Un elemento sufragado con las aportaciones de los ciudadanos

I.A. SAN SEBASTIÁN.

El Buen Pastor vivió casi sus dos primeros años de existencia sin su torre. La iglesia fue consagrada al culto el 30 de julio de 1897, pero hasta el 2 de mayo de 1899 no se terminó de construir la torre, fecha en la que se colocó la veleta y el pararrayos. Ramón Cortazar fue el encargado de dirigir las obras de este último elemento, que costó 93.000 pesetas, de las que 85.000 se cubrieron con la aportación que realizaron los ciudadanos mediante suscripción popular.

El párroco de la catedral, Koldo Apezteguia, no descarta pedir en esta ocasión también apoyo económico a los feligreses para poder costear parte de la restauración de la torre. Y recuerda la campaña de donaciones que se realizó en 2002 para la puesta a punto del órgano del templo, que consiguió recaudar 600.000 euros gracias a las aportaciones de empresas, instituciones y ciudadanos anónimos. «Tendremos que pensar en algo parecido, porque si no, no podremos acometer las obras para el mantenimiento de la torre, cuyo presupuesto alcanza el millón y medio de euros... Para eso tendremos que crear una comisión en la parroquia para estudiar cómo hacerlo, pero teniendo en cuenta el resultado que dio la campaña para la restauración del órgano, el tema podría retomarse», sostiene.

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