Albaola, la factoría integral

El astillero pasaitarra se ha propuesto fabricar las piezas de sus embarcaciones por medios tradicionales. Ha recuperado una fragua para forjar elementos metálicos, un torno del XVI para las poleas de madera y una rueca para cuerdas

La rueca. Es una réplica de la que utilizaba el último cordelero de Hondarribia/ LOBO ALTUNA
La rueca. Es una réplica de la que utilizaba el último cordelero de Hondarribia / LOBO ALTUNA
BORJA OLAIZOLAPASAIA

Inspirándose en viejos grabados extraídos de la Enciclopedia de Diderot y D'Alambert y con una gran dosis de ingenio, Ernesto Fernández Pensado, un técnico de Albaola, ha dado forma a un torno de ballesta similar a los que se utilizaban en el siglo XVI para moldear las poleas de madera que requiere una embarcación a vela. No es una tarea gratuita porque una nave como el galeón 'San Juan' necesita un mínimo de 300 poleas. El torno de ballesta, que ahora ha sido instalado en el Museo Naval, es solo uno de los muchos ingenios que están recuperando los integrantes de la factoría marítima de Pasaia para fabricar las piezas de sus naves. «Nuestra filosofía es evitar en la medida de lo posible los elementos industriales y para ello estamos intentando producir por nuestros propios medios el mayor número de piezas», explica Xabier Agote, responsable de Albaola.

Esa política ha llevado al equipo de trabajo de la factoría a embarcarse en una tarea que bien podría definirse de experimentación arqueológica. «La industrialización -recapacita Agote- ha hecho desaparecer infinidad de oficios relacionados con la construcción naval: carpinteros de ribera, cordeleros, calafateadores, herreros... Esa desaparición ha traído consigo la pérdida de un enorme caudal de conocimientos que se habían ido traspasando durante siglos de generación en generación».

«Nuestra filosofía es evitar en lo posible el uso de piezas industriales en las embarcaciones de época»

Desde Albaola se han empeñado en recuperar parte de ese patrimonio inmaterial con iniciativas singulares como la reconstrucción de un ingenio para la fabricación de cuerdas. «Nos basamos en un trabajo del etnógrafo de Bayona Jean Louis Boss, que recopiló el testimonio del hijo del último cordelero que hubo en Hondarribia en una larga entrevista. A partir de ese trabajo estamos intentando reconstruir la rueca con la que aquel hombre fabricaba los cabos que utilizaban todos los pesqueros de Hondarribia, es una máquina con una rueda grande de madera que esperamos poder hacer funcionar para fabricar nuestras propias cuerdas».

Cosechas de cáñamo

La réplica de aquella rueca de cordelería de Hondarribia descansa en uno de los almacenes de la factoría a la espera del ensamblaje de sus últimas piezas y, sobre todo, de que prospere una cosecha de cáñamo capaz de proporcionar materia prima al ingenio. Albaola ha ensayado plantaciones de cáñamo en lugares como Ágreda (Soria), Fitero (Navarra) y Cervera del Río Alhama (La Rioja), pero hasta el momento las tentativas no han tenido el resultado apetecido. «Es lo que tiene carecer de experiencia, que hay que probar una y otra vez hasta que consigues lo que estás buscando», acota Agote.

Aunque se ha propuesto dominar el arte de la cordelería, es consciente de que el reto no es fácil: a las dificultades para sacar adelante la planta hay que añadir su tratamiento posterior. «El proceso es complejo porque hay que someter el cáñamo recién cosechado a un tratamiento de pobredumbre sumergiéndolo varios días en agua dulce para que se ablande». Si hay algo que caracteriza al responsable de Albaola, no obstante, es la tenacidad, así que es muy probable que los seis kilómetros de cuerda que equipará la nao 'San Juan' cuando se bote en 2020 sean 'made in Pasaia'.

El cáñamo es también la materia prima de las velas. Aunque Agote no descarta a futuro descifrar los secretos de su fabricación, a corto plazo se plantea recurrir a una factoría de Bretaña que elabora paños de cáñamo con sistemas medievales.

Más allá de la forja de clavos y otras piezas de metal, la fragua será un atractivo para las visitas

Otro de los ingenios que esconde la trastienda de la factoría es la réplica de una fragua medieval del palacio Lili de Zestoa. La fragua, todavía en proceso de fabricación, equipa dos enormes fuelles encargados de avivar las llamas. «Hasta ahora hemos recurrido al último herrero que debe quedar en Gipuzkoa, Ricardo Mediavilla, de Legazpi, para los clavos y otras piezas metálicas, pero la idea es hacerlos aquí en la medida de nuestras posibilidades», indica Agote. «Es una forma de recuperar el oficio y además un espectáculo añadido a los visitantes que pasen por la factoría».

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