La artista Gala Izaguirre expone obras «palpables» en la sede de la ONCE

Gala Izaguirre, junto a Mercedes, afiliada de la ONCE. / MICHELENA
Gala Izaguirre, junto a Mercedes, afiliada de la ONCE. / MICHELENA

Los cuadros han sido realizados con materiales reciclados como arena, piedra o telas, y se pueden ver y tocar durante todo el mes

Itziar Altuna
ITZIAR ALTUNA SAN SEBASTIÁN.

A sus 72 años, Gala Izaguirre derrocha alegría y vitalidad. Esta artista hecha a sí misma, expone durante este mes en la sede de la ONCE en Donostia algunos de sus últimos trabajos, que destacan por su textura. Son cuadros para los que ha utilizado materiales reciclados como papel, cera, piedras, arena o telas, y que han sido creados para que sean «tocados». La propia autora suele reunirse con los afiliados de la ONCE para explicarles cómo crea su obras y «animarles» a que los palpen. «Ellos tienen una sensibilidad especial y se quedan muy pensativos, es una experiencia distinta para ellos».

Desde hace unos meses, Gala Izaguirre colabora con la ONCE como voluntaria, y de esta relación surgió la posibilidad de organizar una exposición. Por cuestiones de espacio, la muestra reúne ocho cuadros -en su casa se han quedado muchos más-, en los que refleja su «amor a la naturaleza». Hay paisajes creados con arena y piedras, y otras con papel de periódico o cartones, que le sirven de base para realizar dibujos. Los más «coloristas», los ha realizado con telas, a las que ha dado distintas formas. La exposición se podrá visitar durante este mes, de lunes a viernes, en horario de 10.00h. a 17.00h, junto a la cafetería de la ONCE en la calle Etxaide.

El arte como motivación

Esta donostiarra admite que su vida no ha sido «convencional». Comenzó con sus estudios de pintura en una academia, «porque mi madre se empeñó». Luego estudió historia del Arte, pero se trasladó a vivir a los Pirineos, donde llegó a regentar un refugio de alta montaña, pero nunca dejó de pintar y crear, «el arte ha sido mi motivación».

Hace diez años regresó a San Sebastián, pero su vida cambió a finales de 2016 al sufrir un ictus. De aquel episodio se recuperó con más ganas que nunca por seguir trabajando, «sentí que mi alma despertaba». Desde entonces, sus cuadros han abandonado el clasicismo, del que dice haberse «aburrido», y se ha «especializado» en trabajar con distintas texturas.

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