Crimen entre ironía

ILUSTRACIÓN IVÁN MATA

La última obra, rebosante de ironía, de amplio saber, gustoso sabor narrativo y engañosa ligereza de la prolífica escritora belga Amélie Nothomb

SANTIAGO AIZARNA

Poder escribir con profundidad y amenidad al mismo tiempo que con sencillez y elegancia, con ese aire como de volátil facilidad, con ribetes de mente y pluma que huyen de lo estólido para navegar en barquichuela que pareciendo ser tan frágil es, sin embargo, tan apuestamente sólida y firme que no habrá olas que pudieran dañarla ni siquiera en sus amuras que tan febles parecer pudieran a primera vista, es, sin duda alguna, don debido a nunca se sabrá qué preferencias (y por qué), de los dioses. Y leer cualquiera de las variadas y breves obras de Amélie Nothomb es dar, inevitablemente, con una de las agraciadas con ese don en esas como especies de lecturas sorpresivas de tan gratas perspectivas, de cualquiera de esos de sus libros de feble apariencia que uno se mete en el bolsillo para leerlo en los muchos momentos de espera que nos toca soportar en la vida o para regazarse en lecturas momentáneas -cabe que en un banco del parque en comunión con la naturaleza (el árbol y sus frondas y la hierba muelle a los pies)— y leer unas historias que un tanto de jocosa urdimbre semejan sin ser así del todo ni mucho menos sino, tan reales seguramente que nos acontecen en cualquier momento de cualquier día y son leídas procurándonos placer difuso como de juguete de cuando fuimos infantiles. Y, como resulta que esas ideaciones novelísticas suyas (las de Amélie Nothomb) son muchas pues que su fértil mente se ve asistida por una actividad creativa desbordada, he aquí la primera razón de por qué nos deparan tantos placeres.

La última vez, que confiamos que muy pronto pasará a ser la penúltima, es con esta novela intitulada 'El crimen del conde Neville' que, para cualquier lector, es denominación que le transporta al muy recomendable recuerdo y territorios narrativos, o enunciados al menos, de tan gratas recordaciones, de Oscar Wilde y su Lord Arthur Savile, en donde, como en el caso de esta última obra de la novelista belga, no falta el atisbo o aviso del futuro crimen como puente de holgada vida futura a la que se va llegando en alardes de ironía y contados pasos tratando de esquivar mal que bien los fantasmas de los correspondientes fracasos, como ocurre igualmente con la bandeja volandera de copas de champán del conde Neville que finaliza con todo su letal peso en el cogote de madame Van Zotternien, una vieja viuda avara y malvada, cuyo testamento, en pirueta cómica, despeja la infernal pesadilla nevilleana y la de su familia toda.

Pese al notorio conocimiento de su personalidad literaria, de amplísima proyección universalmente, se da aquí, en su solapa, una información biobibliográfica: «Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, ciudad en la que reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y Japón, donde su padre fue embajador. Desde su primera novela, 'Higiene del asesino', se ha convertido en una de las autoras en lengua francesa más populares y con mayor proyección internacional. Obras suyas publicadas en España y bajo el sello de Anagrama son, entre otras, 'Estupor y temblores' (Gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet, otorgado por los lectores internautas), 'Metafísica de los tubos' (Premio Arcebispo Juan de San Clemente), 'El sabotaje amoroso' (Premios de la Vocation, Alain-Fournier y Chardonne), 'Cosmética del enemigo', 'Diccionario de nombres propios', 'Antichrista', 'Biografía del hambre', 'Ácido sulfúrico', 'Diario de Golondrina' (Premio de Flore), 'Ni de Eva ni de Adán', 'Ordeno y mando', 'Viaje de invierno', 'Una forma de vida', 'Matar al padre', 'Barba Azul' y 'La nostalgia feliz'. En 2006 recibió el Premio Cultural Leteo por el conjunto de su obra, y en 2008 el Gran Premio Jean Giono, asimismo por el conjunto de su obra.

Con elementos tan ingenuamente novelescos como videntes, adolescentes en fuga, castillos aristocráticos, gran fiesta palaciega, reuniones sociales, gentes de acrisolada alcurnia pero de desmayada economía, etc, urde Amélie Nothomb una gozosa novela de una hora de lectura, que es como si se trasegara lentamente, como refrescante y espumeante bebida, una historia llena de lances sabrosos; un como cuento de determinado lugar y clase social; si historia de una familia de la nobleza venida a menos también de la sociedad que la enmarca; un leer como si se escuchara el narrar de la historia de tan leve presencia aunque tan contradictoria sea la presencia de la pluma de la novelista que vuelca en este su trabajo su esencia de finuras, su dominio del estilo y de la ironía y el ingenio de la sátira, todo un admirable saber narrativo que, aquí también, como en ella siempre es uso y costumbre, no deja de mostrarnos, en práctica su maestría narrativa y su portentosa y generosa actividad.

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