«Esta exposición es mi despedida»

Paloma Navares

La creadora burgalesa, Paloma Navares, aquejada de una dolencia ocular, muestra a partir del viernes en la sala Kubo Kutxa del Kursaal una gran retrospectiva

«Esta exposición es mi despedida»
Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Después de más de cuatro décadas de trabajo, la artista multidisciplinar Paloma Navares (Burgos, 1947) muestra en San Sebastián una amplia antología de su trayectoria. 'Iluminaciones 1977-2017' reúne a partir del próximo 20 de octubre en la Sala Kubo Kutxa del Kursaal más de un centenar de piezas, entre vídeos, instalaciones, objetos intervenidos, esculturas y cajas de luz. Con esta muestra, Navares se despide del ámbito de la creación a causa de los problemas de visión que arrastra desde hace años y que le han obligado a interrumpir su carrera varias veces. «He dejado de crear. A partir de ahora, lo haré de pensamiento».

- Nunca antes había realizado en San Sebastián una muestra tan grande de su obra. Sólo se había podido ver en pequeñas dosis, como parte de exposiciones colectivas.

Los datos

Título
'Iluminaciones'.
Autora
Paloma Navares (Burgos, 1947).
Lugar
Sala Kubo Kutxa del Kursaal.
Fechas
del 20 de octubre al 4 de febrero de 2018.
Horario
de martes a domingo, de 11.30 a 13.30 horas, y de 17.00 a 21.00 horas.

- He adorado San Sebastián desde la infancia y sigo haciéndolo, pero no, nunca había venido con una colección tan grande. Esta exposición tiene que ver con mi despedida del trabajo. Junto con la de Burgos -que es mi lugar de nacimiento y mi ciudad más querida junto a San Sebastián-, esta exposición es mi despedida porque el tiempo pasa y lo siento en la vista. Ya no hay tiempo para más mejoras. No quiere decir que las piezas no se vayan a ver más, pero yo he dejado de crear. Lo haré de pensamiento, pero la vista es importante para hacerlo. Todo el mundo dice: «Se puede seguir creando a través del tacto o del sonido», pero yo no tengo otras facultades, necesito la vista.

«Todos dicen que se puede crear a través del tacto o el sonido, pero yo necesito la vista»

«Mis obras conviven bien a pesar de los cuarenta años que separan unas de otras»

«He sentido la soledad, el miedo y la tristeza de una forma cruda, pero real»

«Prefiero no retocar las piezas porque al final falsificas un momento que se te ha olvidado»

- Si recapitula sobre su vida, ¿que le ha quedado pendiente de hacer?

- Creo que he hecho casi todo lo que he podido y más en la vida. He sido una persona afortunada. He sido mujer, con toda mi capacidad para desarrollarme como madre, como amante, como esposa. También como artista sin miedo, en situaciones precarias incluso. He tenido tiempo para pensar y la suerte de tener un pequeño hándicap en la vida: esta falta de visión que me ha acompañado hasta perderla, con operaciones complejas que me han aislado del mundo y me han tenido en posturas físicas incómodas. He llegado a ver el mundo negro completamente, pero tuvo fortaleza y salí. He cargado pilas en ese tiempo, me he serenado y he dictado pensamientos que he dejado grabados. Y también he podido tomar notas sin entenderlas luego, cuando he recuperado la visión. He sentido la soledad, el miedo y la tristeza de una forma cruda pero real.

- ¿Qué criterios ha aplicado para escoger las piezas que conforman la exposición?

- Ha habido una comisaria, Rocío de la Villa, y juntas hemos desgranado las series sobre las que yo trabajo. De cada una, hemos sacado un pequeño fragmento para la exposición. El trabajo es inmenso. Son más de cuarenta años dedicada al arte. El trabajo es complejo y hay cierto desgarro en las piezas porque están descontextualizadas. Es como si te representara tu brazo. Sí, es tuyo, pero sería ideal que estuviera entroncado para ver el conjunto. En cualquier caso, hay una amplia gama de obras, se ve la coherencia o incoherencia de la artista, su lenguaje y los materiales que me han acompañado toda la vida.

- Ha sido una artista multidisciplinar...

- Ya lo era cuando en España no se practicaba. Hemos traído obras datadas desde 1977 hasta la actualidad.

- ¿Cómo les ha sentado el paso del tiempo a las piezas más antiguas?

- Estoy contenta con ellas. He descubierto que son amigas entre ellas y a pesar de los cuarenta años transcurridos entre unas y otras, conviven bien. No se ven grandes saltos en el vacío, sí temáticas diferentes, pero tanto la iconografía como el lenguaje o el nivel de compromiso con el trabajo se mantiene coherente.

- ¿Se reconoce aún en ellas?

- Sí, totalmente. No sé si para mi desgracia o para mi pasmo, no he variado tanto. Creía que había evolucionado mucho pero sigo igual de prendada del vídeo que hace cuarenta años, cuando lo descubríamos. Nunca he interrumpido el proceso de una pieza porque dejara, por ejemplo, de pertenecer a la fotografía y se asemejara más a una escultura.

- ¿Tiene algún sentido la compartimentación del arte en materiales y soportes?

- No, en absoluto. He luchado contra eso desde el principio. Mis piezas pueden trasladarse de disciplina. De hecho, hay esculturas que han acabado en espectáculos de danza y obras de danza han sido performances integradas en una escultura. No he fragmentado mi obra, igual que no he fragmentado nunca mi ideología. He ensamblado de atrás hacia adelante y ahí he encontrado mi propio trabajo. Este trayecto no me ha coincidido con las modas, ni con el propio sistema, lo cual ha provocado un retardo en el reconocimiento de mi trabajo. Mis primeras 35 ó 40 instalaciones para la Galería AL de Madrid no terminaron de encajar. Primero, era el género, era un trabajo que calificaron de feminista, era multidisciplinar, no me centraba, según los teóricos en nada en concreto: hacía fotografía, pero no era pura; hacía escultura, pero era móvil o le faltaba la densidad y el peso propios de esta disciplina. Sin embargo, era a propósito, buscaba la fragilidad.

- ¿Le ha penalizado ese mestizaje?

- Al principio. A comienzos de los noventa salí a Europa de forma casual, con una exposición en París, y después de diecisiete años ya me estaba tambaleando en España porque pensaba que no había cobijo para mi trabajo. Sin embargo, allí funcionó y se extendió rapidísimamente por Europa, con el apoyo de críticos, teóricos, museos e incluso coleccionistas, cuando en diecisiete años no había vendido ni un dibujo de papel.

- ¿Qué le parece la sala Kubo como espacio expositivo?

- Es una sala difícil porque tiene altura y unos espacios complejos.

- ¿Cómo imaginaba el futuro cuando inició su andadura artística?

- El futuro no me ha sorprendido nada. Sí me ha sorprendido la capacidad que tenemos de articularnos hacia lo más negativo. Sigo encontrando una sociedad demasiado castigada, una incomunicación excesiva, mucho miedo a evolucionar, a cambiar, a quedar fuera del grupo... Y eso me produce desasosiego que se ve en mi trabajo.

- El mundo de la cultura suele alardear de ir por delante de la sociedad: más abierto, más igualitario, menos clasista... ¿Es así?

- El mundo de la cultura es un reflejo de la sociedad. No vamos por delante, ni nos anticipamos a nada. La ciencia y la tecnología han evolucionado mucho, las admiro, pero dentro de eso seguimos dudosos, tambaleándonos, deseando saber qué pasa y tratando de reafirmarnos como podemos.

- ¿Ha habido ámbitos de retroceso? Por ejemplo, usted ha trabajado mucho sobre la importancia que se da al aspecto físico, al cuerpo humano...

- En este momento, la tiranía brilla en su esplendor. Es masiva: en sociología, en psicología, en política...

- ¿Más o menos que antes?

- Eso no lo sabría decir. Ahora la sufro más fuera que dentro de mí. Me siento más libre porque estoy más fuera. Gracias al arte me ha hecho libre, más independiente y me ha ayudado a superar situaciones difíciles. Me ha dado fortaleza.

- ¿Ha perdido peso el artista en la sociedad en cuanto a capacidad de influencia?

- Yo creo que sí. En este momento estamos cansados. Todo nos llega a través de medios que ya implican cierta manipulación. El pensamiento ya viene moldeado por el propio sistema. Cuando vas a escribir o a hacer una foto, ya han incidido en ti para hacer un producto que se adapte al sistema. Y estamos ya todos más cansados. Viendo el panorama general, es terrible cómo está la sociedad, y culpo de esto a la política y a la incapacidad del ser humano de manejar estas situaciones. Da igual que hablemos de Estados Unidos que de África. El hombre sigue mediatizado y castigado por el sistema.

- Y el espectador, ¿tenía más curiosidad hace cuarenta años que ahora?

- Claro, ahora tenemos toda la información continuamente, en exceso. Al artista le ha quedado menos espacio. Y cuando te vas a dirigir a algo en concreto enseguida hay medidas de orden.

- Pero, ¿la curiosidad de los individuos?

- La curiosidad no la hemos perdido hasta un momento determinado. Antes éramos curiosos hasta los veinte años, pongamos; ahora lo somos hasta los doce. Los niños pierden la curiosidad, tienen más información, aunque no sea verdad, pero en apariencia tienen más claro el panorama.

- ¿Cuándo da por terminada una obra?

- En mi trabajo hay una implicación emocional importante y en paralelo, un desarrollo intelectual. Todo eso se concentra en un momento determinado. Si en un momento dado una pieza requiere un tratamiento no me importa hacerlo, pero procuro no tocarlo porque al final falsificas un momento que se te ha olvidado y además es el propio trabajo el que te va mandando. No parto de una idea fija, sino que voy encontrando cosas que me va pidiendo, con lo cual, la coherencia en el trabajo se va a notar en esta exposición. Dicen que cuando un artista muestra tanta obra es el principio de su hundimiento porque se ven su desorden, sus repeticiones, sus tentaciones de adaptarse a las modas.

- ¿Es cierto en su caso?

- Yo no lo he vivido así, pero es algo que lo va a decidir el espectador.

- ¿Con qué imagen va a salir el visitante de la exposición?

- Me gustaría que sintiera a una persona con una vocación enorme de crear, que no es nada especial porque todos la llevamos. Es un sentimiento que si te permiten conservarlo desde la infancia y lo desarrollas eres un artista igual que todos nosotros. Me gustaría que el visitante se fuera con la sensación de humanidad, de haber sido tratado de tú a tú, con los medios que me han servido para comunicar un estado de ánimo común a todos. Quisiera identificarme con el espectador y que mi expresión le sirviera para expresar sus sentimientos.

Fotos

Vídeos