Diario Vasco
Steve Green, ayer, en el edificio Carlos Santamaría de la UPV en San Sebastián.
Steve Green, ayer, en el edificio Carlos Santamaría de la UPV en San Sebastián. / LOBO ALTUNA

«Cuando pasen unos años Donostia valorará mejor el efecto del 2016»

  • Steve Green, exresponsable del comité de seguimiento europeo de las capitalidades, afirma que si fuera donostiarra «estaría orgulloso del resultado del 2016»

  • El técnico que ha 'vigilado' desde Bruselas piensa que San Sebastián «ha abierto nuevas vías»

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Aporta la mirada externa al balance de Donostia 2016. El británico Steve Green ha sido durante años responsable europeo de las capitalidades culturales, y desde su despacho en Bruselas presidió el comité de seguimiento de San Sebastián.

«Si yo fuese donostiarra estaría orgulloso del resultado de su Capitalidad», afirma. Reconoce fallos, como el largo año de parón tras la elección de San Sebastián, pero defiende que Donostia ha abierto un camino en Europa. «Hubo un tiempo en que las capitalidades culturales eran una acumulación de eventos, o una plataforma de lanzamiento turístico. Donostia es un modelo de la nueva fórmula, que busca cambiar actitudes y mejorar en valores difíciles de medir como la convivencia». Por eso Green piensa que «San Sebastián tardará años en valorar realmente el legado de su Capitalidad».

El experto británico participó ayer en la capital guipuzcoana en las jornadas de evaluación del 2016 y concedió una entrevista a este periódico.

- Usted ha controlado las capitalidades culturales europeas de los últimos años. Interesa mucho su valoración de Donostia con la perspectiva de la distancia y la comparación con otras ciudades.

- Debo advertir que valorar una capitalidad cultural es muy complicado. Es un proceso de muchos años, desde que se crea la candidatura hasta el final, y carecemos de instrumentos objetivos para medir. En el caso de San Sebastián es especialmente difícil, porque su programa se basa en valores como la convivencia, tan complicados de enjuiciar. Los responsables de Donostia 2016 tienen el mérito de haberse mantenido fieles a ese objetivo pese a los elementos en contra, que han sido muchos. San Sebastián siempre ha sido fiel a sus cimientos.

- Muchos ciudadanos no entendieron bien el programa y objetivos de Donostia 2016 antes, durante y después de su celebración. Al final en la opinión pública queda cierta sensación de que ha sido una oportunidad perdida.

- Eso ocurre en muchas capitalidades. Mi experiencia me dice que hace falta que pasen unos años para que cada ciudad valore más y mejor qué ha dejado su Capitalidad. El alcalde de Pecs, la ciudad húngara que fue capital europea en 2010, me dijo que necesitó cinco años para aprender a valorar lo que había dejado su título europeo. Por eso damos tanta importancia al desarrollo del legado. La capitalidad de Donostia no acaba en 2016: ahora es cuando hay que sacar rendimiento a lo realizado ese año.

- Los ciudadanos no terminamos de entender esos procesos.

- Y yo entiendo también que la gente piense así. El modelo de la capitalidad ha cambiado con el paso del tiempo. Hace treinta años ciudades como Florencia o Madrid vivieron un modelo basado en la acumulación de acontecimientos y eventos. Luego llegó otro modelo en que se veía la capitalidad como elemento de promoción turística, como Graz. También hubo un momento en que se utilizó la capitalidad para acometer grandes obras de infraestructuras, como Liverpool, que se regeneró gracias a este título. Pero ahora apostamos para que la capitaliad cambie actitudes o comportamientos ciudadanos, y eso resulta más complicado de explicar. Es el caso de San Sebastián, Pilsen, o Aarhus. Donostia ya era una ciudad de éxito, en una buena situación económica o cultural, pero tenía un problema de convivencia, derivado de los años de violencia. Ocurrió en Derry o Londonderry, o en Sarajevo, aunque sean situaciones tan distintas. El jurado que eligió San Sebastián consideró que su programa de valores y su filosofía de convivencia era el más interesante.

- Pese a su visión tan optimista, supongo que encontrará cosas que se han hecho mal en Donostia.

- Soy especialmente crítico respecto al año o dos años posteriores al momento en que San Sebastián fue elegida por el jurado. Hubo demasiado parón, sin una dirección respaldada por las instituciones. Se perdió un tiempo precioso para lanzar mensajes a los ciudadanos y explicar la filosofía de lo que se iba a hacer. Ocurre en muchas capitales, que viven la euforia al ser elegidas y luego pasan un tiempo de bajón, pero en el caso de Donostia ese momento se alargó por cuestiones políticas. Fue un tiempo crítico hasta que llegó Pablo Berástegui.

- ¿Esos dos años de parón pesaron en el desarrollo de Donostia 2016?

- No demasiado, pero fue una pena que se gastaran las energías en cuestiones internas en vez de emplearlas en trasladar al exterior el programa de convivencia. En todas las capitales vemos que el director debe luchar contra las presiones de los políticos, de sectores ciudadanos, de los medios de comunicación... Aquí quizás las resistencias fueron mayores.

- ¿Ocurrió así porque el seno de la Capitalidad reflejaba precisamente los problemas de 'convivencia' que, a la vez, habían servido para ganar la batalla ante el jurado?

- Puede ser. Cada país tiene sus propias características. Aarhus, en Dinamarca, se encontró con que un importante medio de comunicación del país avisó que, por razones editoriales, estaría en contra de todo lo que se hiciese. Sin embargo, llegó la inauguración, fue un éxito y el periódico en cuestión cambió de opinión. Ahora respalda la Capitalidad.

- ¿La convivencia es mejor en Donostia gracias a la Capitalidad?

- Soy extranjero y no puedo opinar con el conocimiento de ustedes. Pero que el tema haya sido objeto de reflexión en debates ciudadanos o en medios de comunicación ya es un éxito. Para los mayores es difícil revivir el pasado, pero los más jóvenes lo empiezan a ver como «historia» y eso facilita avanzar. Lo hemos visto en Irlanda, por ejemplo, en el modo en que la gente vivió en marzo la muerte de Martin McGuiness.

- No es fácil avanzar cuando las heridas están aún tan abiertas como en el País Vasco.

- Sin duda. Pero la historia va hoy más deprisa. La II Guerra Mundial necesitó décadas para cicatrizar heridas. Hoy los tiempos van más acelerados.

- ¿La imagen de San Sebastián en el exterior ha mejorado gracias a la Capitalidad?

- Sí. En Europa la imagen de Donostia es una ciudad con bellas playas y estupenda gastronomía. El período post-ETA, vinculado a la Capitalidad, cuajará como la imagen de una ciudad que aprende a convivir pese a las heridas del terrorismo.

- Sabemos que las capitalidades no son una competición deportiva, pero ¿cómo compararía el resultado de Donostia respecto a otras?

- No puedo decirlo. Sí diré que hay capitalidades del pasado de las que ya nunca hablo, pero de San Sebastián hablaré mucho. Y creo que bien.

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