Una charla musical imprevisible

Iñaki Salvador y Jorge Pardo, durante el ensayo que ayer realizaron en la casa de este último en Pasaia./ARIZMENDI
Iñaki Salvador y Jorge Pardo, durante el ensayo que ayer realizaron en la casa de este último en Pasaia. / ARIZMENDI

El flautista Jorge Pardo y el pianista Iñaki Salvador coinciden hoy en Kutxa Kultur Kluba quince años después de su concierto en el Altxerri donostiarra

JUAN G. ANDRÉSPASAIA.

Ha pasado el tiempo y algunos recuerdos se han tornado difusos, pero Jorge Pardo e Iñaki Salvador hacen memoria y logran ubicar su primer encuentro «a finales de los años 80 o principios de los 90». Flautista y pianista coincidieron en varios conciertos por Euskadi en compañía del bajista José Agustín Guereñu y los baterías Marc Miralta y Ángel Celada. Tiempo después, en 2002, Salvador fue invitado a una gira por Ecuador junto al trío de Pardo, D'3, y la aventura les satisfizo tanto que decidieron explorar nuevos caminos como dúo. Aquella colaboración fue registrada en '20 años de Altxerri', un disco grabado en directo para conmemorar el vigésimo aniversario de la sala donostiarra. Hoy, bajo el título '15 años no es nada', sus dos protagonistas volverán a compartir otro escenario, el de Kutxa Kultur Kluba de Tabakalera, donde actuarán a partir de las 20.00 horas.

Sonido propio

Al inicio de la charla en el domicilio pasaitarra de Salvador (Donostia, 1962), el periodista les pide que se definan mutuamente y es el anfitrión quien abre fuego: «Jorge es un músico singular y aparte de dominar perfectamente sus instrumentos como se le supone a todo buen profesional, posee un sonido propio y absolutamente reconocible. Haga lo que haga, no se puede esconder porque siempre suena a él. Puede tocar 'Cumpleaños feliz' con la flauta, el saxo o las palmas, y lo reconocerías». (La elección de la canción no puede ser más apropiada, pues ayer Pardo cumplía años.) Acto seguido, el colaborador de Paco de Lucía, Camarón de la Isla y un sinfín de estrellas de jazz y flamenco le devuelve los piropos: «Más allá de su calidad musical, yo destacaría la energía que transmite Iñaki al piano y su gran capacidad de comunicación».

Tras el intercambio de halagos, ambos recuerdan que el disco se registró en tres «intensas» veladas del 23 al 25 de septiembre de 2002. Entre otras piezas, tocaron una improvisación sobre 'Txoria txori', de Mikel Laboa, de cuya muerte ayer se cumplieron nueve años, y una versión de 'Rabo de nube', del cubano Silvio Rodríguez. El álbum también contiene cuatro temas firmados por Iñaki Salvador: 'Mind', 'Tema para Pío' (homenaje a Pío Lindergaard), 'Nik baditut mortuetan' (inspirado en 'Oinazez', preludio vasco de Aita Donostia) y 'Como tú quieras' (dedicado a Tete Montoliú).

Realizada con un gran despliegue técnico y microfónico, la grabación dio «un cierto aire de ceremonia» a la cita organizada por Álvaro Suárez, añorado programador de Altxerri que hace tiempo regresó a Ecuador y que fue quien años atrás invitó a su país a Pardo, Salvador y otros muchos artistas. Además de alabar «la sapiencia, el empuje y el cariño» que Suárez le ponía a su trabajo, Pardo subraya que en aquel entonces la sala donostiarra era «una referencia» en el mundo del jazz y a su llamada acudieron aficionados, músicos e incluso algún visitante ilustre.

-Una de las noches vino Xabi Alonso a vernos -rememora el flautista.

-Anda, yo no me acuerdo, cómo sois los madridistas... -replica jocoso el donostiarra.

-No fastidies, hombre, que entonces Alonso era de la Real.

-Y hasta hace poco ha jugado en el Bayern...

-Un mercenario... Igual que nosotros -bromean al unísono, antes de sumar al anecdotario el sonido de una copa rota que se incorporó a la grabación; lo decidieron así porque el percance ocurrió en la mejor de las tres tomas disponibles...

Para el concierto de hoy, que girará en torno al álbum e incluirá también alguna pieza original de Pardo, ambos prometen «composiciones populares vascas, aromas de flamenco y los colores y sabores de lo imprevisible». «A los informadores os gusta mucho hablar de las diferencias entre jazz, flamenco, blues, etc. Aprecio los aromas y especias que nos aportan los distintos géneros, pero el arroz es el arroz y el cocido es el cocido: la esencia está en la música. Yo puedo tocar a Mikel Laboa, Charles Mingus o Paco de Lucía, pero en ese momento -y que me perdonen sus autores-, los robo y los hago míos. No quiero sonar petulante pero sólo intento meterme dentro de la música y convertirla en universal», comenta este músico cuya dilatada carrera ha estado marcada por la fusión. Su opinión es corroborada por su colega: «Cuando dos músicos tocan juntos es como una charla sobre diferentes temas que se construye en ese momento. No existen las etiquetas que las tiendas están obligadas a poner en los discos».

El de ayer a última hora de la tarde es el único ensayo que han realizado para fijar el repertorio, revisar las melodías y poco más. Prefieren, como apunta el flautista, rendirse a lo «imprevisto», y de hecho, si hubieran tenido más tiempo para preparar el concierto quizá no lo habrían aprovechado porque en opinión de Salvador, &ldquolo suyo es actuar con ese nudito en el estómago de cuando uno va justo&rdquo. &ldquoEs más honrado salir al escenario con la mayor frescura posible y sin casi ningún condicionante. Ensayar más sería una impostura y supondría gastar ideas que luego intentas reproducir en vivo, lo cual siempre es un error. Es mejor encontrar la belleza en el momento y a través de un camino ignoto&rdquo, concluye el pianista.

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