Esculturas con sello guipuzcoano

El artista, de padre austríaco y madre donostiarra, trabaja durante estos días en Irun en el acabado de sus esculturas./LUSA
El artista, de padre austríaco y madre donostiarra, trabaja durante estos días en Irun en el acabado de sus esculturas. / LUSA

Maximiliam Pelzmann ultima en Irun las obras que llevará a la feria de arte Volta de Nueva York

ITZIAR ALTUNASAN SEBASTIÁN.

Lija en mano, Maximilian Pelzmann trabaja en el acabado de sus esculturas codo con codo junto a los empleados de Poliester Gabiria en las instalaciones de la empresa, en Irun. La tarea se acumula estos días, porque las diez piezas diseñadas por el escultor tienen que salir hacia Nueva York en los próximos días, donde serán expuestas en la feria de arte Volta que se celebrará del 7 al 11 de marzo, y a donde acudirá como artista invitado de la mano de la galería donostiarra Vetusart.

Aunque su estudio de trabajo lo tiene en Nueva Jersey, Pelzmann ha «encontrado» en Gipuzkoa a los «artesanos» que le ayudan a perfeccionar las piezas. Nacido en Irlanda, pero de padre austríaco y madre donostiarra, Pelzmann siempre mantuvo una relación directa con San Sebastián, a donde solía venir a visitar a su familia. Su vinculación con la ciudad es más estrecha desde hace siete años, cuando sus padres decidieron instalarse en Hondarribia. Y fue hace cuatro años, durante el proceso de creación de la pieza que se colocó en la fachada de la basílica de Santa María, cuando empezó a trabajar con algunas empresas de la comarca del Bidasoa.

El material que utiliza desde que tenía 17 años para crear sus esculturas de formas orgánicas es el poliespan. «Siempre he trabajado con material que se utiliza en la industria de la construcción», admite. Las piezas las crea de forma manual, sin haberlas dibujado previamente, y luego las cubre de cemento o fibra. En una última fase las pinta, para lo cual el acabado debe ser «perfecto», y eso, dice, «me lo han enseñado a hacer aquí (en referencia a la empresa Gabiria)».

Será el artista invitado de la galería Vetusart, que participará por primera vez en una cita internacional

Las obras, construidas en poliespan, las crea en su estudio de Nueva Jersey y las trae aquí para acabarlas

Pelzmann recuerda con emoción su primer encuentro con los responsables de esta empresa de fibra de cristal, que se acercaron hasta el estudio de Hondarribia donde estaba trabajando, le explicaron cómo tratar el material y le prestaron las herramientas necesarias para ello. «No entendía por qué se portaban de esa forma tan maravillosa conmigo», recuerda. Después, accedieron a que él pudiera aprender en la empresa todo el proceso, y empezaron a colaborar. Hasta la fecha ya han realizado una veintena de obras, «pero seguiré haciendo más con ellos».

La primera parte del proceso, la creación de las formas sobre el poliespan, el artista lo ejecuta en su estudio neoyorquino. Luego las piezas vuelan hasta Gipuzkoa para su posterior tratamiento. «Las traigo hasta aquí porque las fábricas de EE.UU. no trabajan con tanto detalle. Aquí me he dado cuenta que todas las empresas se involucran, tienen un sentido de orgullo de lo que producen, y quieren que lo que salga de sus puertas sea lo mejor».

Una vez en las instalaciones de Poliester Gabiria, las piezas se cubren con una o dos capas de fibra, y luego con una especie de «cementillo». A continuación se lijan y se vuelven a cubrir con una masilla, proceso que se repite cinco o seis veces, hasta que la superficie esté lisa, sin ninguna imperfección. Una vez finalizado este trabajo, las obras se trasladan a otra empresa, Carrocerías Eneko, donde se cubren con pintura. «Llevaba años queriendo hacer mis esculturas así, pero tuve que venir aquí para descubrir cómo hacerlo», admite sonriendo. En Gipuzkoa también, Pelzmann ha encontrado otros «aliados» para producir sus obras con otros materiales. En la Fundición Jaizkibel producen sus obras en bronce, y desde hace poco ha comenzado a colaborar con el artesano irundarra Igor Obeso, quien las realiza en vidrio.

Admirador de Henry Moore y Eduardo Chillida, a quien tuvo el «honor» de conocer en 1997 en una jornada «inolvidable», Pelzmann siempre supo que quería crear arte, pero que fuera algo «visualmente permanente», y la respuesta la encontró en las formas redondas de la anatomía y naturaleza.

De Irun a Nueva York

La galería donostiarra Vetusart se interesó hace unos meses en el trabajo de este escultor. «Es el tipo de artista que buscábamos para la galería, porque uno de nuestros objetivos es la internacionalización», explica su director, Gregorio Cibrian. Contactaron con él, «se gustaron mutuamente», y el año pasado comenzó su colaboración. Una relación, que del 7 al 11 de marzo les llevará a la feria de arte Volta que se celebra en Nueva York. «Es una feria a la que las galerías van con un único artista. Presentamos nuestro proyecto para acudir con Maximilian y nos aceptaron». A pesar de la dificultad que supone el traslado de todas las esculturas a EE.UU., con el consiguiente coste económico, Cibrian se muestra muy ilusionado. «Durante esos días en Nueva York se celebran siete ferias de arte distintas y para nosotros es muy importante estar allí durante esas fechas y darnos a conocer», señala.

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