La fiesta de Pasaia, viento en popa

Albaola bota la primera embarcación construida por su escuela de carpintería de ribera y el público toma la bahía

El público no pierde detalle de las embarcaciones de época.
ELENA VIÑAS

El viento ha soplado en su tercera jornada a favor del Festival Marítimo que conquista Pasaia a través de siglos de historia que amenazaban con zozobrar en la memoria. Las embarcaciones llegadas de las cuatro latitudes izaron desde el mediodía sus velas bajo el sol para navegar por las plácidas aguas de la bahía, convertida desde el pasado jueves en un escenario de película que invita a soñar con historias de bucaneros y solitarios lobos de mar.

Ell majestuoso velero 'Kaskelot' volvió a abandonar por unas horas el puerto para seducir con su singladura a cuantos, desde muy temprano, tomaban las orillas de San Pedro y San Juan. En su travesía le acompañaban 'Le Biche' y otras muchas naves, las mismas que a media tarde fueron testigo mudo del acto central de la programación de ayer, la botadura del primer barco construido en Aprendiztegi, la escuela internacional de carpintería de ribera Lance Lee, de Albaola.

La rampa próxima al club de remo Sanpedrotarra congregó a multitud de invitados y curiosos ansiosos por presenciar el estreno de 'Waterwag', nombre con el que ha sido bautizada una suerte de chalupa de cuatro metros y medio de eslora provista de dos remos. Se trata de una embarcación ideada para las regatas de Dublín que se iniciaron hace 130 años.

«Pese a su pequeño tamaño, es la más longeva del mundo», señalaba Xabier Agote, presidente de la Factoría Marítima Vasca Albaola, quien desvelaba que el trabajo había sido un encargo llegado de Irlanda el pasado mes de septiembre, coincidiendo con la puesta en marcha del centro de formación pionero en el País Vasco.

Según explicaba, «han venido expertos de ese país para supervisar su construcción y nos han dado un diez. Es una embarcación preciosa que ha sido barnizada, en lugar de pintada, por lo que no se pueden ocultar fallos. Se ha tenido que hacer siguiendo los máximos estándares de calidad».

La botadura tenía un padrino de excepción, Lance Lee. El precursor de las mejores escuelas de carpintería de ribera de Estados Unidos, a quien se rinde homenaje poniendo su nombre a la existente en Pasaia, cruzaba el Atlántico para asistir al Festival Marítimo. «Es una persona muy reconocida en este ámbito. Yo mismo tuve la suerte de ser aprendiz suyo hace décadas», añadía el responsable de Albaola.

El pofesor Brian McClellan, también discípulo de Lee, y sus alumnos bañaban con sidra 'Waterwag', de proa a popa, antes de botarla al mar y protagonizar sus primeras paladas. El público respondía, desde tierra, con aplausos que encontraban su eco en el agua, a bordo de la flota que aguardaba a su nueva integrante. Los coros Errobi Kanta, de Baiona, y el de La Castaña, de la sociedad Gaztelubide de Donostia, ponían banda sonora a la fiesta. La melodía de 'Boga-Boga' emocionó a los asistentes, lo mismo que los bertsos de Jon Maia, inspirados en la nueva chalupa y en el camino iniciado por Lee que en la actualidad tiene continuidad a este otro lado del océano.

Entre mareas de visitantes

El Festival Marítimo de Pasaia vivía sus momentos álgidos a lo largo de la jornada de ayer, al abrigo de las mareas de miles de visitantes que llenaron muelles y plazas. Tratar de desplazarse por la calle empedrada del casco antiguo de Donibane era tan complicado como hallar una mesa libre en las terrazas que los negocios hosteleros multiplicaron en tamaño en ambas orillas. Recorrer las exposiciones abiertas al aire libre en la plaza Bizkaia o en el muelle de San Pedro se convertía en una empresa que requería de grandes dosis de paciencia. Incluso el acceso a Trintxerpe por carretera se llegó a colapsar durante la mañana.

Uno de los mejores termómetros para medir la afluencia de público a la primera edición de este certamen turístico nacido para potenciar el patrimonio marítimo fueron las colas que se formaron para visitar el 'Kaskelot' y para desplazarse de un distrito a otro de Pasaia utilizando el transporte acuático. La empresa encargada del servicio de motora puso en marcha nuevas líneas para comunicar Trintxerpe, San Pedro y San Juan, los tres escenarios del programa de actividades.

La bahía se dejó inundar por un ambiente cosmopolita, en el que confluían las más diversas lenguas y culturas. La misma variedad caracterizó las incontables propuestas que rivalizaban por acaparar la atención de los visitantes. Desde la kantujira formada por trescientas personas a la regata de bateles, pasando por los bautismos de buceo, los conciertos, la muestra de cultura gallega y la visita guiada teatralizada al astillero tradicional.

Los organizadores no ocultaban su satisfacción. «No queríamos ser demasiado ambiciosos en esta primera edición, porque queremos desarrollar el Festival Marítimo de manera progresiva, sentando bien las bases. Ahora podemos decir que estamos listos para la segunda edición de aquí a dos años para que ésta sea una cita aún más nutrida, con más actividades si cabe», manifestaba.

«Está siendo un éxito descomunal que nos pone en el mapa»

La alcaldesa de Pasaia, la socialista Izaskun Gómez, realizaba una primera valoración en clave positiva del Festival Marítimo pasado ayer su ecuador. «Está siendo un éxito descomunal», aseguraba a DV la regidora, quien añadía que «la mejor prueba de su acierto son las múltiples felicitaciones que estoy recibiendo de los vecinos, los hosteleros, los taxistas y otros gremios». La primera edil pasaitarra se reiteraba en su apuesta por continuar organizando en el futuro más ediciones de este evento turístico que nace con vocación bianual. «Éste es el camino, el de poner a Pasaia en el mapa y reivindicar nuestra identidad, nuestra historia y nuestro pasado. Estoy convencida. Esto no tiene ya marcha atrás», declaraba Izaskun Gómez.

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