El 'comicperiodismo' discreto de la discreta Sarah Glidden

El 'comicperiodismo' discreto de la discreta Sarah Glidden

La artista de Boston visita San Sebastián en las jornadas de Komikilabea

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. Un nuevo debate. Relativamente. Comenzó no hace demasiado tiempo, pero cobró fuerza merced a la pegada de un tal Joe Sacco, un autor de los llamados alternativos, en Estados Unidos. Se trataba de hacer periodismo (o no), utilizando como herramienta no la palabra escrita, ni la voz en una radio o apoyada en imágenes de televisión, ni aún en el honorable oficio de hacer fotografías, antes de la Era Photoshop. Las armas eran viñetas. Desde mucho antes, el cómic ya había contado la Historia, ya la recreaba e incluso atesoraba prestigio una vez los preciados premios Pulitzer repararon en 'Maus' en aquel 1992.

Hoy, no son pocos los autores que, de forma natural o fruto de un proceso de interiorización, publican comics bajo el famoso marchamo de 'novela gráfica', reivindicando que el periodismo se puede alojar allí, porque cuenta las cosas mejor.

Sarah Glidden (16 de junio de 1980, Boston, Massachussets), después de estudiar Arte en su ciudad, se adentra en el mundo del cómic tras integrarse en el colectivo de artistas Flux Factory, ya en Queens, Nueva York. Atraída por tierras lejanas, visita Israel en 2007, autoedita su trabajo y no pasa desapercibida, recibiendo el premio Ignatz en 2008 en la categoría de nuevo talento. Será el primer paso, porque de nuevo centrando sus esfuerzos en aquel país, escribe e ilustra en 2011 'Cómo entender Israel en 60 días o menos', que supondrá, además, un cambio de paradigma, porque desde entonces su profesión se desarrollará en periódicos. Nada extraño, teniendo en consideración su interés por el mundo de la prensa.

Un largo viaje

Pocos meses antes, en octubre de 2010, emprende un viaje por Turquía, Siria e Irak, acompañada por dos amigos periodistas, al que posteriormente se juntará un ex marine, un personaje más que notable en una trama en verdad inexistente. Es decir, no hay un argumento escrito, no se trata de un relato de ficción sino de narrar lo que vaya sucediendo. Sarah, presente en todo momento en el cómic, se adentra así en un viaje con expectativas bien distintas a lo que irá viendo y moldeando su carácter.

'Oscuridades programadas' vive en guerra, pero no durante la guerra. Las páginas no se centran en movimientos de tropas o edificios en ruinas, sino en lo que queda tras ellos, fundamentalmente en las pequeñas y demoledoras historias de los refugiados, de las víctimas sin nombre. Y es preciso dejar constancia de que la autora no exhibe un dibujo virtuoso, aunque pone especial cuidado en que determinados escenarios, lugares, queden bien definidos por la importancia que le merece el rigor narrativo. Glidden, además, argumenta a menudo que la importancia del lenguaje corporal queda patente en sus dibujos, que el lector debe prestar atención a ellos, porque buena parte de lo que sucede en las entrevistas, en los encuentros, no se dice.

Primera página, y una pregunta: ¿Qué es el periodismo? Cualquiera puede contestar, pero que exista, más hoy en día, una respuesta cierta, es aguja difícil de enhebrar.

Periodismo

Tal vez consista en escuchar a las personas haciendo las preguntas correctas, y en no interpretar sus motivaciones más allá de donde el contexto considera cabal. Puede que Glidden lo piense, puede que sea lo que va destilándose página a página aunque la sensación es que las cosas, vaya novedad, no son blancas y negras. En cualquier caso, en la enorme paleta de grises que consiste la realidad, la autora apuesta siempre por el débil.

La figura del refugiado es, a estas alturas, ya una causa para ella. Queda claro que, habiendo de nuevo cientos de matices, el refugiado es una víctima a la que las naciones poderosas tienen el deber de auxiliar a cualquier precio. 'Oscuridades programadas' (el título original es 'Rolling Blackouts') habla de ellos, desde la memoria y desde el presente. Curioso y peligroso asunto, ese de la memoria con respecto a la realidad, tema que también se aborda, estableciendo claros distingos respecto a la mentira.

Finalmente, mención especial a la soberbia capacidad de Glidden para dialogar. En efecto, sean producto de anotaciones, textuales o no, las conversaciones de la presente obra suenan a verdad, conducen la lectura con gran maestría sin darse codazos con la narración omnisciente. Son, en su inmensa mayoría, cercanos, breves y certeros.

'Oscuridades programadas' es, en definitiva, una nueva aportación al 'comicperiodismo', término importado más que discutido y rechazado desde multitud de foros. Es cierto que, dados los larguísimos tiempos que debe manejar un cómic desde que la primera viñeta cede su lugar a la última, años en ocasiones, quizá sería más preciso hablar de 'comic documental' pero, dejando al margen disquisiciones teóricas, la presente obra merece ser tratada con máximo respeto. La delicadeza de Glidden, tanto al escuchar como al contar, se lo ha ganado.

Salamandra Graphic, así, apunta a su selecto catálogo un volumen que, eso cabe esperar, no será el último dedicado a la autora.

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