El mundo sería más aburrido sin Jean-Luc y Terry

Palma de Oro para Hirokazu Kore-Eda por 'Shoplifters'. /REUTERS
Palma de Oro para Hirokazu Kore-Eda por 'Shoplifters'. / REUTERS

Cannes regaló su Palma a una película que se parece a otras tantas

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Sucede todos los años y todos los años lo contamos: hay un momento durante el festival, un día, unas horas, un instante alargado hasta que se desvela el secreto del palmarés en que este lugar , al que muchos acudimos para sentirnos zarandeados, apaleados, cuestionados por las imágenes y los sonidos, enloquece.

Se empieza a notar como una ligera brisa, como un soplo de mistral que es el viento malicioso de la Costa Azul, hermano alpino de la tramontana. Lo sientes, lo hueles, lo oyes. Alguien empieza a susurrar un título y otro alguien murmulla 'Palma de Oro'. Alguien aplaude y otro alguien llora o ríe. Al final, la brisa se convierte en vendaval huracanado y acaba habiendo cuchilladas para entrar en la sala (gigante) que proyecta, por última vez, la película en cuestión.

Este año sucedió, y de qué manera, con 'Capharnaüm' firmada por una directora y guionista libanesa que además es activista ciudadana dentro de una lista municipal llamada 'Beyrouth ma ville'. Candidatura que en las elecciones de 2016 consiguió el 40% de los votos. Ella es Nadine Labaki y en 2007 amamos más que bastante su Caramel.

Contaban en bares como La Terrasse, frente al mercado de frutas, flores, pescados y delicias provenzales y en los mostradores interiores del palacio donde Nespresso, patrocinador oficial del Festival International du Film, que la presidenta del jurado, Cate Blanchett, había llorado a mares con esta historia de niños que vagan por las calles de Beirut porque sus padres amén de pobres pobrísimos son malos malísimos. La proyección en sesión de gala se terminó con diez minutos de atronadores aplausos y el público (enjoyado, bien vestido, riquísimo) puesto en pie.

Nos temimos lo peor, nos temimos la Palma de Oro para este pedazo de cine que no es sino, como han escrito ya varios, puritita porno miseria magníficamente montada (lo valiente no quita lo cortés) por Konstantin Bocky Laure Gardette.

Nos temimos lo peor, nos temimos la Palma de Oro para 'Capharnaüm', puritita porno miseria

Nos temimos lo peor, la Palma, pero alguien en el jurado debió rebajar tanto entusiasmo desbarrado y todo quedó en un Premio de, precisamente, el Jurado.

Respiramos tranquilos… hasta que oímos el nombre del ganador del Oro 2018: Hirokazu Kore-Eda por 'Shoplifters', una película que se parece como una gota de agua a otra a sus anteriores obras, 'De tal padre tal hijo', 'Después de la tormenta…' y no añade nada al Cine. Curiosamente, la próxima película del autor de Still Walking (adorado por y en el Zinemaldia) será 100% francesa, con la Deneuve y la Binoche.

Cannes había enloquecido, también, ante de 'Capharnaüm'. Fue con 'Cold War' de Pawlikowski. Esa sí merecía la Palma y el arrebato. Al menos, el trofeo a la Mejor Dirección certifica que aquí sí, aquí el autor de 'Ida' ha hecho cine del bueno y del grande.

Hirokazu Kore-Eda ganó la Palma de Oro por 'Shoplifters', una película que se parece como una gota de agua a otra a sus anteriores obras y no añade nada al Cine

Más allá de los galardones del jurado presidido entre llantos por la gran Blanchett, siempre nos quedarán 'Asako', 'Akiya', 'Un couteau dans le coeur', el 'Climax' del irredento Gaspar Noé y, por supuesto, 'Girl', un filme de verdad, hecho con la verdad por delante sobre un chica, una bailarina envuelta en un cuerpo masculino.

Y luego, claro, está Terry Gilliam y su 'The Man Who Killed Don Quichotte'. Acaba de levantarse la veda para insultarla, despedazarla y escribir que ojalá no hubiera podido ni hacerla ni terminarla. ¿Qué quieren que les diga o escriba? Aunque a veces resulta ciertamente un auténtico sin dios cinematográfico, yo estoy con el crítico de 'The Guardian' que escribió anoche: «el mundo sería más aburrido, yermo e incoloro sin él, sin Terry Gilliam».

Nos quedan recuerdos. Más allá incluso de la memoria del Gran Viejo, de ese Godard rabioso que hace 50 años se colgó del telón del palacio para interrumpir las proyecciones porque era mayo, mayo del 68 y en 2018 recibe, sarcástico e inconmensurable en su (mal) genio una Palma especial.

Nos queda imagen de los ferroviarios en huelga que el viernes intentaron tomar La Croisette al grito tan revolucionario de '¡Al Palacio, Al Palacio!' Fueron dispersados con botes de humo por los GRS.

Mañana, los universitarios franceses vuelven a la huelga. Los exámenes no se realizan. Es mayo de nuevo. Mayo 2018.

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