«El reto ahora es la difusión internacional del cine vasco»

«El reto ahora es la difusión internacional del cine vasco»
Joxean Fernández | Director de Filmoteca Vasca

El archivo celebra su 40 aniversario con la inauguración hoy de sus nuevas instalaciones para los fondos, en un acto al que asistirá el lehendakari

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Tras su traslado en 2015 a Tabakalera, en la que es su primera sede en condiciones en sus cuarenta años de historia, Filmoteca Vasca inaugura hoy, con la asistencia del lehendakari Urkullu, los nuevos archivos para la conservación de sus fondos en la planta sótano del propio Centro Internacional de Cultura Contemporánea. Su director desde hace ocho años, Joxean Fernández, abre a DV los archivos de la Filmoteca y defiende la labor realizada por la entidad a lo largo de estas cuatro décadas, durante mucho tiempo en condiciones «precarias» y considera que los retos a partir de ahora pasan por «logra la difusión internacional del cine vasco y reforzar la restauración digital de los fondos».

- Aniversario, en el mejor momento de Filmoteca Vasca.

- Sí. Cuarenta años son muchos y son pocos al mismo tiempo. Filmoteca Vasca pasa por ser la primera de las autonómicas. En 1978, Peio Aldazabal y otros -pero en especial, Peio Aldazabal-, inician esta historia. Y no creo que peque de optimismo si digo que cuarenta años después estamos en el momento más ilusionante. Hemos venido a Tabakalera, hemos unificado el archivo, tenemos la posibilidad de mostrar en dos salas de cine algunos de nuestros tesoros, algo absolutamente básico que siempre he defendido por aquello que decía Henri Langlois, fundador de la Cinémathèque Française: «Para qué desenterramos tesoros si los volvemos a enterrar». Comparto esta filosofía. Deberíamos programar en todo el país si fuera posible y, en algunos casos, lo está siendo. Cuando inauguremos (hoy) el archivo hablaremos mucho de fondos fotoquímicos, pero el reto de la era digital ya está aquí. Así que, en términos generales, estamos en un momento muy ilusionante.

- Porque además, buena parte de la historia de Filmoteca ha transcurrido casi en términos de ‘clandestinidad’: en una pequeña sede, sin archivo unificado y en condiciones, sin programación y sin visibilidad.

- No sé si clandestina, pero sí precaria. Una buena parte de la historia de Filmoteca Vasca son dos empleados: Peio Aldazabal y Mari Carmen Ausan. Claro, precariedad... como muchas filmotecas, también debo decir. Se ha vivido en la no asunción clara de la importancia de la memoria audiovisual de un país y a esto le estamos dando la vuelta hace tiempo, hay sensibilidad por todas las partes. Ahí tenemos muchos retos porque es importantísimo que todo esto quede preservado. Las facturas del esfuerzo por la preservación son mucho más baratas que las de la desaparición. Eso se puede ver o no, pero es así. Mientras no se ve, vivimos en la ceguera, pero es seguro. Tenemos que hacer esfuerzos por preservar y hoy en día significa no sólo fotoquímicamente, sino digitalmente.

- En aquellos años, ¿se perdió algo de forma irreparable?

- No lo sé. Habría que preguntar a sus responsables en aquel momento. Al llegar a Filmoteca, siempre pensé que la sede de Sancho El Sabio no era la mejor. Euskadi es un país horrible para la conservación de cine, no tanto por las temperaturas como por la humedad y ha sido siempre difícil la conservación en condiciones adecuadas. No es lo mismo conservar cine en Albacete que aquí. Eso lo hemos ganado ahora con el nuevo archivo.

Además

- ¿Cuál ha sido el peor momento? ¿Quizás con el frustrado traslado de la sede a la fábrica de gas?

- En aquel momento yo aún estaba haciendo mi tesis, pero por los testimonios que he tenido dentro de la casa fue efectivamente un momento muy duro porque estaba todo muy preparado. Debió de ser duro. Dicho eso, estamos en otro punto, los tiempos han cambiado para bien. Estamos en Tabakalera, muy bien rodeados, y siempre he creído mucho en la colaboración. Estamos todo el día trabajando con el Zinemaldia, con el Instituto Etxepare, con Zineuskadi, con la Escuela de Cine o con el departamento de cine de Tabakalera. Hoy en día, Tabakalera reúne un ‘saber hacer’ respecto al cine inédito en el entorno geográfico cercano.

- A su llegada en 2010, se marcaba el reto de abrirla a todo el país.

- Y seguimos en ese empeño. Siempre ha sido accesible para los investigadores, pero no dejamos de colgar fondos en nuestra web, con más de 100.000 visionados, lo cual considero muy notable. Son fondos con cine amateur, depósitos familiares... Lo cual demuestra que la memoria audiovisual de este país interesa muchísimo.

- Desde ese punto de vista, ¿qué supone la inauguración hoy del archivo unificado en la propia Tabakalera?

- Va a permitir trabajar en la cercanía. Tener que ir a Oñati para conseguir una copia era un engorro. Además, nos va a permitir una catalogación exhaustiva de los materiales que tenemos y, de cara al futuro, nos garantizará mucha más agilidad a la hora de digitalizar los fondos. El hecho de que estén desperdigados nunca es bueno. Finalmente, hemos mejorado muchísimo en términos de control y supervisión de la temperatura y humedad.

- ¿Y para la sociedad?

- Lo que es bueno para Filmoteca Vasca es bueno para la sociedad. Vamos a conservar más y mejor la memoria audiovisual. Tenemos que hacer esfuerzos todavía en el enriquecimiento de nuestras propias colecciones. Siempre llamamos a la sociedad a que deposite aquí sus fondos fïlmicos y ahora, con mayor motivo porque las dos principales cámaras no están a reventar, sino que tienen un tercio de margen de crecimiento. También es verdad que no cabe esperar que lleguen depósitos gigantescos en 35 milímetros en los próximos años porque ese es un material muy precioso y muy escaso.

- Después de aquellos años de invisibilidad, ¿se siente Filmoteca Vasca valorada por la sociedad? Y en el caso de que no del todo, ¿qué más se puede hacer?

- Los pasos que hemos dado en programación y accesibilidad sí han mejorado nuestra valoración. Por ejemplo, acabamos de hacer el ciclo de cine y ciencia ‘Ahí fuera’ de la mano del Donostia International Physics Center (DIPC) y el Azkuna Zentroa, y ha ido muy bien. Ha sido el ciclo con más tirón entre el público y lo hemos hecho también en Bilbao, lo cual era también importante. También hemos hecho sesiones matinales para ikastolas y escuelas, y eso también es una filmoteca. Tenemos que hacer esfuerzos para transmitir esa cultura cinematográfica a las nuevas generaciones y así seremos más apreciados por la sociedad.

- ¿Cuesta que identifiquen a Filmoteca Vasca detrás de esas programaciones? En público, en general, se las atribuye a Tabakalera.

- Seguramente. La gente viene a ver buenas películas y es verdad, las identifican con Tabakalera. Fíjese: me parece un problema secundario. Estoy dispuesto a sacrificar esa parte de identidad si voy a ganar espectadores para el cine porque al fin y al cabo, el proyecto es compartido con Tabakalera o con Nosferatu. Es verdad también que nuestros criterios son muy claros: programamos patrimonio propio y cultura cinematográfica en términos de clásicos. Ésa es nuestra identidad y Tabakalera tiene otra. Los roles están bastante bien definidos. Dicho eso, que alguien venga un jueves y no sepa muy bien si la proyección la ha organizado Filmoteca o Tabakalera... pues bueno, ha venido y eso es lo importante.

- Es decir, que la intención es repetir la experiencia y poner en marcha nuevos ciclos en el futuro...

- Hemos acordado repensar algo para el año que viene porque hemos encontrado unos socios estupendos y en una sociedad a la que se le echan contenidos audiovisuales basura y a veces no pocas supercherías, nosotros hemos dado cine de calidad y ciencia. Y la gente ha respondido. Ver en las sesiones para escolares que las charlas producían un debate inmediato me pareció maravilloso. Pensé que de ahí van a salir varias generaciones de científicos y seguramente, también de cineastas o cinéfilos. Ése es el camino de una filmoteca. Ahí hay algo para el futuro.

- Hoy se cierra una etapa y se abre una nueva. ¿Cuál es el principal reto?

- A corto plazo y al margen de mejorar las colecciones, la preservación y la accesibilidad, el reto es la difusión internacional de cine vasco. Nos gustaría llegar más allá, ayudados por Etxepare, el Zinemaldia, y también tendremos que hacer esfuerzos en el ámbito de la restauración digital.

PROGRAMA 40 AÑOS

5 de abril:
‘Ama Lur’ (1968), de Nestor Basterretxea y Fernando Larruquert. 19.00 horas.
12 de abril:
‘Faraón’ (1966), de Jerzy Kawalerowicz. 19.00 horas.
15 de abril:
‘Karramarro Uhartea’, (2000) de Joxean Muñoz y Txabi Basterretxea. 11.00 horas.
19 de abril:
‘Álava, Vitoria y su Caja de Ahorros y Monte de Piedad’, ‘Ocharcoaga’, ‘Estropada Berria’, Carboneros de Navarra’ e ‘Ikuska 14’. 19.00 horas.
26 de abril:
Cortos de Kimuak: ‘La guerra’, ‘Éramos pocos’, ‘On The Line’, ‘Minerita’, ‘Zarautzen erosi zuen’ y ‘7,35 de la mañana’. 19 horas.
Entradas:
3,5 euros.

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