Ander Izagirre pedalea por la memoria, las leyendas y las cimas del Pirineo

Izagirre, arriba en Issaux (izq.) y Artesiaga (der.), y en la subida a Arnostegi por Donibane Garazi. /
Izagirre, arriba en Issaux (izq.) y Artesiaga (der.), y en la subida a Arnostegi por Donibane Garazi.

El escritor cuenta en 'Pirenaica' su viaje en bici desde Gipuzkoa hasta Girona | Las carreteras construidas por presos en la posguerra, el mito de Basajaun, el Tour, los osos de Arán y hasta Dalí desfilan por el libro

Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

La aventura y el libro empiezan en el mismo sitio: su casa. «Me gusta empezar los viajes en la puerta de mi casa», escribe Ander Izagirre en la primera línea de 'Pirenaica'. Esta vez cogió la bici, encajó la zapatilla en el pedal, «clac», e inició el camino desde Donostia hacia Jaizkibel. La ruta acaba, catorce crónicas y etapas después, en Sant Pere de Rodes, sobre el Cabo de Creus. En medio quedan muchos pedaladas, paseos por la memoria de la posguerra, osos, evocaciones del Tour... «He querido huir del mero relato de mi viaje en bicicleta y enriquecer el libro con historias y anécdotas relacionadas con un paisaje tan conocido como el Pirineo pero siempre sorprendente», explica Izagirre (San Sebastián, 1976). Escritor y periodista, columnista de este periódico desde hace unos meses en la sección Plaza de Gipuzkoa, Izagirre inventó hace ya tiempo lo que alguien denominó «crónica a pedales».

Su libro sobre la historia del Tour, 'Plomo en los bolsillos', se sigue reeditando enriquecido con la historia más reciente, y acaba de volver de Bolivia y Chile, donde ha presentado su libro 'Potosí', ganador del Premio Euskadi de Literatura el año pasado. Izagirre se emociona al hablar de ese libro, basado en personajes reales en las maltratadas minas bolivianas, a los que que acaba de visitar.

Pero ahora se trata de hablar de 'Pirenaica', publicado en el potente sello GeoPlaneta. «No tenía sentido escribir otra guía del Pirineo, pero sí contar una historia desde dentro», dice Izagirre. De ahí el título, 'Pirenaica', aunque el autor asume que ese nombre se asocia con 'Pyrenaica', la revista de la Federación Vasca de Montaña. «Lo ponemos con 'i' latina desde el máximo respeto a una publicación legendaria para los vascos aficionados al monte», matiza.

Carreteras de esclavos

Fueron unos quince días a pedales, casi siempre en solitario, salvo alguna visita de amigos o de su novia. «En cada etapa del viaje, que es un capítulo, quería abordar un tema distinto, así que antes de ponerme a dar pedales me había documentado bien o planificado con qué personas me quería encontrar». Y en el comienzo del relato, y del viaje, hay conexión con otro libro anterior de Ander Izagirre. «Yo escribí la biografía de Luis Ortiz Alfau, que ahora tiene 101 años. Me contó que tras la Guerra Civil fue uno de los trabajadores esclavos que estuvieron haciendo carreteras en los montes de Gipuzkoa y Navarra. Y descubrí que calzadas por las que ando habitualmente en bici, como Jaizkibel, Aritxulegi o Agiña, habían sido construidas por prisioneros republicanos que fueron tratados como esclavos en los años 40».

Izagirre huye del camino recto. Empezó su viaje por Jaizkibel para contar la historia de las carreteras construidas por «esclavos», término en el que insiste. «Explico en el libro que Jaizkibel forma parte de los Pirineos, geológicamente hablando. Por Erlaitz hay restos de las barracas donde vivían los presos. Son carreteras que no tenían un sentido civil, pero fueron construidas por el Ejército por supuesta defensa militar. Es curioso que las carreteras tan hermosas tienen una historia tan terrible detrás».

Avanzó el viaje y avanza el libro. «Hice una parte del Camino de Santiago en dirección contraria: Roncesvalles, Donibane Garazi... Me interesaba saber cómo un mito, la tumba del Apóstol Santiago, ha revolucionado paisajes y ha construido hasta una idea de Europa. Hoy en día cientos de coreanos recorren un camino que en el año 800 y poco alguien vendió como un precursor del marketing».

Llegan los bosques, como Irati o el Roncal, y mitos como el Basajaun. «Hay zonas donde pensaban que el hombre descendía del oso, y lo ven como nuestro antecesor. Tiene su lógica: aquí no hay simios, así que lo más parecido al ser humano es el oso. A medio camino, está Basajaun, que es como nuestro 'Yeti'. A mediados del siglo XVIII aún hay un ingeniero que hace un informe en el que dice que hay hombres grandes y peludos... La construcción de las carreteras fue aclarando el bosque y disipando las leyendas».

El ciclista escritor se planta luego en el Tourmalet y las cumbres clásicas del Tour, muchas de ellas realizadas, según Izagirre, para que Eugenia de Montijo y la aristocracia pudieran viajar cómodos desde Biarritz hasta las aguas termales del Pirineo, hacia 1860. «Mis carreteras favoritas son aquellas en que asustas a los pájaros, señal de que nadie ha pasado por ahí desde hace un tiempo».

Izagirre llega al Valle de Arán y el capítulo de los osos. «Me llama la atención la guerra del oso: muchos lugareños luchan contra los osos, porque los sufren directamente, pero a los urbanitas les parece maravillo que el monte se llene de osos». Después, Andorra, «ese país raro donde hay hasta 50 iglesias románicas, es tan cerrado y parece mantener aún ciudadanos de primera y de segunda», y el norte de Cataluña, con el monte Canigó, hoy sagrado para los catalanes. Ceret, el pueblo de los cubistas, y Figueres y Cadaqués, los de Dalí, son las siguientes etapas».

Quien quiera más detalles de la ruta, que lea el libro. Pero sí podemos adelantar el final. «No quería terminar en el Cap de Creus, que es donde a menudo concluyen las travesías pirenaicas, sino subir a San Pere de Rodes». En esa ascensión, en el último kilómetro del recorrido, sufrió el único pinchazo de todo el viaje. «No sabía si escribirlo, porque resulta demasiado redondo que pinches a punto de terminar. Pero así fue».

PIRENAICA, CATORCE CRÓNICAS DE LA CORDILLERA.

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