Carlos Muguiro: «Lo que ofrece esta Escuela vale mucho más que cualquier título académico»

Carlos Muguiro, en el espacio que ocupará el aula central de la escuela, aún en obras./MICHELENA
Carlos Muguiro, en el espacio que ocupará el aula central de la escuela, aún en obras. / MICHELENA

El responsable del centro de Tabakalera considera que solo tres meses después de presentarse, el proyecto goza ya de «cierto prestigio»

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN .

A falta de unos meses para que se abra el plazo de matriculación y con el espacio que ocupará en Tabakalera en plena obra, la Escuela de Cine Elías Querejeta se perfila como un espacio en su campo único en Europa, en opinión de su director, Carlos Muguiro (Elizondo, 1966). El responsable de la nueva escuela de cine impulsada por la Diputación considera que la experiencia que brinda el centro a su alumnado de trabajar con el Zinemaldia, la Filmoteca Vasca y la propia Tabakalera «vale mucho más que cualquier título académico» y «esa transmisión de conocimiento no la puede aportar nadie».

- Una primera duda: ¿cree que la denominación de Escuela de Cine Elías Querejeta se impondrá a la de «la escuela de cine de Tabakalera»?

- Es una buena pregunta para la que no tengo respuesta. Supongo que el uso diario es el que va a dar nombre a la escuela: escuela de Tabakalera, escuela del Zinemaldia, escuela de los tres tiempos del cine, escuela Elías Querejeta... Vamos a ver qué uso le da la gente y al final será eso lo que se impondrá.

«Tarde o temprano la Escuela tendrá que lograr una oficialidad de sus títulaciones»

- Este proyecto nace de una intuición de los responsables de Cultura de la Diputación. ¿Cómo lo concreta en el proyecto que presentó al concurso?

- Me llama la atención el origen del proyecto -Diputación- en el que convergen tres instituciones cinematográficas -Zinemaldia, Filmoteca Vasca y la propia Tabakalera- en un mismo edificio. Me parece una intuición brillante porque las posibilidades que genera eso son extraordinarias. Trato de darle una lógica a eso en mi proyecto, una necesidad, un relato que lo haga inevitable.

- ¿Crea una necesidad o ya existía y usted vino a llenarla?

- Es una necesidad que existe ya. Surge en el momento en el que esas tres instituciones comparten este mismo edificio porque eso ya es singular. Yo puedo darle forma y ponerle palabras de forma que parezca inevitable. Al final, las cosas que parecen inevitables son seguramente las necesarias.

- ¿Y qué tal acogen la idea de crear esta escuela otros centros formativos como Larrotxene o la propia UPV/EHU?

- No he tenido la oportunidad de estar con Larrotxene personalmente, ni tampoco con la Universidad, aún es un poco temprano, pero mi intención es establecer un diálogo con los dos. No existe ningún tipo de incompatibilidad. Son proyectos pedagógicos distintos. En el caso de Larrotxene, que lleva realizando un trabajo extraordinario de formación, compartiremos proyectos sin ninguna duda. Y en el caso de la UPV/EHU, tarde o temprano tendrá que haber una oficialidad de los másters que imparte esta Escuela. Es necesario y es bueno. Vengo del ámbito académico y sé perfectamente cuáles son los requisitos de un reconocimiento oficial, pero también sé que es bueno establecerlo. Pero más allá de la oficialidad, en la UPV/EHU hay grandes profesores que deben estar y participar en alguno de los ámbitos de formación en la Escuela. De hecho ya hay algunos que van a participar.

«No existe ningún tipo de incompatibilidad entre la Escuela y Larrotxene o la UPV»

- ¿Qué criterios se han seguido para la selección del profesorado?

- El profesorado está aún por definir por completo. Hay una dirección académica, formada por las tres instituciones cinematográficas de Tabakalera y la dirección de la Escuela, que es la que desarrolla el programa académico. A su vez, cada área tiene una coordinadora. Y el listado del profesorado surge del diálogo entre todo este grupo de trabajo, un proyecto que sigue abierto, teniendo en cuenta que no hay un profesorado fijo que esté durante todo el año y que queremos contar con los mejores profesionales en su ámbito, dentro de lo que son las necesidades de la escuela. Es interesante la combinación entre profesionales del entorno más próximo y del más lejano.

- ¿Contactaron con usted para animarle a presentarse al puesto?

- No, no.

- La Escuela contempla inicialmente entre 40 y 45 alumnos. ¿Está previsto que crezca con el tiempo?

- Creo que no existe la posibilidad de crecer en el espacio físico en el que estamos, no da para más. Es para unas quince personas por especialidad.

- Y 3.500 euros por matrícula. ¿Es algo elitista para una formación no reglada?

- Desde el punto de vista de los costes de formación, es bastante ajustada. Lo que oferta un centro como éste, que no surge de una institución académica sino cinematográficas, es precisamente la empleabilidad, es decir, la posibilidad de dar un paso hacia el mundo profesional. Tengo unos cuantos títulos de director de cine por la ECAM, pero sinceramente, nunca me los han pedido para trabajar. Es más el contacto con el ámbito profesional y eso es lo que posibilita una escuela así.

«La lista de profesores sigue abierta, queremos contar con los mejores en cada ámbito»

- Pero para esa parte del alumnado que la Escuela aspira a atraer de fuera, el coste económico se dispara y puede ser una barrera.

- Yo no digo que sea una escuela barata, sino que desde el punto de vista material son cursos que disponen de unos equipamientos. Sí, no voy a negar que es caro. Y si en el futuro la oficialidad de las titulaciones puede aliviar un poco todo esto, mejor.

- ¿Qué plazos se marca para lograr esa oficialidad en las titulaciones?

- No lo sé porque no he hablado oficialmente con la Universidad. Es algo que ya he tanteado y con lo que me pondré a trabajar enseguida, pero es díficil porque la oficialidad no depende solamente de la voluntad de la Escuela o de la UPV, sino que tiene que ver con las autoridades académicas, con un reconocimiento de créditos que lleva siempre bastante tiempo. Tampoco va a ser una obsesión, pero mi opinión es que hay que tender a que los estudios sean oficiales, sin perder lo bueno que tiene que la iniciativa haya surgido de instituciones no académicas, sino profesionales.

- ¿La idea es que lo que aquí se imparta sean unos másters para licenciados universitarios?

- De hecho, ya está planteado como un máster desde el punto de vista de créditos y de horas docentes -524 horas-. Los contenidos están estudiados y planificados como un máster oficial, incluso con más horas docentes, según en qué asignaturas.

«No niego que la matrícula sea cara, pero está ajustada al coste de los equipamientos»

- Además, el alumnado trabajará en instituciones como Tabakalera, el Zinemaldia y Filmoteca Vasca.

- Ésa es la maravilla de un sitio así, tanto en la posibilidad de que los profesionales de cualquiera de esos tres sitios compartan sus ideas con los alumnos, como al revés, que éstos trabajen con la gente que tiene tanta experiencia acumulada. Sinceramente, creo que esto vale mucho más que cualquier título académico, que esta transmisión de conocimiento esencial no la puede aportar nadie.

- ¿Y de cara al mercado laboral para los alumnos?

- También, porque sabemos que uno de los problemas que tiene la universidad es el último paso que cubra la distancia entre el mundo académico y el profesional. Y esto que en las Ciencias, las Ingenierías, etcétera, se sortea más o menos bien, en el ámbito de las Humanidades y la Artes es más difícil. Estamos hablando de que uno de los festivales de cine más importantes de Europa está tutorizando una escuela cinematográfica. Es la situación idílica para aquella persona que busca un tránsito entre la formación y la profesionalización.

- No es, sin embargo, partidario de que el sistema educativo se enfoque al mercado laboral, sino que al salir de ciclo formativo, cada cual se 'invente' su propio trabajo.

- Hay una cierta obsesión en acercar la industria o la empresa a la universidad, esperando que ésta forme técnicos para un mercado laboral que está esperando con los brazos abiertos. Y yo lo que creo es que si hay un ámbito de transformación personal y de generación de ideas es la universidad, que lo que hace o debe hacer es cambiar la realidad a través de la educación. Y es verdad que muchas veces este desajuste entre el mundo académico y el profesional se produce porque la realidad cambia muy deprisa. Los ámbitos académicos son ámbitos de transformación personal y también profesional. No se trata sólo de adecuarse a una realidad, sino de generar cambios en esa sociedad. En el ámbito del cine, ¿por qué no? Estamos en situaciones de crisis sobre la producción, la distribución y el consumo de películas. Por qué no un sitio en el que, además de preparar a profesionales, imaginemos cómo va a ser todo eso en el futuro.

«Uno de los festivales más importantes de Europa está tutorizando una escuela de cine»

- ¿No tiene un punto neoliberal esa doctrina de «genera tu propio puesto de trabajo, que nadie te va a emplear»? Es un mensaje que se lanza a las nuevas generaciones.

- No, creo que el mensaje neoliberal es el contrario: «No pienses demasiado porque vas a tener un empleo a la salida de la universidad». No, yo creo que hay que generar ciudadanos críticos y libres. Estoy diciendo precisamente todo lo contrario a eso.

- ¿Puede castrar la creatividad el exceso de academicismo?

- Bueno, en el ámbito del cine y hablando sólo de la creación, nos olvidamos de que es un oficio físico en el que hay una serie de necesidades de intervención en la realidad. Hay trabajos que hay que materializar. El cineasta trabaja también con la realidad, con lo físico, con lo material, no solamente con la idea de la posibilidad de una película. Y sí es cierto que muchas veces parece que la formación creativa se detiene en la mera contemplación sobre la posibilidad de crear.

- Presupuestos, producción...

- No solamente eso, sino entender que una imagen no es algo natural, sino que siempre es una construcción de una máquina. No hay nada más sospechoso que una supuesta imagen sin intervención de nadie.

- ¿Qué va a aportar la Escuela en materia de archivo? En Euskadi hay un déficit, incluso en cuanto a concienciación de su importancia.

- No hay una conciencia sobre el patrimonio cinematográfico. Parece que son entes que no requieren soporte y esto ha llevado muchas veces a un desprecio absoluto sobre la fisicidad del cine. Y hoy por hoy no se ha descubierto ningún soporte que permita que las películas perduren más allá de una generación, ni siquiera el digital porque no sabemos cómo se va a comportar. Hay un problema de conciencia, de formación y generacional incluso, de ver quiénes son los encargados de transmitir el legado y de preservarlo.

- ¿Y en programación? Hay quien considera que en el ámbito vasco hay un exceso de festivales.

- Se programa mucho, pero la programación tiene una dimensión política en el sentido de que el mundo se ha hecho pequeño, pero el cine se ha hecho inabarcable y los criterios por los que accedemos o no a estas películas son indiscernibles.

- ¿Son criterios políticos?

- Bueno, está eso que se llama la geopolítica de festivales. ¿Por qué de repente descubrimos el cine taiwanés o iraní? El boom del cine soviético en toda Europa durante los años noventa tuvo una motivación política. ¿Cuánto cine ruso vemos hoy? En el Zinemaldia hay un par. Programar es una actividad creativa en sí misma y siempre cito a Henri Langlois, fundador de la Filmoteca francesa, que decía que su cámara no era la de grabar o registrar imágenes, sino la de proyectar.

«Obviamente, al no tener referencias sobre este tipo de centro, vamos algo a ciegas»

- ¿Cree que una programación puede ser una obra de arte?

- No lo digo yo, es que es así. Hay programadores que han cambiado el cine. La forma de programar de Langrois dio lugar a la 'nouvelle vague'.

- Defiende que el programador es un cineasta.

- No tengo la menor duda, es decir, no es una opinión, es que es así. No digo todos los programadores...

- ¿Por qué no? Incluso lo malos lo serán, igual que hay malos directores, pero siguen siendo cineastas.

- Exactamente. La programación consiste en poner en diálogo imágenes. Hay programaciones que generan un discurso que las películas por sí mismas a lo mejor no generarían.

- ¿También abordará este programa la crítica cinematográfica?

- Sí, todo lo que tiene que ver con el pensamiento crítico.

- ¿En qué situación está la crítica?

- Muy interesante, con una nueva generación que escribe en internet. Ahora mismo hay un encuentro intergeneracional muy interesante.

- ¿Mantiene su influencia en la sociedad?

- Influye en el rescate de autores o que determinados cineastas despierten curiosidad en ciertos ámbitos. Es labor de la crítica que esto suceda así.

- ¿Tiene la sensación de que la Escuela se la juega el primer año?

- No creo que se la juegue el primer año, no utilizaría esos términos. Es importante empezar bien. La cultura en general tiene que ver con la siembra y la recogida del fruto. Sé perfectamente lo que significa la paciencia del cultivo, que tiene que ver con la cultura. Uno siembra muchas veces sabiendo que la cosecha a lo mejor no es la que espera. La cultura tiene que ver con eso, uno hace cosas pensando en que aquello va a germinar, lo cual no quita para que haya que hacer las cosas bien desde el primer día. No tengo ninguna duda de que estamos intentando devolver a la sociedad la confianza que deposita. Obviamente, no hay una referencia anterior de este tipo de escuela, el camino es un poco a ciegas. Es así.

- A día de hoy, el único activo de la Escuela es el prestigio de quienes la impulsan.

- Fíjese, yo creo que en apenas tres meses la Escuela ha ganado un cierto prestigio porque está defendiendo una idea del cine. El relato que hace la Escuela parece bastante oportuno.

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