Un ahorcado a las puertas del mercado de San Martín

La escultura de un hombre colgado en la entrada del mercado ha generado polémica. / MICHELENA

La Policía Municipal recibió llamadas de alerta de vecinos que pensaron que una de las figuras era un suicida real. La colocación de tres esculturas en el recinto causa malestar

MARÍA BASASAN SEBASTIÁN.

Tres esculturas del artista Mark Jenkins colocadas en la entrada del mercado de San Martín han suscitado una gran polémica y es que desde la tarde del jueves, día en el que se colocaron las obras, el público no se ha mostrado indiferente.

«Son obras que dan que hablar, la gente está alucinada, hay reacciones de todo tipo», comenta Nerea Aramburu, gerente del mercado. «Los niños juegan con las esculturas, se divierten y no les asustan. La noche del jueves, aprovechando el 'gastropote', metimos las obras en el interior del mercado y tuvieron un gran éxito. A los jóvenes les gustó mucho. En cambio, por la tarde cuando estaban en la entrada del mercado, frente a las tiendas y cafeterías, hubo personas mayores que se asustaron, sobre todo con la obra del chico colgado».

Se trata de tres figuras de estilo realista realizadas a partir de moldes humanos, cubiertas con papel de plástico (film) y vestidas simulando a personas: un chico colgado en la entrada del mercado, un grupo de tres jóvenes charlando mirando al suelo y atados entre sí con las mangas de un jersey en la otra entrada a San Martín, y una chica sentada en una cafetería con la cabeza apoyada en la mesa. El artista no acostumbra a pedir permisos para exponer sus obras porque lo que le gusta es el riesgo, el misterio. De hecho, hace dos semanas colocó las mismas obras en varias calles y tuvo que retirarlas por orden de la Policía Municipal.

«El artista busca impactar, que venga la policía, las ambulancias, que la gente se asuste»

Por lo general, Jenkins coloca la obra y se esconde en una esquina para ver la reacción del público. «El autor busca impactar, que venga la policía, las ambulancias, que la gente se asuste, y de hecho es lo que pasó. La Policía Municipal y la Ertzaintza se presentaron dos veces en el mercado al recibir varias llamadas de ciudadanos que, tras ver la figura del chico colgado, pensaron que alguien se había suicidado. Avisamos a Jenkins de que la policía había llegado y estaba contento de la repercusión. Desde San Martín, explicamos a los agentes que se trataba de una exposición artística, que teníamos todos los permisos necesarios y no tuvimos mayor problema. No obstante, la gente me llamó de todo, alguna señora me gritaba por permitir exponer estas obras», señala Aramburu.

Apuesta artística

El mercado de San Martín pretende con esta propuesta transgresora apostar por la cultura participativa de la ciudad. «A pesar de las quejas de algunos, a muchas personas les está gustando. Durante el 'gastropote' la gente me animó mucho comentándome que era muy novedoso, que llamaba la atención y que les encantaba. Esto es arte rompedor, es chocante, sorprende, lo sabemos. Jenkins es un artista muy reconocido a nivel internacional por la expresión realista del arte urbano, y lo normal es que suscite opiniones diversas».

Pero algunos comerciantes de los establecimientos de San Martín se muestran en contra de esta iniciativa. «Tenemos clientes que no quieren venir a tomar un café mirando a un 'muñeco ahorcado'», comenta el propietario de uno de los bares. «Les parece un horror, nos han dicho que mientras dure la exposición no van a venir. Queremos que quiten estas esculturas, son desagradables a la vista para niños y mayores y vamos a perder clientela».

«Tenemos clientes que no quieren venir a tomar un café mirando a un muñeco colgado»

La incertidumbre está en que nadie sabe la duración de la exposición, ni siquiera el propio Jenkins. «La obra está teniendo mucho impacto y el artista está encantado con el resultado. No sabemos el tiempo que va a permanecer, igual hoy nos dice que no pongamos más la instalación», concluye Aramburu.

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