El brillo que atraviesa las nubes

Ernie Watts en plena actuación . / SARA SANTOS

Ernie Watts y los suyos alumbraron las terrazas del Kursaal

J. L. E. SAN SEBASTIÁN.

A las seis y media de la tarde un cohete lanzado desde la cercanas fiestas de Sagüés hizo de oficioso chupinazo festivo, dando arranque a los conciertos que durante la tarde del lunes se celebraron en la zona gratuita del Jazzaldia, las terrazas situadas en la trasera de los cubos del Kursaal. Ernie Watts y los suyos, quién sabe si influidos por ese fuego artificial, empezaron como un cohete para no bajar el pistón (de calidad) en ningún momento. El clima dichoso de nuestra tierra y el hecho de ser un lunes de puente, no estrictamente festivo, pareció atraer a menos gente a la zona, que presentaba a pesar de todo un estupendo aspecto.

Espectadores que no dudaron a la hora de emplear métodos manuales para limpiar las sillas mojadas del lugar y poner sus posaderas en ellas. Unos visitantes que, lejos de lanzar sus miradas al horizonte buscando un rayo de sol que mejorara aún más la estancia, oteaban el cielo para jugar a meteorólogos de Fórmula 1. Ya saben, esos profesionales que intentan decir en qué minuto va a llover sobre una zona concreta. Quienes apostaran por las 19:05 en la categoría de 'sirimiri' y las 19:20 en el apartado 'chaparrón vasco' se llevaron el gato al agua. Este segundo capítulo tuvo incidencia en el trascurrir de los conciertos, como leerán más adelante.

Pero volvamos a Ernie Watts. Su formación ofreció un concierto impresionante. De esos que demuestran que el Jazzaldia no guarda sus lujos sólo para los escenarios de pago. Watts estuvo soberbio, tremendo en sus solos, elegante siempre en los pulsos y fantástico junto a sus socios: Christof Saenger (piano), Rudi Engel (contrabajo) y Heinrich Koebberling (batería). Son nombres, los de los músicos, que tendemos a dejar de lado en estos artículos por problemas de espacio. Pero sirva esta mención para todos esos autores y ejecutantes que han participado en esta gran edición del festival.

La formación From Lost To The River se desfogaba en el escenario Coca Cola, y les tocó bailar con la más fea. El viento golpeaba fuerte en el lugar, y los intentos del trío de sopladores de la banda poco pudo hacer ante el chaparrón antes detallado. Con gran pena tuvieron que abandonar su set antes de tiempo. El aguacero también afecto al único pase de Kass & The Gingerbread Boys, grupo que empezó trastabillado para ir ganando ritmo con el paso de los minutos. La banda de soul/blues surgida en el Centro Superior de Música del País Vasco (Musikene) ya tiene callo en el evento, ya sea como miembros de una big band o con proyectos rockeros como este. También parecieron sufrir las inclemencias del tiempo, teniendo que acabar su actuación antes de que el reloj diera la hora de duración.

Las nubes y claros tampoco fueron novedosos para King Creosote y su banda. Por la mañana ya había actuado entre chaparrones en el Txikijazz. Además, la formación es escocesa, así que conocen este clima casi mejor que nosotros. Su folk de calmada elegancia y gran belleza casó de rechupete con el verde de los montes cercanos.

Lejos de nuestro foco quedaron, por cuestiones de horario, otras interesantes actividades. Anne Meredith, «una de las perlas de nuestro festival» que dirían los del Zinemaldia, tenía previsto actuar en el escenario Skoda situado en Alderdi Eder.

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