Diario Vasco

Los ‘ferrari’ de la nieve

Gurutz Coretti diseña y fabrica esquís personalizados para los aficionados que no se contentan con las tablas que se venden en las tiendas
Gurutz Coretti diseña y fabrica esquís personalizados para los aficionados que no se contentan con las tablas que se venden en las tiendas
  • El donostiarra Gurutz Coretti es el primer fabricante de esquís artesanales de España

  • Sus tablas se hacen a medida y se venden a partir de 1.300 euros

Peso, forma de esquiar y pistas preferidas para hacerlo. A partir de esas tres variables Gurutz Coretti diseña y fabrica esquís personalizados para los aficionados que no se contentan con las tablas que se venden en las tiendas. «La diferencia entre unos esquís de serie y otros hechos a medida es brutal, los que prueban se suelen quedar sorprendidos porque es como pasar de la noche al día», sostiene este donostiarra hijo de italiano de Trento mientras enseña al visitante algunas de sus últimas creaciones. Los esquís Coretti, en efecto, tienen poco que ver con los de los grandes fabricantes. Para empezar son mucho más ligeros porque en su elaboración se utiliza la fibra de carbono. Los acabados son también distintos, no sólo porque algunos lucen en su superficie el brillo cálido de la la madera, sino sobre todo porque están rematados de forma impecable: ni siquiera examinándolos con lupa se aprecia un poro o una irregularidad. «Es que soy perfeccionista hasta la obsesión», se justifica entre sonrisas.

Coretti, de 56 años, ha sido siempre un loco del esquí aunque la idea de hacer sus propias tablas surgió hace una década. «En Dolomitas, en Italia, hay muchos fabricantes artesanales y era algo que me había llamado la atención desde que esquié allí por primera vez. Como por mi trabajo tenía cierta experiencia en la fabricación de piezas especiales, empecé a estudiar el diseño de los esquís y a interesarme por su geometría. Destripé unos cuantos, pero sobre todo hice cálculos para determinar su comportamiento en función de parámetros como la flexibilidad, la curvatura, la longitud, el grosor, los apoyos...». El principal obstáculo era que no tenía experiencia con el carbono. «Pronto llegué a la conclusión que el carbono era el material óptimo para hacer esquís, pero no sabía cómo se trabajaba. Tuve la suerte de contactar con un francés que es un especialista en carbono y que además es un entusiasta del telemark, una técnica de esquí, así que no tardamos en entendernos».

De aquella colaboración nacieron los primeros esquís Coretti. Al principio fue un simple entretenimiento, pero pronto se dio cuenta de que podía haber posibilidades de negocio. «Mis hijos empezaron a competir en esquí y yo solía acompañarles con las tablas que me había hecho. Como no se parecían a nada conocido, muchos me preguntaban a ver de dónde habían salido y si podían probarlas». A la creciente expectación generada en las pistas se añadió su propia situación laboral. «Trabajaba vendiendo maquinaria y cuando llegó la crisis las ventas se desplomaron, así que empecé a darle vueltas a la idea de fabricar esquís. Hice estudios de mercado, perfeccioné los métodos de fabricación, solicité subvenciones y me lancé a la aventura».

Los principios fueron duros. Las tablas hechas a medida forman parte de la cultura del esquí en países como Italia, Austria o Suiza, pero en España son un concepto desconocido. «Se habla de esquís de taller, que son los modelos de competición que hacen los grandes fabricantes, pero el esquí artesanal es un concepto distinto: es un esquí que no es tan exigente como uno de competición y que se adapta como un guante a su propietario». No es lo mismo, añade Coretti, un esquí diseñado para las estaciones de los Alpes, con pistas muy anchas y nieve en polvo, que otro adaptado a las pistas de los Pirineos, más estrechas y con la superficie mucho más dura. «Incluso la tabla que va bien en Baqueira no va tan bien en Candanchú porque las condiciones son diferentes».

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