Recorrido por las emociones donostiarras

Recorrido por las emociones donostiarras

Con el Salón de Plenos abarrotado, la Banda Municipal de Txistularis dio fiesta y homenajes

RICARDO ALDARONDO SAN SEBASTIÁN

Bajo la lluvia, con los paraguas chocando y el viento azotando: nada impidió que una interminable cola de gente esperara a que abrieran las puertas del Salón de Plenos del Ayuntamiento donostiarra a mediodía de ayer. Muchos comentaban el acontecimiento como uno de sus favoritos del año: la Banda Municipal de Txistulares ponía el preludio a la fiesta de San Sebastián con un concierto que constituyó un variadísimo recorrido por historias y músicas donostiarras, con homenajes a músicos veteranos.

Todo coordinado, presentado y amenizado por el director de la banda, Jose Ignazio Ansorena, que contó anécdotas, reveló los orígenes de algunas melodías y contagió pasión por la música relacionada con la ciudad, con las debidas dosis de humor y solemnidad.

La expectación era mucha, más de un centenar de personas, o quizás dos, se quedaron en la calle. No cabía más gente, ni entre el público, ni en un escenario también desbordante de artistas, con base en una treintena de músicos de la Banda Municipal y el Donostiarra Metal Bostekoa, y cerca de cuarenta voces de Eskola Gurutziaga Abesbatza, a los que se fueron sumando los Bebés de la Bulla, las tamborradas de Altza, Amara y el Antiguo, y los niños de Kresalako Haur Danborrada.

Solidario Eustakio Iraola

Pero lo primero era el saludo, el 'Agur, jaunak eta andreak!' que fue también un primer homenaje a Eusko Ikaskuntza, que está a punto de cumplir su primer centenario como institución. Daba comienzo así un espectáculo muy bien estructurado en ocho partes, para crear un mosaico de referencias y homenajes en torno a Donostia y la música. Tras el pasodoble 'San Sebastián' de José Ibarra, era momento de recordar al 'Mozart donostiarra', Manuel de Sagasti. Sus dos piezas dieron una primera oportunidad de lucimiento a la soprano Klara Mendizabal y al tenor Rubén Ramada.

Pero enseguida los dos cantantes se prestaron también a la mezcla de sentimientos y humor que recorrió el primero de los homenajes del concierto. Eustakio Iraola disfrutó desde la primera fila de las tres piezas elegidas para recordar su permanente vinculación con la música como tenor que «participaba en mil actos solidarios», que «siempre aparecía en cuanto le llamabas para cualquier cosa», comentó Ansorena.

A la exaltación de 'Donosti' de Guillermo Lazkano («Donosti, qué maravilla Dios nos dejó / quien te visita ya no te olvida...»), siguió la emotiva 'Zein zera zu', en la que Iñaki Iraola, hijo del homenajeado, hizo el contracanto con el fagot. Y muy divertida fue 'Hay xiertas señoritas', con Mendizabal y Ramada representando el juego de seducción entre el casero y la joven de la ciudad.

Otro recuerdo se dirigió a Xipri Larrañaga, el que fue último componente vivo de Los Xey, y que ahora hubiera cumplido cien años. Sirvió para que Ansorena revelara algunas curiosidades musicales, como ese corrido mexicano que compuso Guillermo Lazkano, ‘¡Ay! Sus ojos son’, y que sin cambiar ritmo ni melodía, solo la letra, se transformó en himno de la Real Sociedad cuando subió a Primera en 1941. Ambas versiones fueron interpretadas con desenfadada teatralización.

Emociones de José Luis Ocón

Volvieron las emociones con el segundo homenaje de la sesión. El trombonista José Luis Ocón también disfrutó en primera fila de las piezas a él dedicadas, y especialmente con la interpretación de 'Ozio bideko polka' de Pablo Sorozabal, ya que el solista a la trompeta fue su nieto Iñigo Ocón Sagastume, que recibió una ovación. Otra faceta del homenaje fue la entrada de Los Bebés de la Bulla de la Unión Artesana, para recordar el carnaval de 1890. Ambos homenajeados recibieron del alcalde Eneko Goia la figura con txistu y tamboril en chocolate elaborada por Rafa y Joxe Mari Gorrotxategi.

Y para ir preparando el espíritu para el día de San Sebastián, las tamborradas de Altza, Amara y Basoetxea del Antiguo desfilaron por el pasillo e interpretaron sus himnos ante el escenario, con la tamborrada infantil de Kresala sumándose a la fiesta. Y «aunque algunos consideren que es pecado tocar la marcha antes del día de San Sebastián, somos pecadores»: la melodía de Sarriegui sonó imponente, antes de la propina festiva y trotona de la 'Comparsa de caballería'.

La música que se contagia entre generaciones

«Yo que pensaba aguantar... me he emocionado al final. Ha sido todo muy bonito. El sentirte querido te llega al alma. Y así me he sentido yo», manisfestaba Eustakio Iraola al final del acto. «Animo a todo el mundo a que cante, aunque cante mal. Cantando se expansiona el espíritu y se abre la bondad y la amistad».

José Luis Ocón también estuvo rodeado por su familia, entre ellos siete nietos. «Y todos tocan algún instrumento», expresaba con satisfacción. «Estoy muy contento, ha sido magnífico, con unas piezas muy bien elegidas, y han tocado una de un primo de mi mujer, Juan Álvarez Urresti, ‘Gamborena’».

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