El Cristo de la Agonía se exhibirá durante tres días en Donostia tras su restauración

El rostro y la mitad del torso sin tratar contrastan con las zonas clareadas tras la limpieza. / J. C.
El rostro y la mitad del torso sin tratar contrastan con las zonas clareadas tras la limpieza. / J. C.

La talla, una de las cumbres del barroco, se podrá ver desde el miércoles en el Buen Pastor antes de su traslado a Bergara

BORJA OLAIZOLA SAN SEBASTIÁN.

El Cristo de la Agonía, una imponente talla de madera considerada una de las cumbres del barroco español, se exhibirá esta semana en el Buen Pastor de San Sebastián después de la restauración a la que ha sido sometido en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de Sevilla. La que es una de las grandes joyas del patrimonio artístico de Gipuzkoa podrá contemplarse en el altar mayor de la catedral donostiarra entre los próximos miércoles y viernes. Un día después será trasladada a la Iglesia de San Pedro de Bergara, que ha sido su 'hogar' de forma ininterrumpida desde 1627.

Hay un amplio consenso a la hora de juzgar el de la Agonía como el mejor de los once crucificados que el escultor Juan de Mesa talló en su breve pero intensa carrera artística (murió a los 44 años de tuberculosis). El artista cordobés, conocido como el 'imaginero del dolor', es una de las grandes figuras de la escultura barroca. Suyo es el Jesús del Gran Poder, uno de los iconos más venerados y conocidos de la Semana Santa de Sevilla. «Tanto en calidad artística como en tamaño -218 centímetros- el Crucificado de la Agonía destaca sobre el resto de los realizados por Mesa, erigiéndose como la obra cumbre de su autor», sentencia el escultor y doctor en Bellas Artes sevillano Rafael Martín Hernández.

La escultura, tallada en madera de cedro, fue encargada en 1622 por Juan Pérez de Irazábal, un vecino de Bergara que había hecho fortuna en la Corte con el propósito de que adornase la capilla funeraria que tenía previsto construir en la iglesia de San Pedro de su localidad natal. Pérez de Irazábal, que ocupó cargos como el de superintendente de la Armada y contador mayor de Felipe III y Felipe IV en la Real Hacienda de Sevilla, sabía del prestigio de Juan de Mesa cuando fue al taller sevillano en el que trabajaba para pedirle la escultura. En el contrato que formalizaron se especificó que la figura de Jesús debía aparecer aún con vida, clavado en la Cruz y coronado de espinas. El plazo de ejecución se fijó en cuatro meses, pero la obra permaneció en la capital sevillana otros cuatro años hasta que fue llevada a Bergara por Juan Bautista Pérez de Irazábal, hijo del contador real.

Un antiguo incendio y la exposición al humo de las velas habían oscurecido la imagen

La donación de obras de arte religiosas a las iglesias era una práctica habitual entre las figuras pudientes de la época. La generosidad era una forma de ganarse el reconocimiento de los vecinos y también una inversión con la vista puesta en la salvación del alma. El Cristo de la Agonía fue instalado en 1626 en la capilla que está bajo el coro de la iglesia de San Pedro de Ariznoa y desde entonces ha permanecido allí de forma prácticamente ininterrumpida. En 1992 fue trasladado a Sevilla para sumarse a las piezas que el Vaticano reunió en su pabellón de la Exposición Universal.

Su último 'viaje' ha tenido el mismo destino aunque ha sido algo más largo que el de 1992. La talla fue llevada a finales de 2016 a la capital hispalense con motivo de una muestra que conmemoraba el cuarto centenario del Cristo de los Desamparados, obra de Juan Martínez Montañés, el maestro de Juan de Mesa. Una vez terminada la exposición, 'ingresó' en mayo del año pasado en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para ser sometida a una restauración. La obra estaba en líneas generales en buen estado aunque su policromía estaba muy oscurecida por efecto de un antiguo incendio y también del humo de las velas.

Regueros de sangre

Los responsables de la restauración dieron a conocer el pasado mes de diciembre algunos detalles sobre la marcha de los trabajos y también divulgaron unas imágenes en las que se puede apreciar el cambio de tono de la talla, ahora mucho más clara. La retirada de la capa de suciedad ha sacado a la luz detalles como los regueros de sangre que surcan el torso y las extremidades del crucificado, que han permanecido ocultos durante siglos. La limpieza ha devuelto además a la imagen su dramatismo original en la medida en que los rasgos de la talla, de un realismo sobrecogedor, son ahora mucho más luminosos.

La restauración ha devuelto además al Cristo de la Agonía algunos fragmentos de la corona de espinas y del cordón del sudario que se habían desprendido con el paso del tiempo. Los técnicos del instituto andaluz dan estos días los últimos retoques a la figura antes de su vuelta a Gipuzkoa. El responsable de patrimonio de la Diócesis de San Sebastián, Koldo Apestegui, viajó la semana pasada a Sevilla para atar los últimos cabos del proceso. La restauración se ha presupuestado en unos 20.000 euros y se sufragará gracias a la colaboración del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. La Diputación de Gipuzkoa, que es en última instancia responsable del patrimonio artístico, contribuirá también a costear la factura con una subvención.

El Cristo de la Agonía se podrá contemplar a partir del miércoles 14 en el Buen Pastor donostiarra. En principio permanecerá expuesto en el altar mayor del templo durante tres días: 14, 15 y 16. El 17 está previsto su traslado a Bergara para su colocación en la capilla de la iglesia de San Pedro, cuyo retablo ha sido acondicionado durante los meses de ausencia de la figura. Será el día 18 cuando los feligreses del templo bergarés volverán a reencontrarse con la imagen que durante casi cuatro siglos ha adornado su iglesia.

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