«La Bienal de Venecia puede ser un caramelo envenenado»

Peio Aguirre, ayer en la exposición de Itziar Okariz 'I never said umbrella' en Tabakalera./IÑIGO SÁNCHEZ
Peio Aguirre, ayer en la exposición de Itziar Okariz 'I never said umbrella' en Tabakalera. / IÑIGO SÁNCHEZ

El comisario vizcaíno Peio Aguirre, afincado en Donostia, diseñará el pabellón español en la cita de 2019 de la mano de los creadores guipuzcoanos Itziar Okariz y Sergio Prego

Alberto Moyano
ALBERTO MOYANO

Peio Aguirre era ayer el nombre del día, al menos, en el ámbito del arte contemporáneo. La propuesta de este comisario y crítico artístico, nacido en Elorrio en 1972 pero donostiarra de adopción desde hace dos décadas, para representar a España en la 58º Bienal de Venecia ha sido la seleccionada por el jurado presidido por el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Villel. «Consistirá en una perforación del espacio, entendida tanto metafórica como literal», adelanta Aguirre, que concibe su proyecto como una colaboración con dos artistas guipuzcoanos: la donostiarra Itziar Okariz (1965) y el hondarribiarra Sergio Prego (1969).

La liviandad de los materiales y la austeridad de la propuesta son los ejes centrales en torno a los que gira este proyecto para la Bienal de Venecia, que se celebrará del 11 de mayo al 24 de noviembre de 2019. «Puede ser un caramelo envenenado porque hay que hacerlo muy bien», señala el comisario y crítico, sobre un proyecto que cuenta con un presupuesto para producción de 400.000 euros, al margen de la edición del catálogo.

Fueron seis las propuestas presentadas a invitación del Ministerio de Cultura. La de Peio Aguirre se impuso por unanimidad. ¿Por qué? El comisario y crítico 'donostiarra' lo atribuye a varios motivos: «El hecho de haber diseñado una intervención 'ad hoc' para el espacio en el que tendrá lugar, el formato con dos artistas, que había caído en desuso desde los noventa en favor de las monografías y de las exposiciones colectivas, y el prestigio de los dos artistas. De hecho, no habrá un pabellón tan guipuzcoano en la Bienal veneciana desde que Cristina Iglesias compartió pabellón con Antoni Tàpies en 1993 y Esther Ferrer, con Manolo Valdés en 1999.

El germen del proyecto

Estrechamente vinculado al panorama artístico de Gipuzkoa desde mediados de los noventa a través de Arteleku, Aguirre conoció a Itziar Okariz y Sergio Prego durante un taller con Txomin Badiola y Ángel Bados en el desaparecido centro de Martutene allá por 1994. «Tenía veintidós años y aún estudiaba en la Facultad de Bellas Artes de Bilbao. Ellos ya estaban licenciados». Y en aquel encuentro se sitúa el germen del proyecto que el próximo año llevará a los tres a la Bienal de Venecia, si se quiere ver así. Una idea que «fue una intuición y en estas situaciones no se puede dudar. La primera intuición es la buena. Va más allá del 'decisionismo' de elegir a un artista. Aquí había un riesgo en la vinculación de dos artistas» que, aunque fueron pareja, nunca han realizado una exposición conjunta.

Biografía

Nacido en Elorrio en 1972, se instaló en Donostia hace casi veinte años.
Comisario, crítico de arte y editor, es autor del libro 'La línea de producción de la crítica' (Ed
Consonni, 2014).
Ha comisariado, entre otras muestras, 'Arqueologías del futuro', sala Rekalde de Bilbao (2007), 'Una modernidad singular' en San Telmo y 'Arenzana Imaz Intxausti Montón Peral' en Tabakalera, junto a Beatriz Herráez.

Aguirre no oculta que en un primer momento su propuesta encontró ciertas reticencias por parte de Okariz y Prego, «relacionadas más con la dimensión de la Bienal de Venecia que con el hecho de trabajar juntos porque su trayectoria está unida desde la Facultad de Bellas Artes en Bilbao, a finales de los ochenta. Son artistas con trayectorias paralelas, cada uno de ellos, con su propia práctica». Además, apunta el comisario del Pabellón Español, «en la Bienal se produce una visibilidad y se suscitan unas expectativas, asociado además al término 'representación', en este caso, nacional. Por otra parte, es un reconocimiento máximo, lo cual genera inquietud en cualquiera. Puede ser un caramelo envenenado porque hay que hacerlo muy bien». No obstante, considera que es el lugar idóneo para arriesgar. «Son seis meses de visibilidad. En las primeras dos semanas pasa por Venecia todo el que es alguien en el mundo profesional del arte y el resto del tiempo, cientos de miles de visitantes, desde amantes del arte a turistas ocasionales. Es una visibilidad extrema en un ámbito de relación entre distintos pabellones, no voy a decir competencia. Es un evento a lo bestia».

Los artistas acogieron la propuesta con ciertas reticencias debido a las dimensiones del evento

En su caso, el proyecto pivota sobre «una intervención en la arquitectura. No es la presentación de una serie de objetos en la sala, sino que se pretende realizar una perforación del espacio en sentido metafórico o literal. Son elementos muy livianos que entran en interacción con un edificio racionalista muy singular de 1922». Respecto a los dos artistas, también considera que la propuesta les llega en un momento clave. «Están en la cincuentena, que ya no son jóvenes, están consagrados, pero no son conocidos para el gran público. Estamos en un momento de nuestra trayectoria profesional ideal para arriesgar y proponer algo radical, que es lo que yo planteo, con austeridad de medios».

Buen conocedor del trabajo de los dos creadores guipuzcoanos que formarán parte de su intervención, recuerda que «están vinculados a lenguajes del arte de los sesenta, el minimalismo o el arte conceptual. En los dos casos, es importante la relación del cuerpo físico o el discurso social vinculados, por ejemplo, con el cuerpo o con los usos normativos del espacio social: lo que se puede hacer y lo que no se puede, en función de cada lugar».

Un plazo más amplio

Sí agradece Aguirre la premura con la que en esta ocasión, el Ministerio de Cultura ha tomado su decisión a la hora de seleccionar el proyecto ganador, un proceso que habitualmente no se resolvía en España antes de octubre o noviembre. «Este año, además de juntar a un grupo de profesionales muy solvente, han decidido adelantarlo y sincronizarlo con los anuncios de otros países. Esto es fundamental precisamente por las dificultades logísticas que presenta Venecia y pienso que un año es lo mínimo que se debe tener de plazo. Me congratulo de que por fin el Ministerio haya hecho las cosas bien, en la onda de otros países», comenta Aguirre, que adelanta ya uno de los principales obstáculos que encontrará su propuesta: «La propia lógica espacial de Venecia a nivel logístico, que dispara los costes. Todo es un problemático y todo es extremadamente caro. Uno prevé esas dificultades y confío en el apoyo de Acción Cultural Española (AC/E) y demás organismos culturales» implicados.

«Hay un 'boom' de la figura del comisario pero hay que saber cuándo toca quedarse detrás»

En opinión del comisario y crítico de arte, la Bienal de Venecia se estructura en torno a la idea de identidad nacional, un concepto vinculado al auge de los estados a comienzos del siglo XX y hoy en día quizás ya algo superado en el ámbito de la creación actual. No obstante, destaca que a día de hoy «la Bienal de Venecia todavía es una cita clave y de prestigio del arte contemporáneo».

Peio Aguirre reconoce que con demasiada frecuencia el arte contemporáneo aparece envuelto en un lenguaje que funciona a modo de mortaja, del manera que ya desde la presentación segrega al público entre 'entendidos' y 'profanos', más allá de que finalmente el contenido sea accesible para todo el público. En este sentido, reconoce que «hay que hacer un esfuerzo» a la hora de comunicar, «pero al mismo tiempo creo que el público tiene que eliminar muchos prejuicios que tiene respecto al arte contemporáneo. No entiendo por qué está por debajo de otros elementos o disciplinas de la cultura cuyo consumo parece más fácil y accesible».

Considera que «en el contexto vasco, es una tarea pendiente pero se han dado muchísimos pasos, tanto en Gipuzkoa como en el conjunto del país, con el caso del propio Guggenheim». Pero también advierte un fenómeno contradictorio: «El arte contemporáneo está vinculado a las industrias culturales y al propio turismo. La gente viaja y visita museos, con lo cual, hay una contradicción entre esta supuesta dificultad del lenguaje del arte contemporáneo y la sobreoferta de museos y centros de cultura». Respecto al presunto prestigio de la incomprensión, recuerda que antes que su trayectoria como comisario, están sus veinte años de ejercicio de la crítica artística. «Mi trabajo ha sido siempre el de difundir y el de escribir lo más transparente posible sin perder complejidad».

Contra la tendencia actual a situarse el comisario por encima, no ya de los artistas, sino incluso de las obras, se rebela Aguirre. «Es un aspecto con el que tenemos que tener mucho cuidado y mantenernos muy vigilantes. Se ha producido un boom de la figura del comisario en los últimos años y hay que saber cuándo estar en primera línea y cuándo detrás. Ahora es normal que dé la cara porque es mi proyecto, pero el pabellón es de dos artistas guipuzcoanos como son Prego y Okariz».

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