Diario Vasco

Pablo Malo vuelve al cortometraje para rodar un relato con la homofobia de fondo

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Pablo Malo da las últimas instrucciones antes del rodaje de una escena de 'Tarde para el recreo' en el interior de un vehículo. / USOZ

  • 'Tarde para el recreo' reúne unas circunstancias especiales que sedujeron al realizador

  • El galardonado director donostiarra aceptó la propuesta de un grupo de inversores ajenos al cine para escribir y dirigir un guion sobre este tema

Tres lustros después de despedirse del cortometraje con el multipremiado 'Jardines deshabitados', el realizador donostiarra Pablo Malo regresa a este formato para rodar 'Tarde para el recreo', un proyecto en el que concurren circunstancias muy especiales. «De entrada, que una persona particular ajena a esta industria decida meter dinero en algo que tenga que ver con el cine ya me parece suficiente motivo como para que nos impliquemos todos los que estamos aquí», explica Pablo Malo (Donostia, 1966). «Y por otra parte, está el tema que resulta interesante, social, ya que la película habla sobre la homofobia».

Protagonizada por Kike Díaz de Rada, Itziar Ituño, Imanol Heras, Germán Alcarazu, Miren Arrieta y Cristian Merchan, 'Tarde para el recreo' se ha rodado la pasada semana en un camping, en las calles de Zarautz y en un campo de fútbol, que finalmente resultó ser el de Zubieta gracias a la Real Sociedad. Con una duración estimada de entorno a los quince minutos y un presupuesto cercano a los 40.000 euros, el germen de este cortometraje se encuentra en el propósito de Jesús Villanueva de invertir parte de sus ahorros en una pieza cinematográfica que abordara el problema de la homofobia. Dos de sus amigos tolosarras, Vicente Ansorena e Itziar Uria, se unieron en esta aventura. Con lo primero que toparon fue con la precaución de Pablo Malo, que no terminaba de creer que personas ajenas al mundo audiovisual decidieran invertir en una película.

Por otra parte, realizar un cortometraje no entraba en sus planes. «Cuando me propusieron dirigir éste, respondí que podía implicarme desde el guion, la dirección o conseguir equipo. Sin embargo, lo que tiene que ver con la producción es un mundo que no me interesa. Me comprometí con este proyecto si conseguían gente que pudiera ocuparse de ese área. De hecho, en principio yo iba a hacer el guion únicamente y luego iban a buscar a alguien que se lo dirigiese. Lo que pasa es que llega un momento en que empecé a llevarme bien con ellos, vi que era alguien dispuesto a meter dinero y me lié la manta a la cabeza. Y lo dirigí yo».

Respecto al enfoque de la historia, «el productor quería abordar este tema, pero no tenía muy claro el enfoque. El planteamiento que yo le hice es que hablar de la gente muy mayor, que han vivido en una sociedad -no nos vamos a hacer los modernos- en la que ha habido mucha homofobia no me interesaba mucho», señala el director donostiarra, que tampoco se sentía muy interesado en abordar la cuestión «desde el punto de vista de unos 'skinheads' o de gente extrema que pega palizas a chavales». Malo encontró la chispa que le ayudó a desencadenar la historia en «las generaciones nuevas, esos chavales de dieciocho, veinte o veintidós años, que tienen unos comportamientos bastante conservadores en muchos casos, tanto con los chicas, a través del control de sus móviles, como a través de esas conversaciones en las que utilizan la palabra 'maricón' despectivamente».

«La clave, encontrar el tono»

El realizador de 'Frío sol de invierno' -Premio Goya al mejor director novel-, pensó que «desde ahí sí podíamos crear un guion hablando sobre la relación entre un padre y un hijo, con la homofobia de por medio». Y añade: «De las nuevas generaciones, me llama la atención, no sólo el tema de la homofobia, sino la relación que tienen con sus padres, esa necesidad que tienen de estar permanentemente reclamándoles cosas, cómo viven las separaciones, algo que descoloca bastante a los hijos... Una vez que encontré el tono, sí fue sencillo conseguir un guion con el que el productor también se sintiese cómodo»

Dadas las limitaciones del proyecto, lo que Malo sí tenía muy claro desde un principio es que «tenía que ser un guion muy controlado en el sentido de que no podíamos tener muchos actores, ni muchas localizaciones... No podía ser un rodaje al uso porque empezar a mover en cuatro días coches, gente, etcétera nos obligaba a reducirlo todo».

Además de Kike Díaz de Rada e Itziar Ituño -los dos más que asentados en sus respectivas trayectorias como intérpretes-, conforman el reparto de este trabajo Germán Alcarazu -que trabajó a las órdenes de Mikel Rueda 'A escondidas'- y de Imanol Heras, «un chico nuevo al que en su momento hice pruebas para 'Lasa y Zabala', pero al ser vizcaíno tuvimos que descartarlo ya que preferimos que los actores tuvieran acento guipuzcoano», apunta Malo. «Ahora lo he recuperado para este cortometraje porque pensé que podría darme ese punto de hijo un poco cerrado de mente de cara a entender cómo vive su padre desde la separación».

El resto del equipo lo conforman tanto profesionales como estudiantes de Larrotxene, bajo un esquema de trabajo similar al aplicado en los cortos de 'Kalebegiak'. «Estamos trabajando con gente como Josu, que ya estuvo conmigo en 'Lasa y Zabala', o Javi Agirre, al que conocía aunque nunca habíamos trabajado juntos. Aprovechamos el corto para incorporar a gente de Larrotxene, que está en cursillos todo el año. Era una forma de incorporarlos a un rodaje», señala Pablo Malo, que también imparte clases en el centro de Intxaurrondo. En total: entre veinte y treinta personas.

El cineasta ha abordado este trabajo con la misma actitud que si de un largo se tratara. «Desde el principio dije que iba a intentar hacer una película de unos diez o quince minutos -al final serán quince- con la participación de gente como Javi Agirre, director de fotografía de 'Loreak' y de 'Haundiya' y es lo que le planteé al productor. Hoy en día, cualquier chaval te hace un corto, pero Jesús (Villanueva) aproximarnos lo más posible a una película de unos quince minutos, que es también lo que a mí me motiva, no contar una anécdota de tres o cinco minutos».

Contra el publirreportaje

Tampoco ha querido caer en el didactismo, sino que ha afrontado el proyecto con la idea de contar, por encima de todo, una historia; no en balde Malo comparte su trabajo como realizador con el de guionista. «Quería huir del publirreportaje sobre la homofobia. Estamos contando la historia de un padre y un hijo, con un trasfondo de homofobia, pero también de relación social. Tenía muy claro que no quería hacer dos minutillos de 'sermón' y que todo espectador fuera a la proyección con la idea de que íbamos a hablar de la concienciación en contra de la homofobia».

En cuanto a las perspectivas que se le abren a 'Tarde para el recreo' una vez finalizado, Malo no oculta su deseo de que «tuviese vida. Yo estoy ya muy fuera del mundo del cortometraje, sólo los veo cuando me llaman de jurado, como este mes, en el que me lo han pedido en dos festivales, pero imagino que será un poco lo mismo que cuando los hacía: jugar con el circuito de certámenes y alguna venta a televisión. Ésa es la vida que tienen ahora mismo los cortos». En este caso, esgrime el recuerdo de 'Jardines deshabitados' para asegurar que «todos los años en los festivales hay cinco cortos que funcionan bien y tuve la suerte de que entró bien el cortometraje».

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