Eloy de la Iglesia protagonizará la gran exposición veraniega de Artegunea

Adicciones. Uno de los cinco collages -el dedicado a la presencia de la droga en su filmografía- realizados por Quentin Valois para la exposición./QUENTIN VALOIS
Adicciones. Uno de los cinco collages -el dedicado a la presencia de la droga en su filmografía- realizados por Quentin Valois para la exposición. / QUENTIN VALOIS

'Oscuro objeto del deseo' incluye 150 fotos, cinco collages, una vídeo-instalación y un grafiti. Pedro Usabiaga prepara la muestra sobre el director zarauztarra, autor de filmes como 'El pico' o 'La estanquera de Vallecas' y fallecido en 2006

ALBERTO MOYANOSan Sebastián.

Inclasificable donde los haya, víctima del tópico y el cliché, fiel a sí mismo, controvertido, criticado y ensalzado a partes iguales, retratista de su tiempo y a la vez, adelantado a su época, la vida y la obra de Eloy de la Iglesia (Zarautz, 1944-Madrid, 2006) regresan a la actualidad, doce años después de su fallecimiento. La sala Artegunea de Kutxa en Tabakalera dedicará este verano una gran exposición fotográfica al director de películas como 'El pico', 'La estanquera de Vallecas' o 'El diputado' que recorrerá su filmografía y su biografía, tan próximas la una de la otra. Serán 150 imágenes de toda su trayectoria -más de la mitad inéditas-, cinco collages, una vídeo-instalación y un grafiti, comisariado por el fotógrafo donostiarra Pedro Usabiaga, bajo el título de 'Oscuro objeto del deseo'.

«Eloy de la Iglesia fue, por supuesto, un 'outsider' del cine español y, al mismo tiempo, un militante del cine y de la vida. Lo que quería conseguir en la exposición es mostrar esas dos facetas», asegura Usabiaga, quien puesto a hacer memoria, situaría el germen de esta muestra en la fascinación que le produjo ver, durante su adolescencia en el cine Miramar, 'Ese juego de amor prohibido', «la historia de un profesor universitario que secuestra a una pareja y se la lleva a vivir a su casa. Aquello me conmocionó de una forma... Me fascinaba. Había algo que no entendía, pero que al mismo tiempo despertaba en mí una curiosidad», recuerda el fotógrafo.

Usabiaga, que ya ha comisariado varias exposiciones en los últimos diez años, las más reciente, la de Hitchcock para Donostia 2016, admite que «desde joven he sido muy fan del cine de Eloy de la Iglesia, aunque era muy denostado y sus películas recibían críticas terribles». Sin embargo, en su opinión, «han aguantado muy bien el paso de los años porque tenían una propuesta rompedora, aunque luego estuvieran hechas a brochazos».

«Sus películas han aguantado muy bien los años porque tenía propuestas rompedoras»

«Su cine, como el de Bigas Luna o el del primer Almodóvar, no podría hacerse hoy en día»

Figura insólita

Pedro Usabiaga sitúa la trayectoria de Eloy de la Iglesia al margen de las de sus contemporáneos. Sin embargo, esta condición de 'outsider' no le impidió rodar un total de treinta y tres largometrajes, en un período de la historia en la que el país pasa de la dictadura franquista a la transición y posterior consolidación democrática. «Su figura era insólita dentro del cine español. Nunca perteneció a ningún grupo concreto, ni a la camada de los directores de Elías Querejeta. Simplemente, era un realizador que rodaba una película, tenía éxito y eso le motivaba a hacer la siguiente». En su opinión, «hay directores de aquella época con buenas críticas en general que han quedado mucho más deslucidos». A partir de finales de los ochenta, el realizador zarauztarra «pasó por el desierto de las drogas» que le mantuvo alejado de la industria cinematográfica, hasta su 'Calígula' televisivo de 2001 y la adaptación de la novela de Eduardo Mendicutti 'Los novios búlgaros' dos años después.

Entre una cosa y otra, el Festival de Cine de San Sebastián le dedicó un ciclo en 1996 y Filmoteca publicó un libro sobre su filmografía. «Me pareció que faltaba una exposición que recogiera toda su obra: su trabajo en el cine, pero también en el teatro y en la televisión», señala Usabiaga, que recalca la «mirada contemporánea» que sobre la obra del realizador propondrá la exposición que el Artegunea de Kutxa prevé inaugurar el próximo mes de julio.

La muestra, dividida en varias áreas, incluye «una parte cronológica, que va desde su primera película, 'Fantasía 3' (1966), hasta 'Los novios búlgaros' (2003), en las que se hace un recorrido por su filmografía. Son fotos de rodajes, de retratos y de las películas». Un segundo espacio muestra a Eloy de la Iglesia a lo largo de todos esos años y finalmente, hay otra «dedicada a sus amigos y contemporáneos». Por otra parte, una vitrina mostrará varios objetos personales del cineasta: sus gafas, el libro que estaba leyendo cuando falleció o su acreditación del Zinemaldia de 1996. «También se muestra la sinopsis de un guion, 'La semana del asesino', que envió a la censura de la época y que está absolutamente cortada». Al margen del apartado fotográfico, la exposición cuenta con una vídeo-instalación de Itziar Orbegozo y Tamara García Iglesias, mientras que el pintor Baptiste Pauthe realizará el grafiti. Cinco collages referenciales realizados por Quentin Valois con escenas de películas del realizador completan la muestra, que irá acompañada de la edición de un catálogo.

El fotógrafo donostiarra ha tenido que sortear diversos obstáculos a la hora de comisariar 'Oscuro objeto del deseo'. «Cuando haces una exposición cronológica de cine en foto fija tienes que contar bien en tres o cuatro imágenes una película. Por ejemplo, con una película tan osada como 'La criatura', que cuenta la historia de un presentador de televisión, tipo José María Iñigo, afín a un partido de extrema derecha, con una mujer -Ana Belén- que se siente insatisfecha y que acaba teniendo una relación, metafóricamente, con un perro que se encuentra en la calle lo tienes muy difícil».

No ha sido ése, sin embargo, el principal problema a la hora de montar la exposición, sino uno en principio impropio de un director contemporáneo: la dificultad para encontrar materiales, derivada de la existencia un tanto bohemia de su protagonista. De hecho, Usabiaga tiene noticia de la existencia de materiales que se han extraviado, probablemente, para siempre. «De todas las exposiciones que he montado es la que más esfuerzo ha requerido. Fue más fácil realizar la de Hitchcock, de 1958. Parece increíble, pero hay películas suyas de las que la Filmoteca Española no tiene ningún material; y la vasca nos ha dejado algunas cosas que había, sobre todo, de 'Otra vuelta de tuerca' y 'El pico'. También me he puesto en contacto con algún director de fotografía de la época, como Hans Burmann, para encontrar materiales, pero ha sido difícil porque su vida, paralela a su cine, tuvo muchos derrumbes y mudanzas. Creo que en muchas de aquellas casas se quedaron materiales que se han perdido: guiones, fotos personales...».

La exposición ha servido al fotógrafo donostiarra de excusa para repasar una filmografía que no siempre encontró el aprecio de la crítica. «Tenía más enjundia de la que se consideró en su momento. He leído las revistas de cine de la época y hay veces que las críticas son demoledoras porque le achacaban un cierto oportunismo. Por ejemplo: contar en 1978 la historia de un diputado de izquierdas que asume su sexualidad, y que tiene una relación especial con su mujer y con la persona que ama me parece un planteamiento muy moderno. No tengo muy claro si era oportunista o oportuno».

Argumentos osados

Reconoce también que sus películas son hijas de su tiempo, tanto en lo que al retrato social se refiere como a la simple posibilidad de sortear, no ya la censura política, sino la económica, aún en vigor. «Su cine, como el de Bigas Luna o el primero de Almodóvar, no podría hacerse hoy en día, sobre todo, contando con televisiones. Esos guiones no pasarían el corte. Sus argumentos eran todos muy osados como propuesta». Y a pesar de que fueron películas como 'El pico' o 'La estanquera de Vallecas' -realizadas con el actor José Luis Manzano- las que le procuraron la mayor popularidad, «no quería que todo se centrara en el cine quinqui, que es interesante y quizás su etapa más conocida». En este punto, Usabiaga destaca su gusto personal por «ese thriller futurista que, a la vez, es una especie de 'giallo' italiano, que es 'Es una gota de sangre para morir amando', una película imposible y desmesurada, con guion de José Luis Garci, y con connotaciones con 'La naranja mecánica', que ni siquiera se había estrenado en España». Sobre 'El pico', resalta su retrato de «aquel Bilbao industrial, sucio, preGuggenheim, con un mando de la Guardia Civil y un dirigente abertzale que se tienen que poner de acuerdo para salvar a sus hijos de la droga».

Usabiaga considera que «su filmografía formaba parte de su vida, la una y la otra se confunden. Incluso cuando en 1984 algunos críticos se extrañaban de que Eloy de la Iglesia adaptara una novela de Henry James, no lo era tanto porque había empezado en los estudios Miramar de Barcelona adaptando a Charles Dickens, El Quijote, los cuentos de Andersen... Y no está tan lejos esa película del universo de Eloy de la Iglesia».

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