Cuando el Arte se viste de gala para recibir a un tal Alfonso Azpiri

Ilustración de Lorna, el personaje más famoso de Azpiri. Arriba a la izquierda, el talento aplicado al cómic. Arriba a la derecha, carátula del videojuego 'Dark Soul'.
Ilustración de Lorna, el personaje más famoso de Azpiri. Arriba a la izquierda, el talento aplicado al cómic. Arriba a la derecha, carátula del videojuego 'Dark Soul'.

Dibbuks publica la obra centradaen el cine del genio madrileño

ÓSCAR GOÑI SAN SEBASTIÁN

. ¿Qué es el Arte? Pregunta fácil de plantear, dado que, claro está, no existe una sola respuesta válida que pacifique a todas las dadas a lo largo de la Historia. Por ende, imposible definir al artista más allá de la conclusión académica que nada aporta. Y, sin embargo, a veces, no demasiadas, surgen obras, autores que se hacen merecedores del consenso de quienes gustan de la respectiva disciplina.

Huir de las definiciones puede ser una buena idea pero, cual ironía, sí hay elementos perfectamente subrayables por su coincidencia en todas las personas que han pasado al siguiente nivel; su estilo es único, mucho más que reconocible al punto de suscitar seguidores, de influenciar a quienes contemplan embelesados su trabajo. Y, por supuesto, su ausencia no tiene cura. Otros alcanzarán la excelencia, pero su asiento siempre quedará vacante. Las reglas son las mismas en el cómic.

Alfonso Azpiri (17 de enero de 1947 - 18 de agosto de 2017, Madrid), un joven prodigio que con veinticuatro años ya firma en la revista Trinca 'Dos fugitivos en Malasia', allí donde lo hacen pesos pesados de la talla de, por ejemplo, Hernández Palacios. Autodidacta, publica historias cortas en Alemania, Portugal y, en 1978, en Italia, 'Zephid' fantasía heroica que recoge en su primer número la revista española Cimoc. El lector descubre entonces a un autor con unas condiciones naturales extraordinarias que admira a un tótem nacional, Víctor de la Fuente, y del que recibe innegables influencias. La puesta en página, la composición, el entintado, la figura, aún no son propias, pero eso pronto cambiará. Un año después nace Lorna, un personaje que, acompañado de su robot, poco a poco, será el vehículo perfecto para desatar el talento de Azpiri. Erotismo, humor, aventura, ciencia ficción... elementos que le acompañarán a lo largo de su obra que pronto se diversifica, ya que su prestigio como ilustrador crecerá exponencialmente, sobre todo desde la irrupción de los videojuegos en el amanecer de la época del código binario.

Videojuegos

Y es que los videojuegos de entonces no tienen mucho que ver con los actuales. Visualmente, apenas pixels agrupados toscamente, apenas heraldos del crecimiento exponencial que habrán de experimentar. El jugador, muchas veces, compra éste o aquel título en función de lo atractiva que le resulta la carátula en cuestión. Y ahí Alfonso Azpiri es el Señor de las Llaves. Nuevos personajes, uno tras otro creado a partir de nada, a ciegas, con plazos de entrega ridículos, rodeados de armas imposibles, naves aceradas o monstruos, en un despliegue tan deslumbrante que, para valorarlo, hay que verlo en conjunto en el libro de 2010 'Spectrum'.

Mientras, no cesa su interés por el cómic. Tras el mencionado y prolífico paso por Cimoc, en la famosa 1984 lanza la serie 'Pesadillas', que un año más tarde el editor Toutain recopila en dos álbumes, compedios de maestría, de genio en estado puro. Historias concienzudas, siempre resueltas con tal detalle que cada ambientación es protagonista, gracias a un uso prodigioso del color; Azpiri es mago con la luz, ergo con la atmósfera. Acuarela, gouache...

El art-decó no se halla lejos de su lápiz a momentos, pero el madrileño es un curioso pincel que, aunque ortodoxo en soluciones, se revela tan diestro con la anatomía como con la naturaleza, tan cómodo con el erotismo (llega a trabajar para la revista de adultos Penthouse) como con 'Mot', serie destinada a los niños, un ejercicio de belleza estética sin igual de 1988 que llega a ser adaptada a los videojuegos e, inevitablemente, a los dibujos animados. Y, por tanto, bienvenidos al mundo del cine de Azpiri.

El libro de Dibbuks que el lector podía ya encontrar en las estanterías meses antes del fatal fallecimiento del maestro, es la recopilación más necesaria, porque reivindica su faceta más desconocida de creador de criaturas de pesadilla, esas que siempre provocan una inexplicable fascinación en el espectador. Hasta qué punto la sensualidad está ligada al terror es tarea de debate para otro foro,pero que Azpiri poseía el instinto, la capacidad de desbrozar el bosque a la búsqueda de la esencia, tanto de la belleza como del horror, es algo que queda palpable en dicha obra y rubricado por los testimonios de quienes trabajaron a su lado.

El Arte, al fin, no se circunscribe a géneros ni a momentos, al menos un mero análisis indica que debería ser ateo de modas, conducir a la universalidad y, casi por añadiduda, a lo imperecedero. El Arte existe porque han existido personas capaces de dar poesía a la realidad. Como Alfonso Azpiri.

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