«Las ciudades nos hacen a nosotros»

Atxaga, Savater, Saizarbitoria y Harkaitz Cano dialogan sobre literatura y arquitectura en Miramar

Bernardo Atxaga, Fernando Savater, Pedro Astigarraga (comisario de la Bienal), Ramon Saizarbitoria y Harkaitz Cano/USOZ
Bernardo Atxaga, Fernando Savater, Pedro Astigarraga (comisario de la Bienal), Ramon Saizarbitoria y Harkaitz Cano / USOZ
MITXEL EZQUIAGA

«Lo que más añoro del San Sebastián de antes es a mí mismo con menos años», bromea Fernando Savater. Somos las ciudades que hemos vivido, pero al reivindicar el viejo paisaje lo que reivindicamos es nuestros años más jóvenes.

En eso coinciden los cuatro escritores convocados ayer por Mugak, la Bienal de Arquitectura que se celebra en Donostia, en una mesa redonda sobre «la ciudad». Era una alineación de lujo: no es fácil juntar en una misma tertulia a Bernardo Atxaga, Fernando Savater, Harkaitz Cano y Ramon Saizarbitoria. Éste último cumplía el papel de moderador pero su ironía afilada propició los momentos más brillantes de la tarde. Savater y Atxaga coquetearon con sus propias edades y a Cano le tocó hacer de joven con un punto provocador, en su defensa, por ejemplo, de los viejos adoquines como ‘catedrales tumbadas’.

El público llenó el salón Caro Barojadel Palacio de Miramar en una charla que cerraba el apretado programa de conferencias de ayer de la Bienal. La intervención por la mañana de Rafael Aranda, del estudio RCR Arquitectes, había marcado a quienes le escucharon. «Las personas configuran el espacio, no el espacio a las personas», dijo el arquitecto del estudio que protagoniza la exposición estelar de Mugak.

«¿Es San Sebastián una cuidad resistente al cambio? Cada novedad provoca una polémica» Ramon Saizarbitoria, escritor

Y sin embargo, el encuentro de los cuatro escritores comenzó con una vieja cita recordada por Saizarbitoria. «Nosotros hacemos las casas y las ciudades y luego son las casas y las ciudades las que nos hacen a nosotros», apuntó. El escritor donostiarra quiso «cumplir con la organización» y hablar de arquitectura y literatura, pero sus compañeros optaron por dar rienda suelta a su memoria. El conjunto quedó deslavazado pero iluminado por los destellos de cuatro autores acostumbrados a brillar tanto en sus escritos como en sus intervenciones públicas.

Reivindicaciones prácticas

No solo hubo literatura. «También es ‘hacer ciudad’ que uno pueda ir al teatro al Arriaga de Bilbao y por la noche tenga un autobús para volver a Donostia», dijo Harkaitz Cano, no conductor y pertinaz usuario del transporte público. Atxaga, inventor del concepto de ‘Euskal Hiria’ como una Euskal Herria moderna, urbana y conectada, lamentó que el reparto del país esté atomizado, con tres diputaciones todopoderosas, lo que provoca «que Vitoria tenga un aeropuerto poco operativo pero luego no dispongas de autobuses de noche para ir al de Bilbao».

Se habló de San Sebastián con el fantasma de Pío Baroja detrás. Fue Savater el primero en citar a un escritor que lee respetidamente «aunque Borges decía que Baroja era la decadencia de Montaigne». El filósofo recordó que en un libro como ‘Las horas solitarias’ «don Pío decía que San Sebastián es un escaparate donde no hay nada de lo que buscaba». A Savater le llama la atención que a principios del siglo XX «Baroja se quejaba ya de la proliferación de hoteles, como un adelanto de la turismofobia». Pero el autor de ‘Zalacain’, tan crítico con todo lo donostiarra, tenía un vicio ñoñostiarra. «Le encantaban los fuegos artificiales», según evocó Savater.

A Fernando Savater le gusta descubrir que su San Sebastián salga en un libro. «Cuando en ‘Fiesta’ el ‘alter ego’ de Hemingway nada por la bahía y mira hacia el puerto te hacer sentir que tú eres Hemingway, porque tú te has bañado ahí y has visto ese paisaje muchas tardes». Son cosas de los escritores. «Cuando visitaba al filósofo Cioran en París siempre me decía que las calles de San Sebastián le parecían como de una ciudad alemana. Me resultaba extraño, porque siempre hemos pensado en nuestro aire francés. Pero luego recordé que cuando se rodó en Donostia la película ‘La batalla de Inglaterra’ la Avenida de la Libertad se decordó con banderas nazis porque evocaba el Berlín de Hitler. O sea que sí debía tener ese aire...».

«Me gustan las ciudades de tranvías y adoquines. Un adoquinado es como una catedral tumbada» Harkaitz Cano, Escritor

Atxaga habló de algunos rasgos comunes a las ciudades, que simbolizó en el París donde pasó un tiempo de su vida. «Decía Baudelaire que basta una milla de mar para imaginar el infinito y, del mismo modo, basta unas horas de cruzarse con rostros desconocidos en una gran ciudad para imaginar el mundo entero». El escritor de Asteasu se siente «un depredador» cuando llega a una gran ciudad. «Es como la isla del tesoro: vas a Madrid a ver la exposición del Bosco o a Londres a pasear por el British Museum y vuelves a casa con la sensación de haber conseguido un botín en poco tiempo».

Los jubilados de las palomas

Bernardo Atxaga confiesa que Bilbao es su ciudad favorita, «el Bilbao que descubrí cuando llegué desde Asteasu para estudiar, con solo 18 años». Ese Bilbao de fábricas, que luego vería diariamente desde el tren en los años en que trabajó en Portugalete, perdura en su memoria aunque ahora vive en Vitoria y denuncia con energía «el abandono» que vive la capital alavesa en el entramado vasco, «con los autobuses que llegan por la mañana cargados de funcionarios que vuelven a sus lugares de origen cuando termina la jornada laboral». Esa falta de comunicación «provoca que nuestras ciudades sean menos vivas y menos interesantes».

Harkaitz Cano dice que San Sebastián «es un sitio para volver». O sea, que le gusta viajar y regresar a Donostia, «la ciudad donde descansar». Citando a Luisa Etxenike explicó que Donostia «es vivir la víspera: no vives hoy, vives ayer». El autor nacido en Lasarte considera que «las ciudades más civilizadas son las que han sabido conservar el tranvía y el adoquín», y reivindica el adoquinado como «una catedral tumbada» que dice mucho sobre una capital.

Una anécdota sirvió a Harkaitz Cano para resumir su visión de esta Donostia de precios caros, cines con nombres pretenciosos (Savoy, Astoria, Rex, Príncipe) y tanto afán por las apariencias. «Año 1990, calle Hernani, considerada una de las más caras por metro cuadrado de todo el Estado español. En el patio interior de la manzana dos jubilados echan migas para atraer a las palomas. Cuando llegan, las cogen... y a la cazuela. Pero si notan que alguien les ve, disimulan. Eso también es San Sebastián, así que igual no hemos contado todo».

Espías en la Belle Epoque

Borges e Italo Calvino son los escritores más citados por los arquitectos en las memorias que acompañan a sus proyectos, recordó Saizarbitoria. «Hay ciudades asociadas a la literatura: si uno pasea por Bloomsbury, en Londres, parece que Virginia Wolf va a salir al encuentro; hay zonas de París que sugieren el tiempo de Sartre y Simone de Beauvoir y calles de Madrid asociadas a Cervantes o Quevedo», dijo Saizarbitoria. Harkaitz Cano recordó que el propio Saizarbitoria ha situado su literatura mucho, bien y con naturalidad en San Sebastián. Cano es un fetichista que en Dublín, por ejemplo, compró las pastillas de limón que consumía Joyce en la farmacia que frecuentaba el escritor.

«Lo que más añoro del San Sebastián de antes es verme a mí mismo con menos años» Fernando Savater, Escritor

Savater opina que Donostia sería el escenario ideal para una aventura detectivesca a lo Agatha Christie, y Saizarbitoria citó la novela ‘Altas esferas’ de Mercedes Alonso, «un libro hoy descatalogado con espías en la Belle Epoque donostiarra». Aunque también recordó otra vieja frase de Jorge Oteiza. «San Sebastián es una vieja puta que se pinta los labios en verano para recibir a los turistas».

La ciudad de los bancos

«La visión de la ciudad va cambiando a medida que cambia tu vida», insistió Fernando Savater. Él recuerda el viejo Kursaal, donde veía películas de niño «y había que levantar los pies del suelo porque cuando subía la marea a veces el agua entraba». Y ahora que la artrosis le obliga a detener la marcha cada cierto tiempo «he descubierto que San Sebastián está llena de bancos».

«Con los años uno es su propia ciudad, y en su cabeza van entrando habitantes reales que ha conocido u otros imaginados», resume Atxaga. «Ahora hay muchos ingleses que piensan que Sherlock Holmes existió y que Churchill es un personaje de ficción», añadió Savater.

Al final las ciudades nos hacen y nosotros las hacemos. Atxaga lamenta que San Sebastián, con solo 200.000 habitantes, nunca podrá romper los estereotipos. «Eso pueden hacerlo grandes urbes como Londres». Las ciudades cambian y algunos lo disfrutan: a Harkaitz Cano le gusta ver por la noche cómo ‘dialogan’ el Kursaal iluminado y la nueva cúpula de Tabakalera.

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