Diario Vasco
El director de cine Albert Serra, en el hotel Astoria.
El director de cine Albert Serra, en el hotel Astoria. / MIKEL FRAILE

Albert Serra: «Es un retrato de la banalidad de la Corte, pero también de la muerte»

  • Tras seducir a la crítica en el Festival de Cannes, la película 'La muerte de Luis XIV' será presentada mañana en Tabakalera por su autor

Colección moda técnica para hombre y mujer

Hasta 80%

¡Semillas, macetas, herramientas y mucho más!

Las mejores marcas a los mejores precios

Moda casual para hombre y mujer

Hasta 70%

Deportivas para toda la familia al mejor precio

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección en piel de bolsos y zapatos de diseño

Hasta 70%

Selección de botas, botines y zapatos para mujer

Hasta 70%

Calzado de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Calzado de piel al mejor precio

Hasta 80%

Moda casual para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera para hombre y mujer

Hasta 70%

Diseños exclusivos en bolsos de piel

Las mejores marcas a los mejores precios

Joyas y relojes para hombre y mujer

Hasta 70%

Selección de marcas especializadas en outdoor

Las mejores marcas a los mejores precios

¡Encuentra la cazadora que se adapta a tu estilo!

Hasta 90%

Moda casual para mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Bolsos de piel made in Italy

Hasta 80%

Relojes de moda para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

¡La moda que más te gusta al mejor precio!

Hasta 80%

¡Viaja con estilo!

Hasta 80%

Deportivas, botas y zapatos para hombre

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera al mejor precio

Hasta 80%

Accesorios y gadgets electrónicos

Hasta 90%

Viste tu cama con la Denim más reconocida

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de moda para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes y brazaletes inteligentes

Hasta 80%

Cosmética de calidad al mejor precio

Hasta 90%

¡El calzado de moda a tus pies!

Hasta 70%

Complementos y juguetes eróticos.¡Mantén viva la pasión!

Hasta 80%

Cineasta personal como pocos, figura siempre provocativa, admirado en festivales como Cannes, donde se presentó su debut 'Honor de cavalleria' (2006), ganador del Leopardo de Oro en Locarno con 'Historia de la meva mort' (2013), el director catalán Albert Serra llegó a lo más alto, la sección oficial de Cannes, el pasado mayo con 'La muerte de Luis XIV' (2016) la película que presentará mañana en Tabakalera en un pase especial, a las 19.00 horas. Además, el domingo ofrecerá una masterclass a las 12.00 horas, también en Tabakalera, en la sala Z, sobre la tecnología digital y su irrupción en la mirada de los cineastas contemporáneos.

- Hace casi tres años estuvo en San Sebastián, presentando en el Trueba 'Historia de la meva mort' y ante el público despotricaba contra los actores profesionales. Pero ahora cuenta con Jean-Pierre Léaud como gran estrella de 'La muerte de Luis XIV'. ¿Qué ha cambiado?

- No ha cambiado nada. No me refería tanto a los actores profesionales por su profesión en sí, sino a que la mayoría son medio idiotas y no me gustan como personas. Me refiero a un cierto tipo de actor que es el más habitual en España y que es básicamente un indocumentado que trabaja en la televisión y esas cosas. Pero en este caso he hecho 'La muerte de Luis XIV' en Francia y allí la situación no tiene nada que ver, porque en España los actores son bastante pobres a nivel humano y a nivel artístico. Pero la metodología que he aplicado ahora a los actores profesionales es la misma que antes, y son ellos los que se han adaptado a mi sistema, y no al revés.

- ¿Cómo se le ocurrió que Jean-Pierre Léaud era el actor adecuado para interpretar a un Luis XIV postrado en la cama, agónico y casi inmóvil?

- No estuve buscando un actor que pudiera hacerlo, yo tenía una aproximación personal y hasta cierto punto íntima con Jean Pierre, lo conocía hace tiempo y no imaginé a nadie más que a él en este papel. Lo escogí de la misma manera que a los otros actores no profesionales con los que trabajé en mis películas anteriores, no por su capacidad artística, sino por esa fraternidad que había entre nosotros. Y muchos de los actores que aparecen en 'La muerte de Luis XIV' son amigos o gente del pueblo donde rodamos.

- A la hora de crear el personaje, ¿también aplicaron esa fraternidad?

- Mi método de trabajo se basa en la incomunicación con los actores, nunca hablamos del personaje, no tuvimos ninguna conversación previa más que para explicarle el dispositivo técnico que yo utilizo, con tres cámaras. Parece que él en su casa sí se preparaba cosas, pero lo que yo hago es aprovecharme 'in situ' de lo que me encuentro, de su personalidad, de lo que surge a partir de lo que se ha preparado, de su vanidad... No hay una construcción del personaje o del guion, porque a mí me interesa mucho la persona, el actor en sí, sintiéndose vanidosamente filmado.

- ¿Qué hay de fantasía y de realidad en lo que se cuenta de la agonía de Luis XIV?

- Yo diría que el 99% son hechos históricos, lo establecido por las crónicas de la época. Yo me tomé pequeñas licencias poéticas en la dirección artística o algún detalle de puesta en escena. Y es muy fiel a la atmósfera de la época, la progresiva decadencia, la impotencia de los médicos, el dolor, el abandono final... Pero a mí me daba un poco igual ser más o menos fiel a la Historia, mientras no quedara demasiado extemporáneo o grotesco. Busco sobre todo una verdad artística. En todas mis películas busco una mezcla de iconoclastia y respeto. Iconoclastia para crear algo vivo, en presente, para hacer vivir un pasado pero en tiempo presente, que no sea solamente una suma de clichés. Y para eso necesitas crear una verdad. El único Luis XIV a tiempo real que vas a poder conocer es el mío. Es como hacer carne verdadera de una abstracción que teníamos en la mente. Todo lo que está sucediendo lo tienes delante de ti, es una potencia del tiempo presente que se acerca un poco a la idea de performance en el arte contemporáneo.

- La agonía normalmente se elude, pero usted la mira de frente, casi sin elipsis.

- Exacto, como testigo muy cercano. Es casi un diálogo de él con su muerte, compartimos siempre su punto de vista, no lo abandonamos casi nunca. Un diálogo muy íntimo, muy realista, muy crudo y con toda la complejidad, incluido el gran misterio del hecho de la muerte... Y creo que lo bonito de la película es que Jean-Pierre Léaud consigue recolectar toda esa complejidad en su rostro.

- También hay un punto de humor en todo lo que rodea al rey...

- Eso también es muy fiel a la realidad, pero aun así hay un poco de exageración hasta lo grotesco. Es mi estilo, mezclar lo irónico con lo serio, quitarle la gravedad al asunto, para que no sea una película muy engolada o ensimismada. El tema de la película también es esa banalidad de la pompa de la Corte ante la muerte, pero además es un retrato de la banalidad de la muerte en sí misma, puedes tener una aproximación espiritual, pero no deja de ser un final físico, material, de un cuerpo que te abandona y punto y final.

- ¿Hay una lectura política sobre la putrefacción del poder?

- No hay un lectura política a priori, en el sentido de que yo quiera decir algo concreto. Construyo las películas muy en presente, y los significados posteriores me sorprenden a mí mismo. Sí hay una idea estética muy potente que es la impotencia absoluta del cuerpo enfermo frente al poder absoluto.

- Cuando le dicen que es la película más 'normal' de las que ha hecho hasta el momento, ¿qué le sugiere?

- No sé, si a la gente normal le gusta más que las otras, será que es más normal... Intenté lograrlo al máximo. Pero que no se preocupen los que les ha gustado esta, ya les voy a dar bastante por el culo con la siguiente, que no se hagan ilusiones...

- Pero sí que tiene una acción más reconocible...

- Más que nada porque la unidad de tiempo, espacio y acción hacen que la película sea totalmente homogénea. Las excentricidades que me permitía en las otras provocaban que a veces la gente desconectara o le parecieran demasiado herméticas. Pero en esta todo tiene su razón de ser, quizás porque todo pasa en el mismo sitio. Sí que tiene un pequeño mérito que a pesar de algunos pequeños trucos de montaje, sobre todo en la segunda parte, y soluciones bastante originales desde mi punto de vista, que juegan con lo repetitivo, la película no se hace aburrida, incluso para la gente menos avezada o proclive a interesarse por este tipo de cine. Hay una tensión o un misterio que aguanta hasta el final. Estoy particularmente orgulloso de haber conseguido que un contenido un poco duro sea siempre interesante.

- Tiene fama de 'enfant terrible' pero en Cannes parece más bien el niño bonito, desde el comienzo se han interesado por su cine y lo han seleccionado en distintas secciones, de la Quincena a la Oficial. ¿Cómo lo logra?

- Soy un director que soy hijo de mi tiempo, como otra gente que desde mediados de la década pasada fue a fondo con las posibilidades de la nueva tecnología digital, de una manera muy desprejuiciada, y también con el imaginario propio, se despreocupan de cualquier forma de academicismo, y consiguen irrumpir en el cine contemporáneo enriqueciéndolo de la misma manera que otros autores lo hicieron en los 60 o los 70. Nunca estudié cine, no conocía a nadie del mundo del cine, me produje mi primera película y la cogieron en Cannes por azar. Y a partir de ahí todo se encadena de manera lógica. Lo importante es hacer tu cine, con todo un pasado asimilado, pero no como un pasado que se venera y se copia. Yo metamorfoseo ese pasado y lo mezclo con lo mío, tratando de que lo mío sea mucho más importante. Y esto da como resultado estéticas más intensas, complejas y ricas que las del cine académico, tanto el comercial como el que nace en las universidades. Yo vengo de la nada y con mi propio salvajismo, me desenvuelvo y me basto.

- Hay quien dice que se ha montado un personaje daliniano para epatar. ¿Se considera honesto?

- Hombre, claro, si soy el mejor, cómo no voy a ser honesto... Te puedo repetir una frase que dije en una entrevista y tuvo mucho éxito: «Yo soy como Willy Toledo, completamente inmune a lo que digan de mí». Es que me da igual, a ver si hay alguien como yo que demuestra con su estética que con pequeños avances y retrocesos, aciertos y errores, siempre sigue una línea completamente personal... No se puede decir eso de nadie más en España, aparte de Almodóvar, que sí que ha sido fiel a sí mismo siempre.

- ¿Pero no tiene ningún amigo en el cine español, alguien con quien se sienta conectado?

- Solo gente del pasado, aunque están en activo, como Pere Portabella y Adolfo Arrieta, que son los dos con los que tengo trato habitual y personal. Pero de las jóvenes generaciones, a pesar de que conozco a algunos del cine gallego, por ejemplo, no veo a nadie con este grado de ambición que yo tengo. No me he sentido unido a nadie.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate