Diario Vasco

Volker concursa, Álex no

Un actor disfrazado de soldado estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, en el llamado Puesto de Control Charlie en Berlín
Un actor disfrazado de soldado estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, en el llamado Puesto de Control Charlie en Berlín / EFE
  • Hay mucho cine en esta ciudad en estos días. Cine pequeño que se engrandece en las pantallas que lo reciben

Está hermoso Berlín estos días. Algunos estanques continúan helados y en la orilla izquierda del río Spree a su paso bajo el puente de Postdam la nieve acumulada aquellos días de frío oscuro, coagulada ya, se vuelve negra. Hace sol en Berlín y por la noche las grúas señalan las estrellas solitarias en este cielo tan puramente cinematográfico. Brillan las cervezas doradas en las terrazas de la Marlene Dietrich Platz , terrazas de las que se enseñorean elegantes y melancólicos galgos afganos que comparten espacio con otros ejemplares también únicos; Alemania, Berlín en particular es uno de los lugares de Europa que con más pasión acoge a los galgos españoles rescatados de las manos y las sogas de algunos cazadores impíos. Aquí, entre el palacio de la Berlinale, el complejo cinematográfico Cinema XX y la legendaria sede de la Philarmonie, esas criaturas veloces descansan señoriales mientras por los inmensos carteles el oso, símbolo de esta ciudad siempre cambiante, siempre amigable, se pasea fantasmal entre edificios y lugares que las películas nos enseñaron a amar, la Alexanderplatz, por ejemplo.

Hay mucho cine en esta ciudad en estos días. Cine pequeño que se engrandece en las pantallas que lo reciben. Cine hecho a trancas y barrancas, incluso a través de cheques y donaciones (a la antigua, sí, nada de micromecenazgo ni crowfunding) como ese buen, sentido y bien llevado documento sobre Chavela Vargas presentado en la sección Panorama. Huele a tequila, a humo de buenos cigarros y a ese amor que hubo un tiempo que no se atrevía a decir su nombre pero que las directoras del filme dejan muy claro ya en su página web: la Vargas cantó en la boda de Liz Taylor con Mike Todd pero antes de que la fiesta acabara huyó... en compañía de ¡Ava Gardner! Buen gusto el de las dos.

Cine pequeño que se abre paso hasta los ordenadores de los cinéfagos que peregrinamos a la ciudad del Wenders que un día tanto amamos, del Fassbinder que aun nos fascina. Es el caso de ‘Discreet’, firmado por Travis Mathews, otra de las joyas (esta opaca, turbia) de Panorama. Historia de venganza, sexo no consensuado, y criaturas humanas partidas en mil pedazos luce enfermiza pero potentísima en esos paisajes desolados y descarnados de una América que ya dejó de soñar.

Sabedores sus productores que títulos como este se perderán en el glorioso maremagnun fílmico de la Berlinale, envían enlaces a los acreditados y así nosotros contemplamos en la intimidad de una pensión , en una bocacalle de laKu´dam obras magníficas tal que ‘Ceux qui font les révolutions à moitié n´ont fait que se creuser un tombeau’, impresionante y doloroso fresco sobre jóvenes rebeldes (con demasiadas causas para serlo) de Québec. Recuerda, claro, a Bertolucci, Assayas y grandes y muy políticos títulos italianos, pero su rabia y su inteligencia le pertenecen totalmente.

Mostenses no es Montauk

El siglo pasado, Volker Slöndorff era para muchos de nosotros el irreductible director de ‘Alemania en otoño’, ‘El honor perdido de Katharina Blum’ o ‘La repentina riqueza de los pobres de Kombach’. Ayer, en la inmensa pantalla del Berlinale Palast su ‘Return to Mountauk’, descubrimos no sin tristeza que hoy le gusta el cine a la neoyorquina, a lo Woody; el cine caro, lujoso, con personajes que sufren mucho en ambientes de ensueño.

Quizás por eso, por la desilusión de Mountauk, fuimos tan felices en ese bareto de la madrileña plaza Mostenses (no demasiado lejos de Debod y Conde Duque) donde Álex de la Iglesia y su cómplice guionista Guerricaechevarria encierran a Mario Casas, Blanca Súarez, la Machi y los demás mientras afuera el mundo parece haberse acabado para siempre jamás.

‘El bar’ acaso no sea ‘La comunidad’ y y tal vez no deberían haber citado en el dossier de prensa a Buñuel y Carpenter pero por todos los demonios que es fast, very fast y furious, very furious. Enrabietado, costumbrista, malsano,perverso, apocalíptico y bíblico. Un espectador anglosajón, indignado, estalló en los títulos de crédito finales y gritó, pronunciando muy bien la palabra en castellano What a piece of mierda! Aparte de que no lo es, si lo fuese, es mierda sabrosa, carroña nuestra y cine de ese que si te pica, te rascas. Aunque la infección se extienda. Porque estar, está envenenado.

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