No hubo supervivientes en el Halloween Maratoia

No hubo supervivientes en el Halloween Maratoia

La Noche de Halloween llegó también a la Semana de Cine Fantástico y de Terror con el tradicional concurso de disfraces

Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Todo empezó con la furiosa tranquilidad de las veintisiete precedentes ediciones de la Semana de Cine Fantástico y de Terror. Pasada la medianoche, cientos de horrorositos tomaron posiciones en el Principal llevando entre las manos la bolsa de nutritiva sangre gentileza de uno de los patrocinadores del Akelarre 28: Super Amara. Etiquetada como ‘100% Giza Odola’ se tratataba realmente de un superalimento estrictamente vegano compuesto en un 43,7% de zumo de remolacha y en otros altos porcentajes de distintos purés: mango y manzana. Amén de otros cinco zumos energéticos y reguladores del color: tomate, goli, granada, limón y más manzana. El 0,1% restante lo constituía un extracto de pimienta.

La fiesta de la noche de Todos los Santos empezó con las risotadas y denuestos acostumbrados ante, durante y tras el estreno de ‘Epidemía’ un corto puro ‘condemor’ perpetrado por un pecador de la pradera, Alejandro Portaz, a quien la muchachada arrancó la promesa de que volverá en 2018 en compañía del auténtico protagonista en la sombra de dicho filme ¡Chiquito de la Calzada!

Inmediatamente después se pasó al eternamente nefasto Concurso Internacional de Disfraces presentado (como casi todo lo demás hasta que, cual el resto del personal, falleció en escena) Mirian Cabeza y animado no solo por un motorista con casco pero sin moto sino por Itziar Castro que se autodefinió como ‘la actriz más gorda de España’ y por serlo reclamó de los horrorositos más furia, más aplausos, más carnosidad y más de todo. Itziar, protagonista de la arriesgada ‘Pieles’ y de la pírrica y emblemática ‘Matar a Dios’ se presentó igualmente como una criatura nacida en Cataluña de familia gallega y nombre vasco. Por lo tanto, entre el vocerío y alguna promesa de ‘¡Votarem’! reivindicó la independencia de... sus tetas.

El público aulló y aplaudió hasta desollarse las manos para que el concurso lo ganase el ser humano alias ‘Palote’ disfrazado de árbol con mucha rama y ninguna hoja. Como los espectadores son soberanos, así se hizo mientras que el jurado oficial (desautorizado continuamente desde el palco de butacas y gallinero) se arrogó el derecho a premiar igualmente con un abono gratuito para la Semana venidera, la 29, a otro extrañísimo personaje que juraba ser la ‘Notre Dame Queen’, es decir, la versión femenina de Quasimodo.

Y de pronto, ¡Jesucristo!

Andaba Mambrú, ínclito realizador de historias de amor entre donostiarras y japonesas, por el escenario con la cámara a cuestas, llevando de becario nada improvisado a una de las joyas de la cantera de la Semana, el irunés Alberto. Pasó entonces lo inesperado y comenzó la hecatombe que provocaría la aniquilación de todos los asistentes al Halloween Maratoia. Tras una dilación en el ‘timing’ de la sesión debida a un problema de ‘rating’ en la proyección, resultó que el mismo Jesucristo apareció en escena encarnado en Alan Hoffmanis, protagonista de la primera película ugandesa vista en esta muy noble y muy leal ciudad, ‘Bad Black’, distribuida en toda Europa por Daniel, un frikísimo ‘freak’ catalán surgido del centro cívico Cotxeres-Casinet de Barcelona donde se proyecta cine de horror a tutiplén desde hace dieciseis años.

Cristo (hijo del mismo Dios que al día siguiente se empeñarían en matar en la peli protagonizada por Itziar) estaba acompañado de un soldado encargado de rociar la sala de patógenos del ébola. La Horrorosa y sus hijos estaban sentenciados. Pero había que morir espectacularmente porque todo iba a ser grabado y constituiría la materia prima de la siguiente producción ugandesa. El público, entusiasmado ante la idea de que no hubiera mañana, se estrelló contra el suelo, se estampó contra las puertas, pusó cara de estar muy infectado y perjudicado, se desparramó, licuó y falleció. Solo sobrevivieron quienes bebían en el bar. Las proyecciones continuaron hasta el amanecer. Entre cadáveres y almas borrachas de ébola y celuloide.

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