Diez estaciones para entender a Rabanne

Una de las instalaciones que forman parte de la exposición 'Pasaia Rabanne, razones del imaginario'.
Una de las instalaciones que forman parte de la exposición 'Pasaia Rabanne, razones del imaginario'. / ARIZMENDI

La exposición que Pasaia dedica al maestro de la moda desvela algunas de sus facetas menos conocidas. Una decena de instalaciones distribuidas en los 1.600 metros cuadrados de Casa Ciriza recorre las etapas de la vida del creador pasaitarra

ELENA VIÑAS PASAIA.

Pasaia, 1936. En plena Guerra Civil, la fachada de una casa abandonada invita a entrar en su interior para descubrir, en la penumbra, una carta manuscrita del padre de Paco Rabanne y un baúl con una fotografía inédita que muestra al firmante de la misiva con el equipo de fútbol de Trintxerpe del que fue delegado.

«Hay pocas pertenencias, porque la escena tiene lugar tras la huida de la familia Rabaneda Cuervo», señala Enrique Santiago, comisario y director artístico de la exposición 'Pasaia Rabanne, razones del imaginario'. La recreación de esa casa vacía sirve de arranque a la muestra que se divide en una decena de instalaciones, cada una de ellas con identidad propia y capaz de narrar «etapas diferenciadas con hechos, situaciones y desarrollos emocionales».

Santiago ejerce de 'cicerone' en el itinerario trazado a través de la tercera planta del edificio Casa Ciriza de Trintxerpe, una superficie de 1.600 metros cuadrados convertida en «un camino de aventuras y memorias» que llevan a Paco Rabaneda a convertirse en «un creador, pensador y modisto de prestigio internacional».

«Huimos por este pasillo en la noche, en medio de la destrucción, entre maletas abandonadas y llegamos a Vivencias», dice el máximo responsable de la muestra, refiriéndose a una zona de «encuentro y tranquilidad», que toma forma de túnel hecho a base de tejidos de un tono rojizo tan extrañamente familiar como inquietante.

«Son las telas que Ane Baztarrika ha teñido con óxidos del puerto que transmiten los colores de Pasaia», apunta Itsaso Andueza, responsable de comunicación de esta exposición organizada por la Fundación Illumbe.

Una conversación entre el Rabanne de 83 años de hoy en día y el de apenas 7, «cuando tuvo el primer viaje astral que le marcó la vida», pone banda sonora al caminar a través de este pasadizo.

La zona más innovadora

A Vivencias le sucede Regresos, otra instalación en la que más telas, también tratadas por la propia Baztarrika, recrean un mar que envuelve al visitante. Es el espacio más abierto a la investigación y la innovación.

«He utilizado leche de soja, sal y pigmentos. La sal ha servido para la cristalización que va creando como brillos y texturas en la tela. Los pigmentos, además de dar color, también le dan textura. El proceso de tinte con leche de soja es muy natural y sostenible, algo en lo que quería investigar», explica la joven artista donostiarra.

Sobre las olas se proyectan imágenes de un desfile de moda y la trainera del club de remo Illunbe que, con una tripulación mixta, fue bautizada con el nombre de Paco Rabanne.

«Así llegamos a la zona de las promesas, Desde París con amor, donde está todo lo que hasta el día de hoy se ha prometido, pero no se ha cumplido», lamenta Santiago ante las paredes que reúnen titulares de prensa sobre un museo que nunca llegó a ver la luz. Un vídeo presta puntual testimonio de «esas promesas» incumplidas.

Sí llegó a materializarse El Acomodador, una ópera representada en 2003 en el Auditorio de Barañain, que cede su nombre a la quinta estación abierta en Ciriza. «Aquí están los primeros bocetos de un vestuario que luego evolucionó hacia el que se puede ver más tarde», indica el comisario de la muestra, haciendo una parada ante los dibujos enmarcados que lucen la firma del protagonista de la iniciativa.

Su huella también queda patente en el Bosque imaginario, una «reinterpretación» de la misma ópera, realizada de la mano de Gemma Durán, y en Cómo se hizo, en el que otro vídeo revela el modo en que se discutió el atuendo de los personajes con el propio creador.

Cine wichita se erige a pocos metros para proyectar en la pantalla grande un documental grabado décadas atrás. Habla de aquella Pasaia conocida como la ciudad del dólar y el modo en que la crisis transformó en los años ochenta el devenir de un pueblo hasta sumirlo en la más absoluta decadencia.

En la recta final de ese itinerario trazado a través del tiempo surge la Mediateca, una suma de libros inspirados en el modisto. «Van a ir creciendo poco a poco con más volúmenes de poesía que se sumarán a éstos de arquitectos», señala Enrique Santiago, mientras hace una parada para mostrar un mosaico gigante de telas de colores, obra de un matrimonio saharaui. «Debajo de estos retales hay un cuadro muy grande de La isla de los muertos de Caronte. Estas telas representan las almas que cruzan el lago», manifiesta.

Un vestido «imposible»

Reflejando a Rabanne es la parada final de la exposición. El centro de esta instalación es el traje de cristal que hace dos años ganó el concurso de escaparates inspirados en el modisto. «Es un traje imposible de ponerse que para nosotros representa la locura de Paco, la locura de la creatividad. El aluminio en el que están fabricadas las paredes que lo envuelven representa al Rabanne metalúrgico», añade Santiago.

Con los cristales de ese diseño teñidos de azul, verde o rojo, en función de los focos que se encienden sobre él, se llega al final del recorrido por la trayectoria de Pasaia y de su hijo de fama internacional.

Más

Fotos

Vídeos