Susana Soto: «El reto gigantesco es lograr que elpúblico local venga a visitarnos»

Susana Soto, en el área de San Telmo dedicada a acoger la exposición permanente del museo./
Susana Soto, en el área de San Telmo dedicada a acoger la exposición permanente del museo.

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.

Directora del museo de San Telmo, el más antiguo de Euskadi, desde hace doce años, Susana Soto (Donostia, 1960) afronta el reto de atraer al centro al público local. Después de un 2016 marcado por la Capitalidad Cultural y a un mes de cumplir seis años desde la reapertura del centro, la responsable del museo donostiarra considera suficiente el presupuesto de 4,4 millones, pero cree necesaria una mayor inversión en la adquisición de obras para los fondos. De esta cifra, que incluye el destinado a personal, a gasto corriente y a adquisiciones, 1.096.000 euros corresponden a subvenciones, tanto de Diputación como del Gobierno Vasco, y a ingresos propios vía venta de entradas.

-A casi seis años de la reapertura de San Telmo, ¿en qué momento se encuentra el museo?

-Asentándose cada vez más en la línea que tenía marcada inicialmente. Además, siempre revisándonos a nosotros mismos, pero básicamente, en un período de consolidación. El momento es bueno tras superar todas las incertidumbres iniciales y ahora se establecen programas y relaciones nacionales e internacionales.

-Precisamente, Miguel Zugaza comentaba esta semana su voluntad de estrechar relaciones entre el Bellas Artes de Bilbao y el resto de los museos vascos.

-Miguel Zugaza siempre ha sido un apoyo importante para San Telmo, ha venido muchas veces como visitante anónimo los fines de semana. Los lazos entre El Prado y San Telmo siempre han sido muy estrechos, tanto en lo que se refiere a la gestión de sus fondos que tenemos aquí, como en la política de préstamos. Con Javier Viar también hemos tenido un apoyo muy importante en préstamos, asesoramiento y proyectos compartidos. Y Miguel parece que viene con nuevas energías.

-San Telmo se define como museo de sociedad y ciudadanía. ¿Qué significa eso?

-Son museos que se crearon fundamentalmente en Europa y Canadá a principios del siglo XX y han recopilado colecciones de etnografía, bellas artes, armas... de todo. Respondían a momentos en que nuestras sociedades estaban transformándose tras la primera industrialización y pasan de ser rurales a urbanas. Hasta mediados del siglo XX estos museos aguantan bien pero luego empiezan a morir en ellos mismos. Ahí es donde surge el término «modelo de sociedad». Se trata de explicar a través del patrimonio de estos centros las sociedades que los han creado. Son museos con patrimonio muy ricos, muy multidisciplinares y con amplísimos ámbitos de actuación.

-En el caso de San Telmo, que abarca arqueología, etnografía, fotografía, bellas artes, ¿contribuye esta dispersión a difuminar su perfil?

-Siempre es más fácil perfilar un museo que sólo se dedica a un ámbito, pero es que nuestro museo no responde a eso y supondría forzar una situación porque las colecciones son absolutamente multidisciplinares y optar por una sola de las disciplinas no sería justo con el patrimonio que conservamos. Por otro lado, somos el museo de la ciudad, con lo cual tenemos un compromiso de respuesta en todos los ámbitos en los que trabajamos. Finalmente, esa redefinición de nuestros museos nos lleva a estar preocupados por todo lo que genera la sociedad en la que vivimos. Somos museos bastante enciclopédicos, muy importantes para conocer la globalidad de la cultura de un pueblo. San Telmo gusta muchísimo para la gente que viene de fuera porque entienden la sociedad vasca.

-¿Cuesta más explicar al público local la coherencia de la línea programática?

-No creo que se cuestione la línea expositiva. Lo que le cuesta más al público local es incorporar la visita entre sus hábitos culturales. Es algo sorprendente porque cuando estás con visitantes locales siempre te explican que han venido para acompañar a alguna visita de fuera y se quedan sorprendidos. Ése es un reto gigantesco que tenemos los museos: cómo conseguimos que el público de nuestra ciudad venga a visitarnos y que nos incorpore a sus hábitos, como ir al cine o a conciertos. Hay que recordar también que San Telmo es el único espacio expositivo de la ciudad que cobra entrada. Son las muestras las que permiten al público descubrir el museo. Hoy en día mantener un museo sólo con la exposición permanente es imposible. Lo que te crea el evento son las exposiciones temporales.

-Recuerde al lector las líneas de actuación de San Telmo.

-Lo propio, la diversidad y la contemporaneidad. Son tres ejes comunes a muchos museos de sociedad. Lo propio tiene que ver con nuestro patrimonio y nuestra cultura, un eje clave y fundamental pero que tampoco permite rellenar en su totalidad la política expositiva. Nuestro patrimonio hay que inventariarlo, documentarlo y, muchas veces, restaurarlo. Son fondos que necesitan nueva relecturas. La diversidad te permite asomar la cabeza para conocer otras culturas, otras sociedades... Te permite entrar en red con otros centros. Suelen ser temas o muy patrimoniales o de interés más comtemporáneos. Y la contemporaneidad es un eje que, a su vez, atraviesa los dos anteriores porque hoy en día es casi imposible hacer una exposición de arados porque ya no existe esa pasión por la pieza en sí misma. Tenemos unos públicos a los que tienes que generar curiosidad: tienes que plantearlo como de qué forma ha evolucionado la forma de vida mediante las herramientas de trabajo. Igual expones una colección de arados, pero tendrás que hablar sobre cómo se sigue trabajando hoy en día en la agricultura. Los ejes de San Telmo están marcados y la realidad es que son muy amplios, lo cual implica una dificultad de comunicación.

-¿Qué opina de el nuevo modelo de actuación de Gordailua?

-Gordailua es una joya. Hablar de colecciones públicas de patrimonio y romper la barrera de la propiedad de las colecciones es su gran éxito y tenemos que transmitirlo, cosa que no hemos hecho. No hemos transmitido bien el valor de Gordailua, que no es un almacén, como se dice muchas veces, sino un centro de patrimonio ejemplar a nivel local, nacional e internacional. A la vez, es verdad que resulta fácil calificarlo de «almacén» y que no es fácil buscar una política de difusión porque ése no es su papel. Pero entre todos tenemos que visibilizar su papel y que sea reconocido, que ya lo es fuera de aquí.

-¿Considera suficiente el presupuesto de 4,4 millones que San Telmo tendrá este año?

-Es prácticamente el mismo que el año pasado, hemos subido 100.000 euros. En este momento, el presupuesto es suficiente para nuestra actividad. Para lo que necesitamos más es para adquisiciones. Es un ámbito clave. San Telmo estuvo bastantes años sin realizar compras y hay unas lagunas enormes en la colección de creadores artísticos guipuzcoanos.

-De estos 4,3 millones, ¿cuántos corresponden a ingresos propios?

-Unos tres millones los aporta el Ayuntamiento donostiarra, mientras que el otro millón se lo reparten entre alquileres de espacios, patronos y venta de entradas, y subvenciones -este año, 300.000 el Gobierno Vasco y 200.000 la Diputación-.

-¿Cree que deberían aumentar los ingresos propios?

-No creo que forzosamente tenga que ser uno de nuestros objetivos. Bueno, es relativo. Me parece que está muy bien que consigamos mayores ingresos, pero no a costa de cualquier cosa. Por ejemplo: el año pasado fue espléndido para la taquilla y nos generó un aumento de ingresos muy importante, pero sin someter la política expositiva o los alquileres de espacios al logro de nuevos ingresos. Hay exposiciones que sabes seguro que te van a incrementar el número de visitas y las rechazamos porque no encajan en la línea expositiva del museo.

-San Telmo recibió el año pasado 156.000 visitas, pero fue especial por la celebración de la Capitalidad. ¿Será difícil repetir cifras en 2017?

-Yo creo que sí. El público que llegaba a San Telmo el pasado año estaba educado culturalmente. Venían al museo porque habían oído hablar ya de 'Tratados de Paz'. La mayoría era extranjero, se incrementó una barbaridad, mientras que el local se mantuvo parecido. El análisis que hago es que venía movido por la Capitalidad. En lo que llevamos de 2017, no percibimos ese público que el año pasado sí se dejó ver desde enero y febrero. Supongo que en 2017 volveremos a nuestras cifras habituales, en torno a 125.000 visitantes.

-El libro de visitas recogió muchas opiniones críticas con el comisariado de 'Tratados de Paz'.

-A ver, 'Tratados de Paz' era un proyecto complicado y complejo, y como siempre, los niveles de lectura son distintos. A mí me parece que en San Telmo te podías encontrar piezas que seguro que no volvías a ver nunca.

-Pero resultó controvertida...

-Pedro G. Romero hace siempre exposiciones en las que todas las piezas se colocan al servicio de un discurso previo y puedes estar o no de acuerdo. No son exposiciones fáciles. A nosotros nos funcionaba muy bien la visita guiada. En este caso, más allá del discurso, la calidad de las piezas era sin duda muy importante.

-¿Qué le gustaría mejorar de San Telmo?

-Uno de los objetivos para los próximos años es conseguir una vinculación con los centros educativos y que el produzco que se ofrece genere experiencias en los chavales. No queremos que los jóvenes sientan el museo como un territorio extraño, ni como un lugar al que solamente van para dar una clase, como podrían darla en otro lado. Queremos que la visita sea una experiencia que se les quede grabada para toda la vida. Observamos que vienen muchos grupos de Iparralde, en edades en las que en Donostia se mueven muy poco porque tienen unas cargas lectivas gigantescas. Ahí tenemos un gran reto, en trabajar con los centros educativos. Se trata de crear futuros visitantes y usuarios, y nos afecta a nosotros, pero también tanto al teatro y al cine, porque cada vez vemos que muchas áreas culturales tienen un público maduro. Hay que cambiar esa dinámica.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos