La 'Estela de Gernika' de Chillida reposa en el claustro de San Telmo tras una 'vida' itinerante

La 'Estela de Gernika II', en la esquina sudeste del claustro del museo de San Telmo. / LUSA
La 'Estela de Gernika II', en la esquina sudeste del claustro del museo de San Telmo. / LUSA

La escultura, propiedad de la galería Carreras Múgica, está valorada en dos millones de euros

ALBERTO MOYANO SAN SEBASTIÁN.

El claustro del museo donostiarra de San Telmo exhibe desde el pasado día 16 la 'Estela de Gernika II', de Eduardo Chillida, una obra en acero que desde su creación en 1987 ha cubierto un largo periplo: desde los espacios de exhibición al aire libre estadounidenses hasta un almacén suizo, pasando por Bilbao. La pieza, propiedad de la galería bilbaína Carreras Múgica y valorada por los seguros en dos millones de euros, está cedida en depósito al museo donostiarra por un período de cinco años, aunque todo apunta que este plazo podría prorrogarse sin límite por acuerdo entre las partes.

'Estela de Gernika' es la segunda pieza de una serie de tres, realizada por Eduardo Chillida con motivo del cincuenta aniversario del bombardeo de la villa. Sus medidas son 144 por 41 por 36 centímetros, y su peso, de 1.100 kilos. Está realizada en acero aloña y, tal y como señala la responsable de Conservación de San Telmo, Ana Santo Domingo, «consta de dos partes: un tronco en la zona inferior y unos brazos, con estética más dinámica, en la zona superior». La obra presenta una pequeña singularidad: las estrías o grietas provocadas por la curvatura del material durante el forjado de la obra que Chillida habitualmente tapaba con acero están en este caso visibles, algo que Santo Domingo atribuye hipotéticamente al «simbolismo de la obra», vinculada a las heridas de la villa atacada.

Hasta su llegada a San Telmo, la obra ha cubierto un gran recorrido. Pedro Carreras e Ignacio Múgica, responsables de la galería propietaria de la escultura, la adquirieron a finales de los noventa a Frank Ribelin, un coleccionista estadounidense fallecido hace unos años que también donó al Metropolitan neoyorquino otra obra de Chillida. Durante su estancia estadounidense, 'Estela de Gernika II' se exhibió en 1988 en el Chicago International Art Exposition, de Illinois, en el Laumeier Sculpture Park de St. Louis, Missouri, y en la Tasende Gallery, de La Jolla, California. Entre 1993 y 1996, permaneció instalada en el Socrates Sculpture Park, de New York, y desde 1998 hasta 2003 en Beverly Hill Town Hall Garden, en Los Angeles.

En un almacén suizo

Tras formar parte de una muestra en la Fundación Joan Miró de Barcelona en 2004, la obra desembarcó en Bilbao en 2004, primero en el museo de Bellas Artes y posteriormente en los jardines del centro en el parque de Doña Casilda. El año pasado fue trasladada a un almacén suizo, de donde ahora se ha traído para su instalación en San Telmo. El emplazamiento en la esquina sudeste del claustro no es arbitrario: fue elegido por los responsables del museo de acuerdo con la familia Chillida Belzunce, para que «dialogue» con las estelas de la colección del museo que se exhiben en frente. «Un sitio fantástico», coincide en señalar Ignacio Carreras.

Aunque la cesión en depósito acordada con la galería es por un plazo de cinco años, desde San Telmo recuerdan que el permiso de Aduanas es por dos años, a partir de los cuales es necesario renovarlo anualmente, un trámite que con toda probabilidad no presentará obstáculo alguno, dado que en el caso del solicitante se trata de un museo. Ya en 2002 el claustro de este centro donostiarra acogió, con motivo de su centenario, la obra de Chillida 'Buscando la luz II', realizada en acero cortan y de seis toneladas de peso, cedida por la familia del artista.

Tras un año guardada en un almacén de Ginebra, la obra llegó a San Telmo «algo sucia, con algunas manchas», lo que obligó a una leve intervención de limpieza, señala Ana Santo Domingo. El coste del traslado fue de 2.700 euros, una cantidad relativamente baja ya que San Telmo aprovechó el viaje de vuelta de un traslado de una obra de Richard Serra de Bilbao a Suiza.

El acondicionamiento del césped del claustro que acoge la escultura requirió la intervención de un jardinero y la instalación por Fernando Mikelarena, de Chillida-Leku, de una plancha metálica que ayude a soportar el peso de la obra. También se protegieron las zonas de tránsito del museo durante el traslado de la obra hasta el claustro. Tanto la responsable de Documentación de la colección de San Telmo, Arantza Barandiaran, como la propia Ana Santo Domingo se muestran «encantadas» con la cesión ya que «no teníamos ninguna estela de artistas vascos como Nestor Basterretxea, Ricardo Ugarte, Jorge Oteiza o Agustín Ibarrola. En este punto, destacan la importancia de las estelas en el arte vasco y, en concreto, el hilo que une ésta de Eduardo Chillida con aquella 'Ilarria' del escultor donostiarra decisiva en el rumbo de su trayectoria artística. «Paradójicamente, esta estela -en euskera 'ilarria' significa 'piedra funeraria'-, está realizada en acero, un símbolo de la modernidad», apunta Santo Domingo.

Por de pronto, los responsables del Museo ya han avisado al Zinemaldia para que adecúe la carpa de la fiesta inaugural del festival, que se celebra habitualmente en el claustro de San Telmo, a la presencia de esta escultura de Chillida. Desde Carreras Múgica, se recalca que «la obra no está en venta. Es nuestro plan de pensiones -comenta con humor Ignacio Múgica-. Y si no, nos gustaría que pasara a nuestros herederos».

Rajas. Detalle de las grietas que en esta ocasión Chillida dejó sin reparar al terminar la obra.
Rajas. Detalle de las grietas que en esta ocasión Chillida dejó sin reparar al terminar la obra. / LUSA

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