlo en un lugar atemporal para el extravío de la imaginación. El arte tiene que producirnos extrañezas nuevas, si sólo fuera un tratado moral no haría falta.

- La última vez que expuso en San Sebastián fue en la Galería Kur, a apenas unos metros de esta sala Kubo del Kursaal.

- Sí, se podría decir que ha cruzado la calle. Allí fue su despedida y ésta es su vuelta. Claro, en Kur pudo exponer muy pocas obras, pero es cierto que hay una especie de renacer en su memoria. Quería redescubrir la diversidad de personalidades creativas que había bajo el nombre de Alejandro Garmendia. Como Pessoa, usaba heterónimos para prácticas distintas. Cuando hizo cómic firmó como Sander o Fifo López; Nicolas Persheid para la escritura; o Flodzogh para la creación sonora experimental. Con lo cual, un efecto que puede producir esta exposición es que al espectador le parezca una muestra colectiva, con obra de tres o cuatro artistas diferentes, cuando en realidad es un único creador que despliega múltiples identidades. Todo son alardes e ingenios.

«Su daltonismo no le afectaba porque elegía una gama cromática de verdes, grises y ocres»

- ¿Cuál es el hilo común?

- Descubrir el poder de la imaginación, que nos permite litigar con el mundo de distinta manera. Alejandro se inventa en los años ochenta el personaje de un explorador portugués, Bertomau, que viajaba a países desconocidos, cartografías de un mundo inexistente. Y se inventa también un lenguaje. Esa idea de que la realidad se puede desdoblar de modo imaginario es una manera de expandir nuestra experiencia, una de las grandes virtudes del arte.

- Alejandro Garmendia era daltónico. ¿Cómo afectó esta circunstancia a su tratamiento de los colores?

- No le afectaba en cuanto a que elegía una gama cromática de verdes, grises y ocres donde intervenía menos esa peculiaridad visual.

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