Diario Vasco

Una ruina cultural de 3 millones

Fotomontaje de Lekuona Fabrika, el futuro centro contemporáneo de Artes Escenícas de Errenteria
Fotomontaje de Lekuona Fabrika, el futuro centro contemporáneo de Artes Escenícas de Errenteria
  • Cada espacio cultural que se proyecta con dinero público en Gipuzkoa cae en la anarquía. Lekuona es el último ejemplo

No es ningún secreto que la vasta actividad cultural que siempre ha caracterizado a Gipuzkoa se ha pivotado en la iniciativa privada. El Zinemaldia, promovido por los comerciantes, es el máximo exponente, pero los ejemplos son variados. Sin embargo, cuando el balón está en el tejado de las instituciones públicas, generalmente acaba pinchándose o lanzado lo más lejos posible. Gipuzkoa es un territorio donde el dicho de que un problema se convierta en una oportunidad, suele derivar exactamente en lo contrario. Tabakalera podría levantar la mano. El proyecto comenzó a principios de la década pasada y más de un responsable institucional hubiera preferido que un terremoto hubiera dejado el edificio hecho pedazos o que una cadena textil hubiera presentado una oferta irrechazable por el inmueble. Esto es Gipuzkoa, con un ADN incapaz, salvo casos contados, de levantar un proyecto cultural con dinero público sin generar controversia. Las propias obras del Museo Balenciaga siguen en el juzgado.

El último ejemplo que parece estar pasando sin pena ni gloria pero que refleja esta incapacidad intrínseca al espíritu del territorio es la rehabilitación del edificio Lekuona en el centro de Errenteria. La Diputación y el Ayuntamiento firmaron en octubre de 2014 –ambos dirigidos por Bildu– un acuerdo para rehabilitar el edificio y convertirlo en el epicentro de la danza en Gipuzkoa (Dantzagunea). La inversión superaba los 6 millones, y el pilotito verde ya empezaba a ponerse amarillo. ¿Una inversión de 6 millones para la danza en Errenteria? La Diputación debía poner en torno al 60% de la inversión, y el resto, el Ayuntamiento de la localidad galletera.

Desde entonces, todos han sido problemas. El PSE de la villa denuncia que el auditorio proyectado, para un aforo máximo de 700 personas, se ha rediseñado para, atención, 2.400. El Ayuntamiento cambia de opinión y advierte, que ya no quiere que sea solo un centro para la creación escénica, sino que albergue más usos: la banda municipal, una biblioteca de creación...

Y mientras, la constructora, Amenabar, reclama más financiación para un Presupuesto que ya ha escalado de los 6,4 millones a los 7,5. Con ese escenario, a finales 2016, Diputación y Ayuntamiento deciden que Lekuona, dos años después del primer convenio, ya no será una «fábrica» de artes escénicas. No solo eso. Ante las divergencias entre instituciones y constructora, el contrato se rescinde con la intención de reformularlo.

Todo podría parecer fruto de las clásicas negociaciones que entraña una obra pública, si no fuera porque la Diputación admite que ya ha abonado el 60% del Presupuesto. Es decir, al menos más de 3 millones de euros, lo que convierten en la actualidad al edificio, abandonado, en la mejor performance que ha acogido Gipuzkoa en años.

Hace unas semanas se publicaba una encuesta en la que se advertía que una parte importante de la población estaría dispuesta a pagar más impuestos si contribuyese a la sociedad. Quizá después de leer estas líneas, ese ejército de voluntarios empiece a llenarse de desertores.

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