Cristina Iglesias: «La obra de la isla es una donación, pero me siento ya pagada solo con hacerla»

Cristina Iglesias, junto a su escultura 'Sin título' (1993), cedida por DV a San Telmo. /JOSÉ MARI LÓPEZ
Cristina Iglesias, junto a su escultura 'Sin título' (1993), cedida por DV a San Telmo. / JOSÉ MARI LÓPEZ

«Cuando no es pura decoración, el arte tiene que ser comprometido», asegura la creadora donostiarra, inmersa ya en el proceso de creación de la pieza de Santa Clara

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Ahora que desde las más variopintas disciplinas creativas todo el mundo tiende a reclamarse «artista», Cristina Iglesias se reivindica como «constructora, que es lo que realmente soy y me gusta ser». De visita en San Sebastián con motivo de la conferencia que el viernes ofreció en el marco de la I Bienal Internacional de Arquitectura MUGAK, la escultora donostiarra trabaja en su proyecto para la casa del faro de la isla de Santa Clara, cuya apertura al público está prevista para el verano de 2019. Iglesias (Donostia, 1956) asegura que todas las explicaciones en torno a una obra que aún no prefiere no mostrar le «ayudan a pensar» y, a la vez, reconoce que le gusta jugar con las expectativas. Recalca que la pieza tiene una intencionalidad muy clara -invitar a la reflexión sobre la conservación del mar- y asegura que «cuando no es pura decoración, el arte siempre tiene que ser comprometido».

- Cuando le propuso al alcalde la casa del faro como emplazamiento le adelantó que le iba a parecer «una locura». ¿Qué hubiera hecho si le hubiera contestado que lo era y lo hubiese rechazado?

- Si me hubiera dicho que era imposible le hubiese preguntado por qué y le hubiera intentado convencer. Cuando pensé en ese lugar, había razones conceptuales y sentimentales, pero también prácticas. Podría haber elegido Urgull, pero sería muy difícil y caro el mantenimiento. En cambio, la isla se puede controlar. Lo que tenía claro es que no quería hacerlo en la Avenida (de la Libertad).

«Si no muestro ahora bocetos es porque no está acabada y además, me gusta especular»

«Creo en la insistencia, las cosas no se te quedan dentro así como así, sino que permean»

«Pienso que la obra la termina el que mira y hasta entonces no está completa»

«Me gustaría hacer un libro solo con los textos que he utilizado para crear mis obras»

- Hay quien ve en su elección un gesto de megalomanía...

- Primero, que no voy a ocupar la isla. Segundo, que a día de hoy, nadie entra en la casa del faro, que está muy deteriorada y algo hay que hacer. ¿Un bar? ¿Un restaurante? Voy a hacer una obra que recupera ese edificio, la gente va a poder entrar y con el resto de la isla, lo único que se va a hacer es limpiarla. Quiero decir que por eso hablo de respeto. Se trata de acercar más la isla al ciudadano y que la sienta más suya.

- Quizás preocupa el tránsito de gente por Santa Clara.

- ¿Usted cree que va a provocar mucho tránsito? Yo creo que si lo provoca -y ésa es la intención, obviamente- será porque ha convertido lo remoto en cercano, en próximo a la ciudad. Por supuesto, hay donostiarras y turistas que van a la isla y si esto provoca que volvamos, me alegraré. La percepción de la obra cambia en cada visita.

- Su obra se situará entre las de Chillida y Oteiza, las dos en acero. En su caso, parece que el material último es el agua.

- Es verdad que es uno de los materiales, pero también lo es el bronce del vaso y la propia casa del faro, con sus ventanas y su escalera. La restauración del edificio es parte de la escultura. Pero sí, el agua es un material importantísimo porque va a añadir el movimiento y, por lo tanto, también el tiempo. Habrá una secuencia que se asemeje a las mareas, de una forma más ilusionista que real. Utilizaré el comportamiento de la naturaleza para hacernos más conscientes de la necesidad de conservar los mares.

- ¿Qué supone para usted esta parte del proyecto en la que continuamente tiene que explicarlo pero sin poderlo mostrar?

- Lo que quisiera transmitir es que es casi como pensar en voz alta en los mejores momentos. Hay cosas que ya están pensadas y las transmites lo mejor que puedes. Si en este momento no enseño más bocetos es porque estamos perfilando algunas cosas y no quiero que la gente vea una imagen y luego diga que no se parece, que sí que se va a parecer porque estamos ya hablando de cosas muy concretas. Además, también es muy interesante especular.

- ¿Le gusta jugar con las expectativas?

- Sí, porque además me hace pensar.

- Defiende la capacidad del arte a la hora de incidir en la conciencia de las personas. Pero, ¿es un efecto duradero o más bien efímero?

- Pienso que sí nos dura y por eso creo muchísimo en la educación. Creo en la insistencia, las cosas no se te quedan dentro así como así, pero por ejemplo, el haber nacido en una ciudad en la que el lenguaje de la escultura abstracta lo he sentido de forma muy natural me ha permeado. Y no me refiero a la hora de ser artista, sino para que se abra mi percepción. Me interesa la mirada fugaz de quien pasa junto a una de mis obras de camino hacia otro lado, pero en el caso de la isla va a ser diferente, porque habrá que ir ex profeso para verla.

- ¿Cree en eso que se conoce como el arte comprometido?

- Sí. Cuando no es pura decoración, el arte siempre tiene que ser comprometido de alguna forma, aunque sea en el hecho de captar tu mirada y ensimismarte en algo. Eso es comprometido porque te hace pensar.

- ¿Nos acercamos con demasiada reverencia al arte?

- El museo es un templo, si piensas en el Prado o en el Reina Sofía. Ahí se tiene una actitud más reverencial. También en la galería, pero también tiene un lado comercial. Soy consciente de que en las obras públicas creo lugares en los que, normalmente, se puede estar y pueden ser lugares de encuentro. Por eso, podemos hablar de la obra del faro como un lugar al que se puede ir a pasar el rato.

- ¿Y estamos demasiado obsesionados con la idea de 'entender' la obra?

- Es que yo creo que te tiene que entrar por los sentidos, no solo por la razón. A mí lo que me gustaría es que mi obra fuera los suficientemente abierta porque eso significaría que es lo suficientemente buena. Y cada cual interprete y añada porque soy de los que cree que la obra la termina el que la mira. Hasta entonces, no está completa.

- Sus obras son muy reconocibles hasta el punto de que resultan identificables antes de ver la firma. No sé si esto le parece bueno o malo.

- Sí que me gusta. También me pasa a veces que gente que solo ha visto obras mías con agua y se desconcierta cuando se topa con alguna de otro tipo. Para mí y creo que también para el espectador, para el que mira, creo que es interesante el hecho de que una obra se desarrolle en el tiempo. Hay gente que tiene una obra más obsesiva, aunque yo también lo soy, pero todas las partes forman un todo. Por ejemplo, piezas suspendidas, como la que acabo de instalar en la Fundación Foster, no tienen agua, pero también las reconoces como un lenguaje cercano porque trabaja con los sentidos de otra manera.

- ¿Qué recuerda de aquella exposición de 1996 en Galería DV?

- Recuerdo que hice una obra que adquirió el Banco Guipuzcoano y que permaneció mucho tiempo en la sede de la Avenida, antes de viajar a Madrid, en donde está ahora. Era una pieza de ficción vegetal de mata de espinos con polvo de hierro, es decir, estaba muy cerca de cosas que hago ahora. Era una época en la que me decía que tenía que hacer ya algo en Donostia, mi ciudad. Hice el Guggenheim de Nueva York, el Palacio Velázquez de Madrid y luego venía a Bilbao. Y Lourdes (Fernández) me dijo: «Tienes que hacer algo en Donostia antes de ir al Guggenheim de Bilbao». Y así fue. Lourdes siempre ha sido una gran productora de cultura, de ideas artísticas -como ahora está demostrando en La Alhóndiga de Bilbao y antes hizo al frente de Arco-. Para mí cumple varios papeles: es como una agente para mí y, a la vez, muy cómplice y muy profesional.

- ¿Se reconoce en sus antiguas obras, como esta escultura 'Sin título', de 1993, cedida por DV al museo de San Telmo?

- Alguna vez sí que me sorprendo... pero en general, veo conexiones con lo que hago ahora y me reconozco. Con esto no quiero decir para nada que tuviese claro en aquel entonces hacia dónde iba, pero veo en obras como esta que cita la intención de construir un lugar, de un espacio que hay que rodear para meterte dentro o el trabajo con la luz. Son elementos que están presentes todavía en todo lo que hago.

- ¿Qué momento del proceso creativo es el que más disfruta?

- Del proceso creativo, creo que disfruto todos sus momentos. Desde la primera idea y su boceto, que a veces haces en un avión, hasta su instalación. Disfruto muchísimo del momento de pensar la obra, del trabajo en el estudio o modelando una parte de la obra. También cuando desarrollo una pieza junto a mi equipo disfruto como lo hago en la fundición porque hemos desarrollado una forma de hacer que no consiste en construir un molde del que sacas la pieza, sino que yo hago muchas partes y con ellas vuelvo a componer: las sueldan. Y por último, me gusta mucho el momento de la instalación porque la pieza no terminas de verla del todo hasta que la colocas en el lugar que va a ocupar.

- ¿Y la parte que rodea a una artista de renombre, relacionada con los aeropuertos, los continuos viajes o los aspectos puramente mercantiles?

- Esa parte es la que ya no disfruto tanto. Ésas serían las tareas que más reconozco como trabajo, algo que hacemos todos, o sea que tampoco me voy a quejar. Además, por un lado, me permite conocer a gente muy interesante y por otro, me obliga a pensar y me estimula porque muchas veces tengo que convencer a alguien de la importancia de mi proyecto. La parte comercial es la que me gustaría que no tuviera que ver conmigo.

- ¿Le contamina de alguna forma a la hora de crear?

- No, no pienso en ellas, más allá de ser consciente de lo que cuestan las cosas, es decir, que no puedo proponer una burrada. En el otro sentido, no me afecta, no quiero ni saber.

- En el caso del proyecto para el faro de la isla de Santa Clara, se trata de una donación: usted no percibe remuneración económica por su trabajo.

- Sí, yo no lo pago, pero no cobro nada. Y sinceramente, me siento pagada porque para una artista la posibilidad de realizar este proyecto es algo fantástico. Por otra parte, el Ayuntamiento está implicado en el proyecto, pero estamos trabajando en sumar a empresas privadas que ayuden a financiar la obra.

- Al margen del proyecto submarino en el Mar de Cortés, ¿es la primera vez que crea una obra que no formará parte de un itinerario cotidiano, sino que para verla es necesario ir ex profeso?

- La primera quizás fue en las islas Lofoten, en el norte de Noruega. Es un lugar bastante remoto, aunque hay cerca un pueblo. Y desde luego, la pieza submarina que hice en la Baja California, que además peleé para que no pusieran una boya señalizadora, sino que hay unas coordenadas que la sitúan en el mapa. Y siendo totalmente distintas, es una obra que va a tener una conexión con la de la isla.

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