Diario Vasco

El ex ministro de cultura y la gran Milena

La diseñadora italiana de vestuario Milena Canonero posa con el Oso Dorado Honorario.
La diseñadora italiana de vestuario Milena Canonero posa con el Oso Dorado Honorario. / EFE/PASCAL LE SEGRETAIN
  • Berlín y la Berlinale conforman un vero e intransferible sistema solar hoy tamizado por una frágil lluvia.

Pasan cosas en Berlín y en la Berlinale que no están sucediendo en otras galaxias porque Berlín y la Berlinale conforman un vero e intransferible sistema solar hoy tamizado por una frágil lluvia.

Puede suceder y de hecho sucedió el jueves más allá del mediodía que irredentos cinéfagos cojan autobuses y metros no subterráneos; caminen por las riberas del río, atraviesen patios y jardines deshauciados para asistir a la charla que Raoul Peck impartió en el burbujeante ambiente de ‘Berlinale Talents’, auténtico y fragoroso campus para jóvenes absolutamente preparados para un día (no tan lejano) ser cineastas (lo son ya, solo les falta… ¿dinero, medios, más coraje, historias?).

Raoul Peck es una criatura inmensa. Un pensador. Un hacedor. Un militante de cien luchas, todas verdaderas. Fue ministro de cultura en y para su país, Haití. Su flagelante documental ‘I am not your negro’, que recupera los pensamientos más feroces y a la vez tan firmemente aquilatados de aquel ser tremendo que fuera el escritor (y más) James Baldwin es finalista en los Oscars y aquí la gente mataría por una entrada para cualquiera de las proyecciones programadas. A concurso ha presentado ‘The Young Marx’, sorprendente y fallida (creo) mirada en torno al autor de ‘El Capital’. Raoul estudió cine en este Berlín. Con Agnieszka Holland, Kluge, Kieslowski. Raoul preside La Femis, una de las grandes escuelas de París.

El director de cine Raoul Peck.

El director de cine Raoul Peck. / FE/EPA/IAN LANGSDON

Raoul, en este Berlín y esta Berlinale donde suceden cosas que hoy no están sucediendo en ningún otro lugar habló de la paciencia que ha de tener quien hace documentales. Paciencia para acercarse a eso, ese, esa que desea sea el sujeto/objeto de su trabajo. Paciencia, sinceridad. Respeto absoluto no solo por el tema sino por la forma que hay que darle al mensaje.

También advirtió a los estudiantes que cada uno de los cortos, los anuncios, los clips, las películas que hagan les pasarán factura. ¿Para mal? También para bien. Las imágenes más nimias que filmen serán su bagaje y por ellas les conocerán. Nada es en balda, nada fortuito. Acaso un día se acerquen a alguien, desconocido, buscando ayuda, complicidad para un proyecto y tal vez ese alguien recuerde que vio algo suyo en una presentación hecha aquí, en los edificios ribereños donde se celebra el Talent Campus.

Reconocimiento a una carrera

Si no fuera en la Berlinale, ¿dónde escucharíamos a Wes Anderson destrozar el idioma de Goethe y Marlene en un video mensaje tronante? El fantástico, fabuloso y fascinante director de ‘Gran hotel Budapest’ o ‘Moonrise Kingdom’ no está aquí pero quiso recordarle su amor, pasión y admiración a Milena Canonero que sí ha venido porque aquí ha recibido el Oso de Oro Honorífico que rinde pleitesía a toda una carrera. Wes apareció en la pantalla del Berlinale Palast y gamberro pero emocionado leyó, en alemán de Houston, grandes cartelones donde reverenciaba el trabajo de quien ha creado mil universos hoy icónicoss con tejidos y texturas imposibles.

Milena (cuatro Oscars, nueve nominaciones) es la diseñadora de vestuario (y mucho más) de ‘La naranja mecánica’, ‘Barry Lyndon’, ‘Maria Antonieta’… Y de ‘El resplandor’ que fue magnificiente y aterradoramente proyectada en la ceremonia en la que le entregaron el oso dorado a Milena. Solo desde Berlín y desde la Berlinale pudimos el jueves en la noche negra volver al pasillo que lleva a la habitación 237 del Hotel Overlook y temblar una vez más. Solo aquí puede resonar, impía, la banda sonora de Wendy de Carlos. A unos pasos de la sede de la Philarmonie donde hoy tenemos cita con una ópera cruel y sagaz,’El gran macabro’ de Ligeti, uno de los compositores aamados por Kubrick.

Solo aquí, claro. En Berlín-Berlinale. Aquí donde ¿quién sabe? Tal vez un sorbo de champagne que se vuelve amargo obtenga algún premio. Es una pieza de cámara, un divertimento algo cruel. Son los 77 pasmosos minutos de ‘The Party’ de Sally Potter.

Ha sido aquí, en Berlín donde Kaurismäki confesó que quiere dejar el cine. Quizás para gozar en y de sus viñedos portugueses. No importa, siempre nos quedará su última sutil, humorada en azules y rojos, agridulce, tan moderna y a la vez arcaica ‘The other side of happiness’. Aquí. En y desde Berlín.

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