Pasan cosas (muy) raras en Pamplona

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Hoy termina la duodécima edición de Punto de Vista, posible y probablemente la reunión, akelarre y fiesta cinematográfica más en los márgenes de todo lo conocido que haya en varios cientos de millas terrestres a la redonda. Aquí se proclama indistinta y simultáneamente la muerte del cine y su futuro más virulento, ácrata y pirata. Y quien anuncia su muerte y quien habla de cine salvaje, cine imposible, cine porcino, cine fraudulento, cine silente, cine sin imágenes, cine hacker, cine hackeado, cine sin soporte, cine ruido comparten los interiores y exteriores del Palacio Baluarte y del Polvorín de la Ciudadela con 4.000 fans de Amaia, apiñados durante horas en la explanada frente al Corte Inglés para que ella les firme discos y revista.

Aquí las mujeres cineastas (tantas, cada vez más y más y más…) que llegaron a la Taconera a últimas horas del jueves 8 cogieron los lazos morados que sus compañeras de género habían anudado en las verjas de la villa sede de la Mancomunidad de Pamplona, se los prendieron en la ropa y se fueron a atacar directamente y sin ninguna pena visible la muy glorificada, muy épica, muy venerada Ama Lur, la película de Néstor Basterretxea y Larruquert estrenada en 1968 en el Festival de San Sebastián, considerada todavía hoy hito y mojón del imaginario vasco. ¿Y por qué Arantza Santesteban, historiadora, diplomada en Cine, autora junto a Irati Gorostidi de ese poderoso Euritan, una de las joyas del catálogo de Kimuak, hizo el otro día en Pamplona una lectura crítica de la representación cultural presente en el filme mítico? Pues entre otras cosas porque no hay en él casi presencia femenina y por lo dicho: así que pasan los años se sigue vendiendo como epítome mágico de la idiosincrasia vasca.

Y va a ser que no, que en 2018, ahora que lo mismo se proclama la muerte del cine que se filma con teléfonos y se cuestiona mismamente la esencia suprema de las identidades de género, sexo, etnia y demás, algunos exigimos otras maneras de representar el mundo . Y también de representarnos.

Pasan cosas (muy) raras en Pamplona, donde la maravillosa, autogestionada y feroz librería (y más) Katakrak acaba de editar, traducida al euskera por Amaia Apaulaza y Aroa Uharte la novela Filiala, de un escritor ruso marginalmente soberbio y casi macarra cuya biografía convertida en celuloide fue uno de los puntazos de la pasada Berlinale. Él era, es, Sergei Dovlatov. Por cierto, Katakrak ya no está sola. Hace nada que en la Avenida Baja de Navarra abrieron Deborahlibros, lugar conectado íntima y espectacularmente con las librerías Tobacco Days de Donostia y Brönte de Irun.

Pasan cosas (muy) raras en Pamplona donde en la cartelera diaria triunfa Errementari de Paul Urkijo desbancando al Loving Pablo de Aranoa, Bardem y Cruz. Se presenta en público la Escuela de Cine Elías Querejeta, la que empezará a impartir lecciones, mixtificaciones y paradojas de celuloide y digital en septiembre en Tabakalera y los productores donostiarras de Zazpi t´erdi defienden ante el público y el jurado de Punto de Vista su propuesta para conseguir los dineros y los apoyos para rodar un ensayo de ciencia y no ficción en Navarra. Sería la historia de alguien, ‘alguienes’ que vuelven del futuro anterior buscando huellas humanas en una Tierra deshabitada.

Pasan cosas (muy) raras en Pamplona. Una sevillana, María Cañas, auténtica crack de cuarenta y tantos años, rebelde porque el mundo la hizo así, vegana y animalista, ladrona, hacker, filibustera de imágenes ajenas triunfa con La Cosa Vuestra, 40 minutos devastadores sobre los sanfermines donde no queda títere con cabeza y donde se escucha una jota de las que no se escuchaban hasta ayer mismo: ¡¡¡ ’25 mujeres, 50 tetas; si multiplicas por tres son 150…’!!!!

Pasan (demasiadas) cosas raras en Pamplona a unas horas de que acabe la edición duodécima de Punto de Vista, Festival Internacional de Cine Documental de Navarra. En la clausura, Mursego y Harkaitz Cano musicarán y poetizarán A Pamplona City Symphony, retrato filmado en Super8 de la capital del Reyno, parte de un proyecto, un sueño, un laboratorio nacido en Los Ángeles.

Pasan (tantas) cosas raras en Iruña a unos instantes del fin de Punto de Vista. Quien dice que el Cine ha muerto y el digital es un asco es un clochard barbudo, casi anciano y vanguardista llamado Adams Sitney. Quien nos ha permitido oír el sonido rasposo y sentir la fragilidad inmediata de las imágenes en Super 8 ha sido Helga Fanderl, capaz de jugar en directo con los cambios de foco y de velocidad de filmación. Jugar tan delicadamente, tan enamorada de la materia de los sueños que es aquel dolido celuloide. Tan enamorada de su viejo proyector.

Hay todo un mundo y varios universos el 16 mm de algunas de las obras de Mekas, Lowder y Lapore (viajes y canciones del siglo XX) a los teléfonos móviles con los que chicas y chicos se fotografiaban con Amaia mientras unos cuantos militares, uniformados de camuflaje (sic) hacían cola en la cafetería exterior del Festival para tomarse unos cafés. Pero es que pasan cosas (muy) raras en Pamplona a unas horas de que Carlos Casas y Xabier Erkizia nos inviten a deambular por su ensoñación sonoro- visual Avalanche. A unos minutos de que José Antonio Sistiaga comente en directo su Encuentros 72, Pamplona, un documento de vanguardia recuperado en esta ciudad donde siguen pasando cosas extraordinariamente raras.

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