Las abuelas del arte dan el golpe

Estrella.Yayoi Kusama (88 años), en el museo que se acaba de inaugurar en Tokio con su nombre. / EFE

Algunas han vendido su primer cuadro a los 88 años. A otras les dedican museos. Toda una generación de mujeres mayores de 70 años irrumpe en ferias y galerías

ISABEL URRUTIA CABRERA

Yayoi Kusama ha conseguido vender su cuadro blanco 'White No. 28' por siete millones de euros. «Y no se crean, lo mejor está por llegar», auguraba en septiembre la artista japonesa, de 88 años, poco antes de inaugurar un museo que lleva su nombre en el barrio tokiota de Shinjunku, muy cerca del centro psiquiatrico donde reside. Las entradas vuelan -20.000 en dos horas- para admirar la obra psicodélica de una precursora del pop art. La cotización de Carmen Herrera -cubana de 102 años, afincada en Nueva York- se ha disparado. Su primer lienzo lo vendió a los 89 pero ahora tiene obras como 'Cerulean', una superficie azul en forma de rombo, que alcanzan los 850.000 euros. Toda una generación de mujeres de más de 70 años, pintoras, escultoras, maestras del collage y la performance, invaden museos, ferias, bienales y subastas. Por fin ha llegado su hora.

«Se trata de un fenómeno que coge fuerza en 2014, cuando queda claro que no todos los jóvenes van camino de ser el nuevo Andy Warhol... Es entonces cuando las galerías echan el ojo a las mujeres nacidas entre 1910 y 1940. Valores novedosos pero también muy seguros. Representan escuelas y corrientes familiares», razona Marta Gnyp, historiadora del arte, coleccionista y periodista afincada en Berlín. De un tiempo a esta parte, parece que lo más revolucionario no lleva el sello de los jóvenes de Berlín, Sao Paulo o Johannesburgo. Ahora lo que pega fuerte son artistas de la talla de Elisabeth Wild (95 años), Geta Bratescu (91), Sheila Hicks (83), Beatriz González (78) y Phyllida Barlow (73), todavía muy activas en países como Austria, Rumanía, Estados Unidos, Colombia y Gran Bretaña.

Este año, las ferias de arte contemporáneo más prestigiosas -Documenta en Kassel y la Bienal de Venecia- no han dudado en hacerles un hueco. En la ciudad italiana, donde el certamen sigue abierto hasta el 26 de noviembre, todavía se forman largas colas para admirar los montajes textiles -telares y ovillos gigantes - que concibe Sheila Hicks. Una artista de Nebraska con un dominio magistral de las técnicas mexicanas de tejido a mano. Y también causa mucho revuelo la destreza y rapidez de Geta Bratescu «para dibujar mundos absurdos y chaplinescos, con el lápiz o las tijeras», en palabras de la crítica especializada.

LA CLAVE7 MILLONES DE EUROS POR UNA OBRA «Lo mejor está por llegar», augura la japonesa Yayoi Kusama, de 88 años, la artista viva más cotizada CAMBIO DE TORNAS El acceso de mujeres a puestos directivos en museos y galerías ha contribuido al fenómeno

Apertura de miras

Son bocanadas de aire fresco que han deslumbrado a los expertos y público en general. Sobre todo a los más jóvenes, menos proclives a arrugar la nariz ante montajes que hacen un guiño a las llamadas artes decorativas (más vinculadas al mobiliario, diseño de interiores y la arquitectura). Una apertura de miras que se consolidará a lo largo de este mes con más exposiciones en museos de Alemania, Francia, Japón, Estados Unidos y España.

El fenómeno ha eclosionado y, como es lógico, las galerías ya tenían la mosca en la oreja. Firmas tan reputadas como Hauser & Wirth (Zúrich), Bortolozzi (Berlín), Lisson (Londres) hace tiempo que defienden los intereses de creadoras como la inglesa Phyllida Barlow (73 años), la estadounidense Betty Woodman (87) o la cubana Carmen Herrera (102).

También hay defensores de la causa feminista que ahora están recogiendo los frutos de «una larga, larga batalla», en palabras del comisario de arte Xabier Arakistain (Madrid, 1966), más conocido como 'Arakis', un profesional muy comprometido con la causa de las mujeres. Ya en su primera exposición, 'Trans Sex Express (1999) que pudo verse en Bilbao Arte, se las arregló para elevar el sexo a categoría determinante en el arte.

«Ahora estoy volcado en las creadoras de las vanguardias y posvanguardias del siglo XX. No solo porque se trate de una cuestión de justicia, sino porque su agenda artística y política todavía no está cerrada. El día 20, por ejemplo, inauguramos en el Azkuna Zentroa una muestra sobre Margaret Harrison. Es una artista inglesa de 77 años muy interesante, con una clara impronta feminista. Toda una pionera en su momento», recalca Arakistain. En 1971, la Policía cerró la primera exposición individual de Harrison en Londres «alegando indecencia y pornografía». Y todo, porque no tragaban las caricaturas de Hugh Hefner, el fundador de 'Play Boy', al que había embutido en un traje de conejita; ni al Capitán América con pechos protuberantes y medias.

El acceso de mujeres a puestos directivos también ha contribuido a cambiar las tornas en los museos y galerías, sobre todo en el ámbito anglosajón. «¡Queremos que el mundo del arte no sea un club de chicos!», advirtió Maria Balshaw a principios de este año, en calidad de flamante directora de todas las galerías Tate en Reino Unido (Tate Modern y Tate Britain en Londres; Tate Liverpool y Tate St. Ives). Una actitud que comparte Nancy Spector, comisaria jefe y directora artística del Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York desde el pasado febrero. Algo se mueve y no hay vuelta atrás.

Calidad ante todo

«No se trata de reparar una injusticia sino de calidad. Más vale no distinguir a los creadores por su sexo o edad», advertía Christine Macel, conservadora jefa del Centro Pompidou y comisaria de la Bienal de Venecia, poco antes de conceder el León de Oro honorífico a Carolee Schneemann (Filadelfia, 1939), precursora de la performance como forma de expresión y liberación sexual.

Schneemann fue de las primeras en identificar el maltrato y el desprecio a la mujer con un asunto universal en la órbita de los derechos humanos. Ahora se puede disfrutar la primera retrospectiva de su carrera en el MoMA PS1 de Nueva York. Los tiempos están cambiando.

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