Un brindis por el 'tío Ignacio'

Tito Borja, referente gitano, habla a los congregados en Zumaia. Sentado, Ramón Suárez Zuloaga, nieto del pintor. / LOBO ALTUNA
Tito Borja, referente gitano, habla a los congregados en Zumaia. Sentado, Ramón Suárez Zuloaga, nieto del pintor. / LOBO ALTUNA

Los gitanos vascos homenajean en Zumaia a Zuloaga, el artista que entendió y pintó su cultura

MITXEL EZQUIAGA SAN SEBASTIÁN.

A Ignacio Zuloaga, el pintor eibarrés que hace un siglo entendió y pintó la cultura gitana, le hubiera encantado el brindis que Tito Borja, uno de los referentes de la comunidad gitana vasca, propuso ayer a los reunidos en Santiago Etxea, la casa de los Zuloaga en Zumaia. «Por el tío Ignacio, que supo entendernos y marcó el camino de encuentro entre los pueblos y las culturas». Lo dijo en una mezcla de castellano, caló y 'erromintzela', extraña fusión del euskera y el idioma de los gitanos. Zuloaga, el 'tío Ignacio', lo habría entendido bien: su entusiasmo por las costumbres gitanas lo llevó a aprender el caló y convertirse en uno de los embajadores internacionales de esa cultura.

El domingo se conmemoró el día internacional del pueblo gitano y Zumaia aprovechó ayer ese hito del calendario para establecer puentes. Fue una iniciativa de la Fundación Zuloaga y de su presidente, Ignacio Suárez de Zuloaga, a la que se sumaron representantes sociales y políticos así como los más destacados represententes de las comunidades gitanas de Gipuzkoa y Bizkaia. «Nuestra Fundación lleva años apostando por el entendimiento y hemos querido compartir con entidades y amigos el homenaje que los gitanos vascos decidieron hacer a su benefactor Ignacio Zuloaga (Eibar, 1870-Madrid, 1945) en el día internacional de los gitanos», explica Ignacio Suárez de Zuloaga. «Es un hermanamiento entre gitanos y payos».

Con megáfono, sin protocolo

El acto central fue la ofrenda floral que los representantes de las asociaciones de gitanos rindieron al monumento dedicado al pintor en la plaza Zuloaga de Zumaia, localidad que justamente ayer, San Telmo, celebraba uno de los días grandes de sus fiestas. Fue una ceremonia sin protocolo: Suárez de Zuloaga llevó un megáfono de barco para amplificar unas breves palabras, «porque lo importante era la mezcla humana, en línea con lo que nos enseñó mi bisabuelo».

«Zuloaga marcó un camino de encuentro entre culturas que queremos reavivar»

Entre los representantes de las comunidades gitanas figuraban Tito Borja, mediador social de Bilbao, referente en barrios como San Francisco y uno de los instigadores del homenaje de ayer «en memoria de un hombre como Zuloaga, que tanto hizo por entender nuestra cultura y tanto ayudó en divulgarla». Con él, Juan Carlos Jiménez , presidente de la asociación donostiarra Camelamos Adiquerar, y Rafa Giménez y Antonio Giménez, de la Asociación Gitana por el Futuro de Gipuzkoa.

En el encuentro junto al monumento participó también una amplia representación política, incluido el alcalde de Zumaia, Oier Korta, el portavoz de Bildu en ese Ayuntamiento, Alex Oliden, la viceconsejera de Políticas Sociales, Libe Amilibia, o la directora foral de Turismo, Maite Cruzado. El nacionalista Iñaki Anasagasti, el socialista Eneko Andueza o la 'popular' Amaya Fernández se sumaron a la celebración junto a Ana Cano, de la Fundación Ramón Rubial, e invitados como la pareja vasco-gitana formada por Cherra Echevarri y Amparo Olmeda.

El pintor que aprendió caló

Al sencillo acto en la calle siguió un encuentro más cálido en Santiago Etxea, la casa promovida por Zuloaga en 1914 en Zumaia y construida por el arquitecto bilbaíno Pedro Guimón. Entre los recuerdos del artista y algunas de las obras que pintó sobre modelos o motivos de la cultura gitana, el nieto del pintor, Ramón Suárez Zuloaga, su hijo Ignacio Suárez de Zuloaga y la esposa de éste y también vocal de la Fundación Zuloaga, Magarita Ruyra de Andrade, recordaron los lazos que unieron al creador guipuzcoano con la comunidad gitana.

«Fue un pionero en la promoción internacional de la cultura gitana», según subraya su bisnieto. «Zuloaga aprendió caló en Sevilla en 1892, promocionó el flamenco en su estudio de París con un entusiasmo que contagió al escritor Rainer María Rilke y en 1922 estableció el Premio Zuloaga para el ganador del concurso de cante jondo que organizó en la Alhambra con Falla y García Lorca».

Ignacio Suárez de Zuloaga cifra en 37 los cuadros que el pintor dedicó a motivos gitanos, con especial dedicación a los artistas de la saga de Albaicín. «Zuloaga era eibarrés, se abrió al mundo y su ejemplo es hoy más válido que nunca». Es la huella que queda visible en Santiago Etxea, el espacio de Zumaia donde Zuloaga recibía a Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y tantos otros pensadores y toreros de la época, y que sus descendientes quisieron revivir ayer con la complicidad de gitanos como Tito Borja, que insistía en la necesidad de esa «visión generosa y amistosa». Y más en un mundo cambiante: su papel de 'mediador' en Bilbao se centraba hace décadas en los gitanos, pero las nuevas migraciones le llevaron a ocuparse también de la acogida a la nueva multiculturalidad de barrios como San Francisco.

La Fundación Zuloaga, que se volcó hace años en los problemas del terrorismo, se vuelca ahora en el encuentro entre comunidades, además de su atención a la cultura digital o actos culturales.

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