Luto por Fandiño, el valiente incorregible

Luto por Fandiño, el valiente incorregible

El funeral por el mejor diestro vasco de la historia se celebra esta tarde en Orduña, su localidad

J. GOMEZ PEÑASAN SEBASTIÁN.

Ya era de noche el sábado cuando el escalofrío de la muerte de Iván Fandiño recorrió el mundo de la tauromaquia. El mismo lamento alcanzó Orduña, donde creció, y Guadalajara, donde se hizo torero y residía. Como homenaje espontáneo, un grupo de aficionados se citaron a las puertas del Coso de las Cruces, la plaza de Guadalajara. Rezaron por él y en las escaleras de acceso colocaron unas velas, una ikurriña y una bandera de España. En silencio. Hicieron memoria. Todos recordaban cuando el valor del matador vizcaíno hacía temblar el silencio de las plazas. O aquella tarde de mayo de 2014 en el albero madrileño de Las Ventas que asistió al combate de dos bravos, toro y torero. Cara a cara en la hora de la muerte. Fandiño arrojó la muleta. Solo con su espada frente a dos cuernos y la mirada de verdugo de aquel astado. Entró a matar o morir. Voló por los aires y cuando aterrizó en la arena, el toro ya agonizaba con el filo clavado hasta el alma. Decía Juan Belmonte, maestro torero, que «se torea como se es».

LAS FRASES

Alejandro TalavanteTorero «El cobarde muere mil veces, el valiente solo una»
Cristina CifuentesPresidenta Comunidad de Madrid «¡Tantas tardes que nos regaló arte y valentía!»
Enrique PonceTorero «Siempre te recordaré en esas tardes compartiendo la gloria del toreo»

Así era Iván Fandiño, de una valentía incorregible. Torero libre. Fiel a su amigo y apoderado, Nestor García, con quien se enfrentó a las grandes empresas. El sábado, con apenas 36 años, el mejor torero vasco de la historia murió tras recibir una cornada de 15 centímetros en la plaza de Aire sur lAdour, en Francia. Su cadáver llegó ayer por la tarde al tanatorio de Amurrio, donde fue velado por los suyos. Sus padres, Paco y Charo; su esposa, la ecuatoriana Cayetana García Barona, madre de Mara, la hija del torero, que aún no ha cumplido dos años. El paseíllo fúnebre para despedir a Fandiño, que será incinerado en Llodio, llega hoy a su villa, a Orduña. Allí, a las 18.30 horas, le espera el funeral en la Parroquia de Santa María. De Orduña, de su Virgen, le vino a Fandiño el primer apodo taurino: El Niño de la Antigua.

En Orduña, en la vieja plaza, empezó todo. En casa nadie habla de toros. Iván, de hecho, iba para pelotari. Tocaba el txistu y daba clases de euskera. Un mocetón vizcaíno. Eso lo cambió el toro. Afinó. Perdió peso para ajustarse a las prietas costuras del traje de luces y a las enormes medidas de su sueño: ser el mejor. Y lo consiguió. A partir de 2011 comenzó a salir por la puerta grande de las mejores plazas. Fandiño todo lo remediaba con su valor. Con esa espada triunfó y también fracasó: se atrevió a encerrarse en 2015 en Las Ventas con seis toros de las ganaderías más bravas. Los cuernos con los que casi nadie se atreve. A matar o morir. Apostó por él. Y esa vez perdió. No fue su faena. Acusó el golpe y ahora peleaba por remontar y volver a ocupar la cima del escalafón. En ese retorno estaba el sábado en el coso francés.

«Soy su segunda madre y puedo decir que nadie le ha regalado nada»

Orduña se levantó ayer gris pese al sol de justicia que achicharró la Feria de San Juan, cita destacada del calendario festivo. La noticia de la muerte de su vecino más popular ensombreció las calles que le vieron crecer. Las condolencias con la familia, muy conocida y querida en la ciudad, no cesaron. A sus padres, Paco y Charo, que vinieron hace décadas a Orduña desde Galicia en busca de trabajo y que participan activamente en la vida social de la localidad, les pilló la noticia viajando a Francia junto a Xabier Sobrón, uno de sus mejores amigos y concejal del PNV en el Ayuntamiento urduñarra. «Era muy bravo, comentábamos esta mañana los amigos. Todo lo que se proponía lo conseguía. En todo era bueno y el líder de la cuadrilla. Jugó al fútbol y era muy bueno en la pelota, deporte al que se podría haber dedicado profesionalmente. Un día nos dijo que iba a ser torero y nos dejó perplejos. Pero como en todo, lo consiguió a pesar de las zancadillas y de ser un torero vasco>», recordó Joseba Oiarzabal Kakaito, su otro gran amigo.

Fandiño residía en Guadalajara con su esposa Cayetana y la pequeña Mada, que cumplirá 2 años en septiembre sin su padre. Estudió en la Compañía de María como tantos niñas y niños de Orduña y terminó sus estudios de COU en los Josefinos. «Cuando era pequeño saltaba la valla del colegio de las monjas para torear las vacas que pastaban al otro lado», cuenta Goio Moreno, uno de los miembros del club de txokos Olaran. «Le concedimos el Perretxiko de Oro en 2015 por la difusión y la buena fama que daba a nuestra ciudad. Estaba muy orgulloso de ser orduñés», apunta Iñaki Cuadra, presidente de Olaran.

Si alguien conoce bien a Iván y a su familia es Encarni García, del bar Karmele, punto neurálgico de los amantes de la tauromaquia. «Soy su segunda madre. Como digo yo, madre sin parto. Estamos muy tristes. Organizaba las excursiones que hacíamos hasta Madrid cuando estaba empezando. Es un chaval muy querido al que nadie le ha regalado nada. Le he llamado esta mañana a su padre y no podía ni hablar».

A las doce del mediodía la trikitixa y los txistus dieron paso a unos minutos de silencio en la Foru Plaza donde vecinos y visitantes improvisaron una concentración en su recuerdo. Un txistu que Fandiño tocaba de pequeño, como rememoró Idoia Aginako, alcaldesa de la ciudad. Iván Abasolo, 32 años y también torero, guarda muchos otros recuerdos: «Cuando jugábamos a torear en mi barrio o en la huerta de su abuelo... También entrenábamos juntos en la plaza. Me dio la alternativa y me ayudó mucho». Desde el Club Taurino Ochomayo, su presidente, Bernardo Ardanaz, no tiene dudas: «Es una pérdida irreparable. Ha sido el mejor torero vasco de la historia a años luz del segundo».

«Era un torerazo»

El tercer astado de la tarde, que correspondía al diestro Juan del Álamo, llevaba por nombre Provechito. Fandiño salió a hacerle un quite. Bien. Pero perdió el equilibrio y el toro le embistió. «Llevadme al hospital, me estoy muriendo», dijo con el rostro crispado. En la plaza continuó la corrida, como si la cogida no fuera tan grave. Pero el torero de Orduña ya notaba que era el final. El doctor Poirier, jefe de los servicios médicos del hospital Layné de Mont de Marsan, donde trataron sin éxito de reanimarle, aseguró que era «imposible» salvar la vida de Fandiño. «Aunque no falleció en el acto, los daños que sufría en el hígado, el riñón y los pulmones eran irreversibles», declaró Poirier.

El médico francés le acompañó en la ambulancia desde la enfermería de la plaza hasta el hospital. No había «nada» que hacer. «El torero presentaba en el abdomen tres litros y medio de sangre negra, procedente de las glándulas hepáticas, señal de que el hígado había reventado a causa de la cornada, que también rompió la vena cava. Eso produjo un severo derrame interno», describió. Cuando Fandiño llegó a la enfermería apenas tenía pulso. «Era imposible tomarle la tensión arterial por lo baja que la tenía. Ni allí ni en el ospital había forma de salvarle», concluyó Poirier. Fandiño superó un primer fallo cardíaco, pero no el segundo, ya en el traslado al hospital.

El eco de su fallecimiento retumbó. Otros toreros salieron enseguida a recordarle. «El cobarde muere mil veces, el valiente sólo una», le dedicó Alejandro Talavante. El peruano Andrés Roca también tuvo unas palabras: «La puerta grande del cielo se abre para ti». Enrique Ponce ha dormido esta noche en Bilbao, en el Hotel Carlton, para asistir hoy, como buena parte de las figuras del toreo, al funeral de su amigo, a quien califica de «torerazo». «Siempre añade te recordaré en esas tardes compartiendo la gloria del toreo».

El dolor por la muerte de Fandiño se notó ayer en el tanatorio de Amurrio, donde se reunieron familia, vecinos y amigos, según informa Jorge Barbó. «En la plaza sabíamos que era una cornada importante, que había sido en muy mal sitio pero no nos imaginábamos este final», dijo Sergio Moreno, jefe de prensa del diestro. En Orduña no se hablaba de nada más. Como en Fuentelencina, el pueblo de Guadalajara donde el diestro vivía con su familia. «Ha dejado huella aquí», destacó el alcalde de esta localidad de la Alcarria, Santos López Tabernero. El adiós de Fandiño traspasó fronteras. Su muerte fue la noticia más leída en el periódico inglés The Guardian. En Bilbao, la junta de Vista Alegre dijo que esta plaza «siempre le tendrá en su recuerdo». Su adiós, añade, «engrandece su figura». Así se despiden todos de Fandiño, el valor de un torero.

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